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Sociales

Ana y Elsa Gundesen

Alto viaje

01|10|17 12:04 hs.

Durante dos meses, las hermanas Elsa y Ana Gundesen recorrieron parte del norte argentino, del altiplano boliviano y de la selva, y el Alto Perú. Gran parte del recorrido lo hicieron en el motorhome de un peruano con quien se asociaron para abaratar costos. En varios pueblos que estuvieron eran las únicas turistas y lograron un profundo intercambio cultural. "Esta experiencia nos dejó la claridad que así queremos viajar: todo el tiempo hablando con la gente", dicen. 

El espíritu del viaje que hicieron las hermanas Gundesen queda expuesto en el par de días que estuvieron recorriendo Pisco. Hace 10 años, la ciudad peruana sufrió un fuerte terremoto y las consecuencias todavía están a la vista. Sin ayuda estatal la reconstrucción casi parece no haber empezado aún. 


En el Salar de Uyuni -Bolivia- junto a una chilena y un inglés


Así se los explicó José, el taxista que contrataron para que fuera su guía durante la estadía ahí. "Era más caro contratarlo a él que ir con un tour, pero las dos preferimos hacer la recorrida con José porque después de escuchar su historia entendimos que era una manera de darle una mano. Su casa se derrumbó durante el terremoto, y en una década apenas pudo levantar su dormitorio. Alquila el auto para hacer los paseos y ganarse la vida", cuenta Ana.

 "El viaje fue un aprendizaje en todo sentido. Hablamos mucho con las personas", agrega Elsa. Además de haberse impactado por los paisajes y los lugares que visitaron, las hermanas tuvieron un profundo intercambio cultural a partir del contacto con la gente que potenció el resultado del viaje. 


El motorhome y las hermanas observando una cascada en la montaña Verónica, en el camino desde Valle Sagrado a Quillabamba, en Perú (comienzo de la selva)


Viaje compartido 
Hacía tiempo que Ana (62) tenía ganas de conocer Perú, y sabía que el momento era ahora: jubilada y con los hijos grandes, podía disponer de dos meses para ella. Pero ninguno de los tours que le ofrecían la convencían. Entonces escuchó el consejo de su hermana Elsa (65) y comenzó a buscar en sitios web para viajeros un compañero/a de viaje. Así dio con César, un peruano que estaba recorriendo la Argentina en su motorhome y necesitaba conseguir a alguien interesado en ir a Perú y así compartir los gastos. 

 "Cuando le escribí, él estaba en Gualeguaychú, y se vino para acá. Estuvo 15 días en Tres Arroyos, tiempo que nos sirvió para conocerlo y darnos cuenta que era una buena persona", dice Ana. Esas dos semanas también fueron fundamentales para convencerla a Elsa que se sumara a la excursión. "En principio ella no iba a venir, y la verdad es que fue una experiencia fabulosa que hubiera venido ella. 'Estoy feliz que estés con nosotros', le decía todos los días. Había que sortear muchos inconvenientes y entre las dos nos reíamos bastante", cuenta Ana. 


Las hermanas bailando con los lugareños en una fiesta popular en el pueblo peruano de Quinua. Eran las dos únicas turistas que había


"Siempre nos llevamos bien. Y en el viaje, mejor. Siempre estuvimos de acuerdo en todo, hasta en pelearlo a César", agrega entre risas. "Pobre César, decía: 'estas dinamarquesas son bravas'", se suma Elsa. 

 El otro punto clave para que las Gundesen viajaran con el peruano, es que su intención era evitar las ciudades grandes y pasar por pueblos y poblados chicos. En el debe quedaba el equipamiento de la camioneta, "que era muy artesanal", pero Ana y Elsa eso lo solucionaron después de algunos días de travesía optando por dormir en hostels. 

"Lo que más nos afectaba era la falta de calefacción. En La Quiaca, en una noche con 10 grados bajo cero, Elsa se descompuso. Así que a partir de ahí dejamos de dormir en la camper", indica la menor de las hermanas. 


Las fumarolas y un lago durante la excursión desde Tupiza al salar Uyuni


Tras recorrer parte del norte argentino durante 15 días, los tres viajantes cruzaron a Bolivia y llegaron a Tupiza. "Ahí nosotras hicimos una excursión de cuatro días hasta la montaña. Hay aguas termales, fumarolas y culmina en el Salar de Uyuni", describe Ana. "Esa fue la primera excursión y fue impactante. Pasamos los 5000 metros de altura, dormimos en la casa de los lugareños, eran construcciones muy básicas pero preparadas para recibir turistas. El recorrido lo hacés en camionetas 4x4 y a nosotros nos tocó con una chilena y un inglés. El viaje es impresionante y el cierre más, porque terminás llegando a la madrugada al salar", aporta Elsa. 

"Nos bañamos en las termas, rodeadas de nieve, y el último día dormimos en un hotel de sal. Impactante", asegura Ana. 

Luego siguió Potosí, Oruro, Copacabana y La Paz. "No sabíamos mucho de la cultura boliviana, que había cultura preincaica, y que los Incas vienen de una rama de la cultura de Tiahuanaco. Eso nos impactó, porque la arquitectura que tenían era impresionante", dice Ana. 



"Bolivia nos pegó fuerte. El lago Titicaca, las islas del Sol y de la Luna. Copacabana, la localidad ribereña del lago... En cada lugar donde estás hay cultura y todos los lugares tienen un sitio arqueológico. Es fascinante", se suma Elsa. En Copacabana, César cumplió 59 años y lo festejaron con un almuerzo a orillas del Titicaca. 

Llegó el momento de cruzar a Perú, a la ciudad de Puno. Y empezaron a desandar el camino a Machu Picchu. "Para ir hicimos la excursión de la Hidroeléctrica hasta Aguas Calientes. Es una excursión que se hace caminando, y la realizan los jóvenes. Son tres horas caminando. Fue muy bello", cuenta Ana. 

"Y arribar a Aguas Calientes impresiona. Es un pueblito metido allá arriba, un lugar casi imposible de llegar. De ahí te tomás el micro hasta la ciudadela de Machu Picchu. La ciudad de Cuzco también es impresionante", dice Elsa. 


Las fumarolas y un lago durante la excursión desde Tupiza al salar Uyuni


La selva 
Ana tenía dos grandes deseos para el viaje, conocer las Líneas de Nazca y la selva peruana. El primero no lo pudo cumplir por cómo se fue dando el itinerario, el segundo sí. "Casi no van turistas a la selva porque es una zona que ha sido muy castigada por Sendero Luminoso, el grupo terrorista. Pero nosotros fuimos. Así llegamos primero a Pichari, empezamos a averiguar por información turística y terminamos en la casa de una chica amorosa que nos consiguió una camioneta de la municipalidad y un chofer para que recorriéramos. Ella estaba feliz porque éramos las primeras turistas que veía y nos llevaron a hacer el paseo gratis. Es un recorrido que están organizando para explotarlo turísticamente", explica Elsa.

 "Fue un paseo maravilloso, nos pasamos todo el día con ella, su hijo y un sobrino", agrega Ana. "Nos llevaron a conocer una comunidad nativa de la selva que tiene aguas termales. Los pobladores no te dirigen la palabra, ni te miran, estaban vestidos con unas túnicas marrones de la época de los franciscanos. Fue muy interesante", completa. 

Tras siete días en la selva, las hermanas viajaron a la altura. "En menos de cinco horas pasamos de estar a 500 metros a 3300. Nos llevaron en una camioneta que iba muy rápido, en un camino sinuoso y en pésimo estado", describe Elsa. El resultado fue la descompostura de Ana, que debió estar cuatro horas internada con suero.

 "La casualidad quiso que me pasara eso en Quinua, en el distrito de Ayacucho, donde se hizo la batalla, entonces hay un obelisco que conmemora al general San Martín. De solo saber que sos argentina, te quieren y te cuidan, porque San Martín fue su libertador", cuenta Ana. 



Llegaron a Huamanga, la ciudad de las iglesias, luego a Ica, después a Pisco y finalmente a Lima. "Recorrimos la capital peruana y aprovechamos para ir a conocer la casa de César, que llegó con nosotros hasta la selva, ahí nos separamos. El vive en Punta Negra, a kilómetros de Lima, es una localidad balnearia. Y un par de días después nos tomamos el avión de vuelta", cuenta Elsa. 

Durante toda la travesía hubo un denominador común: la amabilidad de la gente en cada pueblito. "Donde nosotras nos sentábamos en una plaza, se nos acercaban a hablar. Entonces pudimos hacer un intercambio cultural muy importante", coinciden. Así, en Quinua fueron invitadas a participar de una fiesta popular, en la que como eran las únicas turistas, los lugareños las sacaron a bailar. 

El viaje duró 61 días: salieron el 29 de junio y regresaron el 29 de agosto. "De todos lados y de todas las situaciones sacamos cosas positivas. Fue un gran aprendizaje. Y esta experiencia nos dejó la claridad de saber que así queremos viajar. Es la forma que nos gusta, todo el tiempo hablando con la gente", asegura Ana.

 "Y ya estamos planificando el próximo viaje. Al que vamos a sumar a nuestra hermana Sara", se entusiasma Elsa. 

"Estamos en una etapa en que decidimos no trabajar tanto, tenemos una heladería en Reta -Nesser- que abrimos en la temporada, y ganar en calidad de vida", agregan las hermanas viajeras.

 "Hay muchas cosas que no pudimos contar", se despiden entre risas. 



 Helados de Catamarca 
Una de las más lindas experiencias que les dejó el viaje a Ana y a Elsa fue en Icaño, un muy lindo pueblito catamarqueño. "César quería pasar por Catamarca porque tenía que ir a buscar a su perra. La tuvo que dejar ahí con unos acampantes que había conocido porque no la puedo entrar a Chile. Y eso hizo que conociéramos a unas personas maravillosas que le cuidaron a su 'Chola'", cuenta Ana.

 "Fue muy emotivo el momento del reencuentro. Cuando él la llamó, la perra vino corriendo y no paraba de saltar. Fue algo muy hermoso", aporta Elsa. Las hermanas se hicieron muy amigas de un matrimonio del lugar, que si bien de profesión son médicos, tienen una heladería artesanal en el pueblo. 

"Hacen lo mismo que nosotras, así que se generó una muy linda relación", explica Elsa. Esto tiene que ver con que Elsa y Ana son las propietarias de Nesser, el emprendimiento especializado en helados y postres daneses, que abre en Reta durante la temporada, pero en sus inicios estuvo en Claromecó y también acá en Tres Arroyos. 

Odebrecht en la selva 
Una de las cuestiones que más les llamó la atención a las hermanas durante la semana que estuvieron en la selva peruana fue el continuo paso de helicópteros, las trincheras al costado de los caminos -usadas entre los 80 y los 90 por los terroristas de Sendero Luminoso- y una fábrica de Odebrecht que lucía impecable, pero estaba cerrada.

"Uno de los pueblos que visitamos en la selva es Palma Real, es una zona de yacimientos gasíferos, y paramos en un hostel muy lindo, casi nuevo. Pero nos llamó la atención que no había casi turistas. El tema fue que Odebrecht abrió y se instalaron ingenieros y obreros, entonces los dueños del hostel sacaron un crédito y lo pusieron muy bien", cuenta Ana. "Pero de un día para el otro la planta cerró y no quedó nadie. Lo llamativo es que la fábrica está intacta, de afuera se ven las máquinas, las herramientas guardadas en forma prolija. Es impactante", agrega.