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Opinión

La UCR y su lugar en el futuro de Cambiemos

20|10|17 08:07 hs.

Por Diego M. Jiménez


Pablo Gerchunoff (historiador y economista argentino, 1944) sostiene que la Convención radical realizada en Gualeguaychú en marzo del año 2015 supuso un cambio trascendental en la historia del radicalismo. A partir de ella el partido de Yrigoyen no ocupa el rol central en una coalición gobernante, en este caso Cambiemos; tampoco participa del Ejecutivo y, afirma el intelectual, se siente cómoda en su rol parlamentario. También, sostiene, la alianza oficialista es un experimento en marcha en donde por primera vez no gobierna el país un dirigente procedente de uno de los partidos que lo han hecho en los períodos democráticos de la nación, el radicalismo y el justicialismo.

En este acuerdo la UCR aporta su estructura territorial diseminada en todo el país, sus legisladores experimentados a nivel municipal, provincial y nacional, sus intendentes y gobernadores y, especialmente, dirigentes capaces de establecer y articular acuerdos políticos sustentables, todos elementos necesarios para contrarrestar la inexperiencia del PRO, fuera de los límites de la ciudad de Buenos Aires, lo novel de muchas de sus figuras y lo advenedizo de otras. Y bien mirado, no es poca cosa.

El peligro de Cambiemos, y de la mayoría de las propuestas electorales que se escuchan en la actualidad, es que vacíen de contenido a la política a través del discurso y, lo que es más grave, en los hechos. "Hacer lo que la gente pide" y "lo que importa es la gestión", por ejemplo, son formulas vacías que constituyen una especie de populismo mediático, peligroso, sobre todo para los que menos tienen, que son los que más sufren la mala política, cuyo destino final es siempre y fatalmente la pobreza y la corrupción. Hacerlo desde el gobierno es dañoso para el futuro del país, que ya cuenta con serios problemas en todas sus áreas, que necesitan respuestas consistentes, duraderas y modernas.

La política en serio se sostiene en una cosmovisión que suponga un rumbo, anclado en una historia y que haga referencia a programas y valores precisos. Esto implica fijar prioridades y hacer docencia, porque los procesos políticos que dejaron huella han cuestionado los valores de su tiempo y combatido el sentido común, uno de los peores enemigos de la democracia verdadera.

En esta nueva etapa, la UCR debe aportar los tres ejes centrales que han fundado sus propuestas a lo largo del tiempo: su liberalismo político, su reformismo social y su heterodoxia económica. A esos ejes debe agregarle ambición, una fuerte dosis de pragmatismo, que en la buena política significa sentido de oportunidad, precisión en las políticas y una comprensión cabal de la coyuntura y del ritmo de los tiempos.


Octavio Paz (1914-1998, escritor mejicano ganador del Premio Nobel en 1990), decía que muchas respuestas a los problemas del mundo habían fracasado. Se refería en forma especial al comunismo, al "denominado socialismo real" y a las ideologías en general, pero esa circunstancia no implicaba de ninguna manera que los problemas y las preguntas a responder no fuesen las mismas: las razones de la injusticia, el problema del hambre y las cuestiones relacionadas con el desarrollo.

La experiencia de Cambiemos es interesante para la vida política del país, pero para que no sea fallida requiere, en palabras de Gerchunoff, que los radicales "digan lo suyo". La UCR debe comprender la obligación que tiene con su historia y con el país, convencerse de que su problema es la falta de liderazgo, no la caducidad de sus propuestas ni el contenido de sus puntos de vista. Debe expresarlos, luchar por ellos, manteniendo la estructura de esta alianza, donde a pesar de todo, conforma la parte más consistente. De esta manera no sólo recobrará un rol activo, que puede y merece llevar a cabo, sino también propiciará una renovación verdadera de sus dirigentes y de su estructura partidaria. Y, entonces, el liderazgo llegará solo.

Los próximos años son clave para ello, máxime cuando un triunfo electoral le puede dar a la coalición gobernante el impulso para implementar sus políticas, muchas de las cuales desconocemos o sólo intuimos. Es en esta etapa donde la UCR debe ponerse firme, disentir si es necesario, para mejorar un experimento que sin ella, puede vaciarse de contenido, reducirse a eslóganes y perjudicar aún más la vida y los sueños de los que hace más de 200 años no los tienen en la medida que se lo merecen.

Se pueden ganar elecciones con buenos asesores que organicen campañas efectivas, pero una ciudad, una provincia y un país se levantan necesariamente con políticas que tengan a las mayorías como horizonte de destino. Sin imposturas y sin marketing. Simplemente sembrando el país de realidades.