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Interés General

Una pequeña gran historia

La vida escrita por Juana

08|10|17 17:34 hs.

Juana Ofid Jerónimo quiso ser docente desde muy chica. Su madre le contó que jugaba a la maestra con palitos y troncos de árboles en el monte del campo donde vivían, cerca de De la Garma, que imaginaba como alumnos.


Juana se crió en esa zona rural junto a su hermana Laily, mayor que ella. Ambas con nombres muy extraños, de los que Juana cuenta: "Ofid es un accidente geográfico creo de la zona de Irán, toda la familia de mi madre tiene nombres muy raros, creemos que mi abuelo leía mucho", y tal vez, por qué no, de allí también su amor por las letras.

Cuando fue tiempo de asistir a la escuela primaria, la familia de Juana se trasladó a vivir a su casa de la calle La Madrid en Tres Arroyos. Comenzó a cursar sus estudios primarios y secundarios luego en el Colegio Nuestra Señora del Luján donde también hizo la carrera docente que "tanto amo", como repite una y otra vez al hablar con LA VOZ DEL PUEBLO de su profesión y de sus tiempos de estudiante.

Sentada en la mesa redonda del living de su casa de Humberto Primo 35, Juana comienza a contar historias, muchas inspiradoras de poesías y cuentos de su autoría. Hace 65 años que vive en la misma casa, del campo al barrio del Hogar de Niños El Amanecer y de allí, casada con Pepe Rivas a la misma vivienda en la que recibe a este diario con ricos caramelos que reposan tentadores adentro de una caramelera de cristal, en el centro de la mesa.

Ser docente 
Juana comenzó a dar clases particulares a los 11 años "casi jugando", dice con una sonrisa pícara. "Había una vecina italiana que le costaba ayudar a su hija en los deberes, entonces empecé con ella y nunca paré, tuve muchísimos alumnos de particular". 

Los tiempos que corrían no le permitieron estudiar lo que quería. Si la hubieran dejado seguramente hoy sería profesora de historia, pero era impensado salir de Tres Arroyos a seguir una carrera si no había algún familiar que viviera en el lugar donde se pretendía cursar que la pudiera asistir con vivienda.

Entonces, Juana decidió ser maestra, y de ello está muy agradecida a sus padres por haberlo permitido. Aunque también cree que tuvo algo de suerte, "en ese entonces había sólo hasta tercer año y mi papá me había dicho: 'no pienses que vas a estudiar afuera si no podés hacerlo acá', porque en aquel entonces había que irse a Tandil o Bahía. Justo cuando terminé tercer año tuve la suerte que incorporaron cuarto y quinto año inscripto en el Normal Mixto de Bahía Blanca, por eso antes de finalizar el ciclo básico teníamos que ir a esa ciudad sólo a dar un examen de selección en esa ciudad, fuimos varias y aprobamos".

Juana se recibió en 1952, pero no la nombraron hasta cinco años después, por esa razón en ese ínterin se fue tres años a trabajar de maestra al campo porque en ese entonces los padres en lugar de traer a sus hijos a alguna pensión para que se queden en la ciudad y así poder asistir a la escuela, llevaban para el campo a alguien que les enseñara allí. "Por eso fui a casas de familias de la misma zona en la que me había criado, conocidos de mi padre, en ese momento la única que tenía el título era yo. Enseñaba a los chicos y después los presentaba a examen en De la Garma, estuve tres años, después me volví y me casé".

De su tarea de docente particular Juana cuenta que "en una época a la gente que trabajaba en el Hospital o en la Escuela Profesional de Mujeres les pedían el certificado de sexto grado, había gente muy preparada, pero que no tenía el certificado. Entonces tuve gente grande en particular en mi casa y los presenté a dar examen en la Escuela N°3 para que obtuvieran el certificado", recuerda otro de sus trabajos favoritos.

Al año de estar casada le llegó el nombramiento que en ese momento se hacía para las localidades. Le tocó ir a Copetonas donde había familia de su esposo, así que "me consiguieron pensión y estuve allí por unos meses hasta que me trasladaron por unidad familiar".

Una vez en Tres Arroyos, Juana comenzó su carrera en la Escuela N° 12 que era rural, fue en el año 1957, antes que naciera su hija mayor. "Alquilaba alguien que me llevaba, o en iba con Pepe en una Papeprino, una motito en la que me llevaba. El trataba de arreglar los horarios de la fábrica Rossi para poder llevarme".

Luego pasó a la Escuela N° 4 y estuvo ahí durante ocho años, trabajó también en la Escuela N° 8 y luego pidió pase a la Escuela N° 1 donde "me nombraron finalmente y estuve 20 años en esa Institución".

Juana cuenta muy orgullosa que siempre la para algún alumno para saludarla y recordarle que fue su maestra. Mi hijo me dice que toda la gente que saludo o son parientes o alumnos, es que he tenido cientos y cientos de alumnos", expresa con una enorme sonrisa y un gesto elocuente que acompaña con las manos.

Pero para reforzar cada una de sus palabras agrega, "empecé con particular, en un momento tuve más de 25 alumnos todos los días y las tres divisiones de la Escuela N° 1, empecé con 7° grado área de Lengua, más de 90 alumnos por día. Tuve 30 años de trabajo y cumplo 30 de jubilada el año que viene".

Entre los alumnos que recuerda con cariño está Ricardo Ravella y su hijo Daniel. "He sido maestra del papá o de la mamá y después vienen los hijos y les doy clases a ellos. La vocación nunca se muere. Siempre agradezco a Dios y a los padres que te permiten hacer lo que es tu vocación", reitera afirmando casi como un precepto más que religioso el amor que profesa a la docencia.

La escritura 
Juana tuvo un momento de revelación, aunque siempre le gustó escribir y lo hizo durante toda su escolaridad, con la noticia que leyó en el diario LA VOZ DEL PUEBLO que "es una droga para mí", sobre la demolición del Hogar El Amanecer, lugar donde se había criado su esposo, su cuñado y sus amigos. La llenó de tristeza y dolor que volcó en una carta de lectores. 

Desde ese día no paró y cada vez que surge algo que golpea su alma, Juana toma la lapicera y dibuja letras y palabras, algunas veces rimadas y otras en prosa que comparte con los lectores de este diario.

"Le debo el gusto por la escritura a la maestra de sexto grado, la hermana Dolores, maravillosa para enseñar, para dar consejos. Ella casi todos los días nos pedía lo que se llamaba antes 'composición'. Antes había que volar con la imaginación, o tiraba un título o ponía una lámina en el pizarrón para que podamos escribir. Hacíamos competencias y eso estimulaba mucho a la escritura".

Juana trae a su memoria aquel tiempo en el que retomó ese placer de escribir, "después dejé de hacerlo, y en 2011 me impactó tanto lo del Hogar por el que siempre tuve mucho cariño y por la gente y el grupo que conocí que fue maravilloso. Cuando vi que lo derrumbaron me movió algo, me llegó mucho y empecé a escribir. He mandado para publicar en el diario poemas para el Día de la Madre, el Día del Padre, lo que escribí de mi papá a pesar de tantos años de faltar me impactó mucho. Para el Día del Amigo, para el cumpleaños de Tres Arroyos, siempre lo mandé al diario", continúa enumerando artículos producto de su imaginación y amor por las letras.

"No elijo los temas, escribo sobre lo que siento, empiezo a volar y eso lo pongo en papel. Cuando pienso las cosas a cualquier hora de la noche las anoto, tengo al lado de mi cama una libreta y lapicera y cuando algo s eme ocurre lo anoto, registro la idea para después escribir", cuenta.

Todo lo que escribe lo tiene guardado, y confiesa que le gusta más la poesía. Está convencida que mucho de su pasión también la encontró en los miles de libros que devoró de la biblioteca Cacuri de la que siempre fue socia, casi incansablemente. Una anécdota que aparece espontáneamente la lleva a sus años de escuela secundaria, "también escribo acrósticos, hacía muchos en la escuela. En quinto año, desde el último banco donde me sentaba escribía a pedido de mis compañeras que luego se los regalaban a los chicos que les gustaban. Hice un acróstico para Magalí y para Joaquín, me falta para Gastón (sus nietos)".

Juana tiene 82 años, los cumplió el 6 de enero, "viste que divinas somos las capricornianas, me encanta haber nacido ese día", explota en una declaración de alegría por haber nacido en Reyes.

"El día de mi cumple, casi me da un ataque al corazón, el 6 de enero abro el diario y me encuentro con un escrito de Magalí, para mí no sabes lo que fue ver eso en el diario. ¡Mi nieta me había dedicado un escrito para mí!".

Juana regala alegría, buen humor, energía positiva, poesía, amor por la literatura, pasión que no se pierde nunca, que nunca muere. Juana tiene una libreta al lado de su cama en la que anota las ideas que surgen en las noches de desvelos y seguro que de ellas salen geniales poesías y sentidos escritos que se filtran sin querer o queriendo en las páginas de este diario y en las vidas de sus lectores.

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 Pepe y la familia 

"Cuando volví al barrio después de haber estado tres años trabajando de maestra en el campo ya recibida, mi hermana ya llevaba un tiempo de casada y Pepe (Rivas) era amigo de mi cuñado iba siempre a su casa de visita y ahí lo conocí. Habían estado juntos en el Hogar El Amanecer. Conocí a todo el grupo de ese entonces, siempre pasaban por la calle La Madrid", indica.

Juana se casó con Pepe en 1957, su hermana Laily lo había hecho unos años antes y cuando Juana se casó ya tenía dos sobrinos, Horacio y Nora junto a su esposo Héctor Rodríguez.

"Pepe va a hacer tres años que se fue, estuvimos casados 57 años y 5 de novios, 62 años juntos. Me acomodé sin él como se puede, aunque retrocedí un poco por un problema en una pierna, eso me quitó algo de independencia, no me puedo desenvolver sola, las chicas son un encanto y me ayudan. En Tres Arroyos viven Laura y Noemí, y Marcelo vive en Capital. Entre las chicas perdí dos criaturas, por eso algunas veces escribo sobre eso", cuenta.

Tiene tres nietos hijos de Noemí, Gastón está en La Plata, Magalí y Joaquín. "Magalí ama el Teatro, tiene la veta artística", describe.

Juana habla de su familia con enorme amor, siente que la contiene y que la aman y eso se nota en cada portarretratos, en cada decorado, en cada rincón de la casa que los vio nacer y que los hace ser la familia Rivas hace 65 años en el mismo barrio.