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Por la inundación, una maestra rural va a dar clases en tractor a las casas de sus alumnos

30|09|17 20:25 hs.

Los parajes de General Villegas comiezan a desaparecer, pero lo que no se va es la fuerza y la convicción de las maestras rurales que no quieren dejar a sus alumnos. Daniela Canale es la directora y única maestra de la Escuela N° 29 del Paraje la Belita, hace veinte meses que su escuela está bajo las aguas, pero ella decidió salir en tractor a recorrer las casas de sus cinco alumnos para continuar dándoles clases. 


La escuela, como gran parte del partido de Villegas está bajo agua. Hace casi dos años que la realidad acá cambió la vida de muchos. El Paraje La Belita está a 50 kilómetros de la ciudad cabecera General Villegas, entre una y otro hay un océano de agua dulce y barro que traslada la desesperanza. La Escuela es como una isla, flota en una pampa inundada. 

Hace veinte meses que su escuela está bajo las aguas, pero ella decidió salir en tractor a recorrer las casas de sus cinco alumnos para continuar dándoles clases. 


Daniela Canale pensó mil posibilidades para que sus cinco alumnos no perdieran clases, hasta que comprendió que debía partir de ella la solución. “La escuela quedó aislada, los chicos no podían llegar por el estado de los caminos, asi que la escuela está cerrada, abandonada, con los pastos altos pero las ganas de enseñar y de aprender están intactas”, comenta Daniela. 

El año pasado, cuando ya la escuela estaba con agua, recurrió a la creatividad, les comenzó a dar clases a sus alumnos por Skype y aprovechando algún viaje de algún tractor, les enviaba a la tarea. Sus alumnos se dividen en, dos que cursan el segundo grado, uno el tercero y otro, sexto. 


El tractor es una suerte de escuela itinerante


Este año el agua, lejos de retroceder, avanzó y lo sigue haciendo así que la quimera de regresar a la escuela se volvió inalcanzable. No hay mucho por hacer, pero la convicción y el amor por el trabajo a la docencia son más fuertes que el cambio climático. “El nene que cursa tercer grado, por diversas circunstancias de salud de sus familiares, no fue nunca regular en su asistencia a clases y recién ahora está aprendiendo a leer, por lo que al no poder llegar a la escuela se iba a dificultar ese proceso pero yo le prometí al nene que vamos a terminar el año leyendo”, detalla Daniela. La promesa fue movilizadora. 

El tractor es una suerte de escuela itinerante. El saber va junto al estridente ruido del viejo Jhon Deere y de esta manera los cinco alumnos pueden seguir con su ciclo lectivo


Así fue que decidió agarrar el toro por sus astas: vio que había un tractor, le pidió ayuda a un gaucho y ahora es ella quien recorre los caminos hechos arroyos para llegar hasta la casa de sus alumnos para continuar dándoles clases.

Daniela a veces no va sola. Algunos días concurre junto a colegas que se enganchan en la aventura de hacer patria en este rincón olvidado del país.


Daniela a veces no va sola. Algunos días concurre junto a colegas que se enganchan en la aventura de hacer patria en este rincón olvidado del país. La profesora de ingles o de educación física la acompañan. “Un día voy a una casa, donde se reúnen 3 de mis alumnos; y al día siguiente voy a otra casa donde se reúnen los otros dos y si vieran la alegría con la que me esperan!, como no hay pizarrón todos trabajamos alrededor de una mesa, y cuando viajo con el profe de Educación Física llevamos las pelotas y los conitos para la clase”, la maestra rural debe también modificar el plan de estudios ante este escenario nuevo y de emergencia. 



Pocas cosas son tan valorables como la convicción de pretender mejorar el mundo y hacerlo. Los límites de la política son cortos y mediocres. Por suerte para este gente, no llegan por acá funcionarios que prometan y hablen sin conocer. Llega la maestra Daniela, baja del tractor y con una sonrisa y los libros bajo el brazo les enseña a sus alumnos, a los que quiere como a hijos. 

“Si pudiera volver a elegir, volvería a elegir la docencia como profesión, y en especial, ser maestra rural”, concluye. Es un ejemplo. (ElFederal.com.ar)