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Emprendedor

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08|10|17 12:56 hs.

"Menos mal que tomé la decisión y me animé a largarme solo", dice Luciano Costa con el diploma que le otorgó Propulsar, hace un par de semanas, en la mano. Y lo dice en serio, no es una ocurrencia. El reconocimiento que se tradujo en un premio de 60.000 pesos lo acerca cada vez más al sueño de tener la carpintería propia, uno de los objetivos que se planteó cuando decidió apostar todas las fichas a "Multimuebles Tres Arroyos", su proyecto personal.


"En el momento que me dieron el premio en Buenos Aires se me vino todo a la cabeza. Cuando empecé en el garaje de mis viejos con dos máquinas locas a hacer un par de laburos, la llegada de los trillizos, la casa, todo...", cuenta. "Siempre digo que si bien no me sobra nada, por suerte siempre he ido dando pasos para adelante. Con mucho sacrificio, porque son muchas horas las que uno le mete todos los días, y también gracias a la gente que tengo alrededor, que siempre está dispuesta a darte una mano", agrega.

El tresarroyense fue reconocido en la categoría Producción con el premio que entrega a la microempresa la fundación del banco Citi, con el apoyo de la Fundación Avina y la Fundación La Nación para quienes cuentan con un emprendimiento y un microcrédito activo en una institución de microfinanzas. En el caso de Luciano cuenta con un préstamo del FOMEPRO, que le otorgó la municipalidad.


Luciano está a un par de meses de mudarse a su propia carpintería, y es un eterno agradecido a Susana, la dueña del local que ocupa hoy en la calle Gomila por las facilidades que le dio para instalarse




El carpintero recibió el galardón de "Propulsar" por la evolución que ha tenido su emprendimiento y por la proyección que tiene en carpeta. Costa divide sus planes en tres tiempos: para el corto plazo prevé terminar de construir su taller; para el mediano plazo, su objetivo es generar mano de obra, y luego la meta es producir leña ecológica a partir de desechos de la actividad, sumándose a la economía que promueve el cuidado del ambiente a partir de usar como insumos lo que hoy es basura.

Además del dinero en efectivo, Luciano recibió una semana de capacitación a cargo de un especialista de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). "El curso estuvo orientado a educación financiera, porque es el aspecto que los emprendedores vamos dejando porque nos dedicamos a laburar", explica.

Cuestión de familia 
"Multimuebles Tres Arroyos" nació hace seis años, cuando Luciano decidió "tirarse a la pileta", como el mismo define y dejar la relación de dependencia en Retensur para dedicarse full time a su vocación carpintera. Hasta ese momento venía haciendo trabajos en el garaje de su casa y en el Centro de Formación de Profesional.  

"La carpintería me gustó siempre, los conocimientos básicos los adquirí en la Escuela Técnica, pero nunca pensé que algún día me iba a dedicar a esto", asegura. Más adelante se anotó en el CFP 401, donde durante cinco años se capacitó y tomó el impulso para largarse. En el inicio influyó muchísimo su familia. Primero porque la carpintería la armó en el garaje de sus padres. Segundo, porque el primer trabajo en serio que hizo fue el amoblamiento para el laboratorio del hermano, que es mecánico dental, y que también usaba el garaje paterno para su actividad. "Lo habíamos divido al medio, y cada uno tenía lugar", dice Luciano recordando los inicios.

Las fotos de aquel primer trabajo las publicó en Facebook y tuvo un rebote inesperado. Le empezaron a llegar pedidos. Así arrancó y no paró...

El empujón para animarse a dejar la relación de dependencia y "vivir" de su carpintería también llegó por una cuestión familiar. Su mujer Natalia quedó embarazada de trillizos y fue necesario aumentar la recaudación. "Le estábamos buscando la hermanita a Agustín, nuestro primer hijo, y nos llegaron tres", dice sonriendo. Blas, Paloma y Julieta llegaron al mundo el 17 de junio de 2012, justo el Día del Padre.

Por ese entonces, Luciano y Natalia alquilaban una casa en Las Heras y Alsina, que en la parte de atrás tenía un galpón donde el carpintero tenía su taller. Hasta que, cuando los trillizos cumplieron los dos años, al matrimonio le salió un crédito del plan Procrear y se hizo la casa propia en el barrio Santa Teresita. "Buscamos un terreno grande para poder hacer la carpintería atrás, y en esto estamos ahora. Nos mudamos hace un par de años, y el taller ya me falta muy poco para terminarlo. Para fin de año lo voy a tener listo", cuenta. 

Cumplir 
El volumen de trabajo a Luciano se le fue incrementando gracias al boca en boca. Nunca hizo publicidad, la mejor manera de venderse fue haciendo bien su tarea. "Yo siempre digo que hay que trabajar para que el cliente te vuelva a llamar para hacer algo nuevo y no para que le tengas que arreglar lo que ya le hiciste", explica el carpintero cuyo fuerte de trabajo hoy son los muebles en melamina. Aunque aclara que "hago de todo y tengo máquinas para poder trabajar en cualquier cosa". 

La gran cantidad de trabajo, que muchas veces hace que no pueda cumplir con los plazos de entrega, hace que tenga la idea firme de contratar algún ayudante. Eso será una vez que pueda instalarse en su carpintería. Desde hace un par de años trabaja en el taller de Gomila al 900 que le alquila con facilidades "Susana, a quien le estoy muy agradecido también".

Y si de futuro se trata, en carpeta tiene producir leña ecológica a partir de los desechos de su actividad. "La idea de eso es darle un fin social, ayudar a los que lo necesitan", indica.

Y en este sentido, explica: "Mi idea es poder devolver de alguna manera toda la ayuda que yo he recibido. Esa sería una buena manera. Como también estoy dispuesto a ayudar a alguien que está empezando en esto, porque también sería una manera de retribuir todo lo que recibí yo".

Cuando hace un repaso de cómo evolucionó en estos años, Luciano pone énfasis en una cuestión: la vocación. "Me gusta lo que hago, creo que ese es el punto más fuerte. Y que fue mucha la gente que estuvo dispuesta a darme una mano". Bien merecida se la tiene. 

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Detrás de todo gran emprendedor hay una... 

Luciano tiene muchísimo trabajo en la carpintería, y la cantidad de horas que le dedica por día a su emprendimiento explica buena parte de su buen momento. Pero Natalia, su mujer, es tan responsable como él de que eso sea así. Fue ella, con ayuda de las familias de ambos, quien se hizo cargo de la crianza de Blas, Paloma y Julieta, los trillizos que ya tienen cinco años; a los que hay que sumarle a Agustín, que hoy tiene 11. 


Luciano y Natalia junto a sus hijos: los trillizos, Blas, Paloma y Julieta, y Agustín


Luciano habla con mucho orgullo de sus cuatro hijos, y por sobre todo, de Natalia. "Cuando llegaron los 'trilli' ella tuvo que dejar de trabajar para atenderlos y para que yo pudiera enfocarme con todo en el emprendimiento y así generar un ingreso mayor", explica.

"Que los chicos estén bien es mérito de mi señora. Y también tiene mucho peso la ayuda de las dos familias, que siempre nos dieron una mano con los chicos y también con mi emprendimiento", cuenta Luciano.

El carpintero con los ojos húmedos cuenta que "Agustín, que va a sexto grado en la Escuela 16, fue abanderado. Esas cosas te incentivan porque significa que estamos haciendo las cosas bien".

El tiempo ha pasado muy rápido para los Costa en los últimos años y Luciano casi que no puede creer que los trillizos este año terminen el jardín. "Me parece que fue ayer cuando en Bahía la enfermera me dijo que me preparara porque iba a necesitar 36 pañales por día...", recuerda con una sonrisa.