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Quilmes campeón

La Cerveza copó el Clausura

09|10|17 09:02 hs.

Si el fútbol es pasión, alegría, emoción y profundos sentimientos, lo vivido ayer en el Complejo de Quilmes fue una expresión futbolística en su máximo nivel... Es que la consagración del Cervecero en el Torneo Clausura, tras ganarle con autoridad a El Nacional por 2 a 0 y aprovechando el 1 a 1 de Huracán, desató un festejo puro, que nació en el corazón de cada uno de los jugadores, del cuerpo técnico, de los dirigentes y de esa gran parcialidad que invadió el campo de juego con un hermoso motivo: festejar un título. 


El equipo de Omar Espinal estuvo a la altura de todo lo que estaba en disputa: ante el Decano se jugaba una final y ante su numeroso público el gran desafío de no defraudar ni derrumbar tanta ilusión. La parada no era sencilla, por el marco y por el rival; pero motivado por ese ambiente, Quilmes salió a ser protagonista y en los primeros 5' ahogó a los de Gustavo Córdoba, generándole dos claras situaciones de peligro. 


Montaña de felicidad. Con el gol de Di Croce, Quilmes selló la victoria ante El Nacional y gritó campeón después de mucho tiempo


Para la visita, el paso de los minutos fue un aliado porque el anfitrión perdió algo de intensidad, y así pudo comenzar a pisar campo rival. Pero Quilmes, que no pudo aprovechar dos remates de Aramendi, disfrutó a los 36' de un penal a favor tras una inocente e innecesaria falta de Gutiérrez sobre Di Croce. La pena máxima la tomó su capitán, y a modo de revancha de lo sucedido ante Huracán, el Vizcacha le rompió la red a un Flores que adivinó el lugar, pero nada pudo hacer. 

El campeonato estaba más cerca, y en el complemento después de un inicio favorable para El Nacional, el Rojiblanco retomó el control. A los 19' con la expulsión de Barrionuevo, casi que se dio una definición anticipada, más allá de un cabezazo peligroso de Silva. 


Una multitud invadió el Complejo para vivir una jornada a pura fiesta


De la cancha de Argentino llegaban todo tipo de resultados hasta que el 1-1 de ese campo le tiraba toda la responsabilidad al Cervecero, que ya dependía de sí mismo. Y si bien manejaba la pelota y los tiempos, los ritmos y las situaciones, la diferencia era sólo de un gol. Pero bastó que sobre los 43' Aramendi encabezara una profunda y rápida contra, el capitán vio llegar solo por izquierda a Di Croce y le puso un pase a la cabeza. El frentazo fuerte selló el 2-0; y si bien quedaban varios minutos de juego, la fiesta de Quilmes explotó en intensidad. Las tribunas fueron un canto de felicidad; el pitazo final de Boneiro (de gran arbitraje), desató el delirio y las lágrimas. 

La gran vuelta olímpica y el festejo por las calles de la ciudad le pusieron el broche de oro a la consagración y potenció el próximo gran desafío: la final ante Huracán para conocer al campeón de la fase inicial del Torneo Oficial.