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Sir Mo Farah

01|10|17 11:28 hs.

Por Pablo Tano (*)


Miles de refugiados cruzan el océano en balsas y botes precarios desde hace años. Embarcaciones abarrotadas de cuerpos que sólo buscan escapar de la hambruna que azota sus tierras producto de guerras civiles y persecuciones políticas. Familias enteras. Madres con sus hijos en brazos de tan sólo meses de vida. La imagen se repite y cada vez son más los que mueren en el intento. Y eso es lo que más duele. 

Mohammed, de 8 años, tiene un hermano gemelo de nombre Hassan. Ambos debieron huir de su tierra natal, Mogadishu, en Somalia, y quedar al cuidado de sus abuelos en Djibouti, donde la Guerra Civil no castigaba tanto. Sus padres emigraron hacia Inglaterra en busca de un mejor porvenir y más tarde el atleta se unió a su familia. 

En 1992, Londres fue la ciudad que cobijó, primero, a su padre, donde comenzó a trabajar en el Aeropuerto de Heathrow, y un año después, se estableció toda la familia Farah menos su hermano, que contrajo una enfermedad y debió quedarse en su país. A los pocos meses, la familia regresó a Somalia para encontrarlo pero no lograron dar con el paradero del pequeño, ya que había sido rescatado por otros parientes que se lo habían llevado consigo a un lugar incierto y desconocido lejos del conflicto social y económico. 

El bicampeón olímpico en los 10.000 metros no sabía una palabra en inglés. Su primo fue de vital ayuda para intentar hilvanar los primeros vocablos. Con esfuerzo y dedicación, algunas frases clave como "¿dónde está el baño?, "disculpe" y "vamos, entonces", fueron el inicio para comprender un idioma nuevo y adaptarse a una cultura distinta y compleja. 


Llegó a la cima del atletismo mundial


El cuerpo en movimiento 
El Feltham Community College fue la escuela testigo de sus inicios en esto de poner el cuerpo en movimiento. Mo enseguida demostró dotes naturales para pruebas de atletismo, en especialidad con la jabalina, y como futbolista. Su velocidad y destreza sorprendieron a su profesor de Educación Física, Alan Watkinson, quien lo estimuló para empezar a correr. 

El tiempo atestiguó el progreso de Farah a cada paso. Los reiterados éxitos como campeón juvenil británico de cross country entre colegios y subcampeón europeo junior en la misma modalidad -el primero con su doble nacionalidad- lo fueron transformando en el mejor proyecto del Reino Unido como corredor de elite de mediofondo. 

En 2006, rompe con los récords y pasa a la historia al registrar en los 5000 metros tan sólo 13m09s40. "Cuando vi a los keniatas, realmente me hicieron abrir los ojos, porque era como si estos son los corredores con los que voy a competir, entonces debía entrenar más duro. Desde 2005, senté cabeza y comí, dormí y entrené. Eso es todo lo que hice desde entonces", confesaba. Tres años antes de establecer esa marca, Mo regresó a su país natal para encontrar a su hermano. "Fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida", destaca en cada entrevista donde le preguntan qué significó para él haberse reencontrado con Hassan después de una década. Una herida abierta por años se cerraba. Era el incentivo que le faltaba para terminar de explotar todas sus condiciones y potenciarlas. 

La multinacional Nike ya lo había seducido y lo apoyaría hasta la actualidad. Con el objetivo de bajar sus registros en cada nueva competencia, el hombre que se preparaba para Londres 2012, donde tendría el apoyo de 75.000 espectadores locales, se encontraba desde hacía un año radicado con su familia en Oregon, Estados Unidos. Con un flamante entrenador como el cubano Alberto Salazar, quien lideraba un proyecto deportivo respaldado por la empresa, y cuestionado en varias ocasiones por sus métodos extremos de entrenamiento y por los supuestos casos de doping que siempre rozaron a sus atletas, pero nunca se confirmó nada.  

Baño dorado 
La cita olímpica lo elevaría hasta la cima del deporte mundial. Pero un poco antes, en el Europeo de Barcelona 2010, conquistaba la medalla dorada en 5000, en 2011 se convertía en campeón mundial en la misma distancia y segundo en 10.000. Y como no podía ser de otra forma, la intensa y planificada preparación, con muchas semanas alejado de su familia, en aislados campos de entrenamiento, un método controvertido como la crioterapia (tratamientos de piel a temperaturas muy bajas) para reducir los tiempos de recuperación muscular y mejorar la circulación, darían sus frutos en los Juegos Olímpicos. 

Dos medallas doradas (en 5000 también quebró el récord mundial) ante su público. Instante sublime, soñado. "Ese momento fue lo mejor que me pasó en la vida. Cambió mi vida por completo; ganar significó mucho para mí. Y que hubiera 75.000 personas gritando tu nombre y alentándote, no podría haber algo mejor", reconocía luego de subirse al primer lugar del podio.

La despedida de las pistas se dio de la mejor manera. En la Diamond League de Zurich, desarrollada en agosto pasado, donde conquistó la presea dorada con un tiempo de 13m6s. A los 34 años, ése fue el último adiós de Farah al sueño rojizo para pasar a incursionar en una especialidad distinta: 42,194 km. Y todo indica que su debut en la modalidad será nada menos que en el Maratón de Londres 2018. Pero antes se tomará unas merecidas vacaciones junto a su mujer, Tania Niell, y sus hijos Amani, Aisha, Rhianna y Hussein Mo.

 Y pensar que aquel niño obligado al destierro, nacido en un país tan frágil y vulnerable, que soñaba con ser futbolista del Arsenal inglés, y revelara su fanatismo por el español Césc Fábregas -tiene como regalo el brazalete de capitán del ex mediocampista del Barcelona-, iba a sellar un profundo legado como atleta de fondo. 


Mohammed Fara con su esposa Tania y sus hijos. Fue un niño obligado al destierro.


Contra las políticas de Trump 
"Donald Trump me ha convertido en un extranjero", protestó el galardonado atleta al conocer el anuncio del presidente de los Estados Unidos, en febrero pasado, de restringir de manera temporaria las políticas migratorias de siete países musulmanes. 

 Y continuó su catarsis en su cuenta oficial de Facebook: "Soy ciudadano británico y he vivido en Estados Unidos durante los últimos seis años: he trabajado duro, he contribuido a la sociedad, he pagado los impuestos y he traído a nuestros cuatro hijos al lugar que ahora llaman casa. Ahora, a mí y a muchos otros nos han dicho que no somos bienvenidos. Tengo profundos problemas para explicarles a mis hijos que ahora papá no es bienvenido en su casa, para explicar por qué el presidente ha introducido una política que procede de la ignorancia y los prejuicios". 

(*) Periodista oriundo de Tres Arroyos. Reside en la capital federal