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Sociales

Carlos Lito Rasmussen

Un metalúrgico inoxidable

22|10|17 11:34 hs.

Lito terminó la cabina hace un par de días, ahora falta pintarla y que al tractor le pongan a punto el motor. En unas tres o cuatro semanas el Deutz fabricado en 1962 quedará casi 0 kilómetro y pasará a engrosar la larga lista de unidades recicladas por los Rasmussen. Lito es Carlos, el único de los cuatro hermanos que sigue dando batalla en el taller de la avenida Belgrano al 700. 


"Parece que el 'Barba' se olvidó de mí", dice entre risas este metalúrgico que con su aspecto y buena onda desmiente los 86 años que el documento dice que tiene. "Todavía sigo haciendo alguna cabina de vez en cuando y también reparando tractores. Hago poco, pero hago. Por lo general lo que traen acá son tractores antiguos que por una cuestión sentimental los quieren arreglar", cuenta. 


Una imagen del inicio del taller de los hermanos Rasmussen: con las cabinas que fabricaban y un tractor de muestra en 1952


"Hay gente que tiene un tractor que compró 0 kilómetro el abuelo o el padre y lo quiere mantener. Como pasó con este Deutz, que tenía una cabina vieja y yo le hice una nueva. En realidad, lo estamos haciendo todo a nuevo", agrega.  

1952 
Los Rasmussen empezaron hace casi 25 años con el reciclado, y para los hermanos esa actividad fue la tercera etapa dentro de la tarea con la que comenzaron en 1952, la de fabricar cabinas para tractores. Lito es uno de los cuatro hermanos que en el inicio de la década del 50 fueron "los primeros en la provincia de Buenos Aires en diseñar y construir las cabinas". 

Porque todavía hoy Carlos se define como carrocero. "A fines de los 40 con mis tres hermanos (Osvaldo, Hugo y Adolfo), que ya no están, carrozábamos camionetas, camiones, furgones. Hasta Fangio nos traía sus camionetas Mercedes desde Balcarce para que le hiciéramos las cabinas", recuerda Lito. 


El billar, la otra gran pasión de Lito. "Esta mesa se la compré al bar Yo Yo. Debe ser la única que queda acá en Tres Arroyos", dice el metalúrgico que le dedica un par de horas de su día a las carambolas


Por ese entonces el trabajo sobraba, "eran los tiempos de las posguerra, y como no había caucho, solamente se conseguían cubiertas para camionetas. Ya que se les daba prioridad porque en teoría eran para trabajar, y para los autos era imposible encontrar gomas", agrega. Esta escasez produjo que en Tres Arroyos y alrededores muchos decidieran transformar sus autos en utilitarios. 

"Convertíamos los autos en camionetas. Les cortábamos la cabina, les hacíamos la media cabina, la caja, los guardabarros, y el buen hombre conseguía ruedas". 

Massey Harris 
Entre camionetas y autos andaban los Rasmussen hasta que un día un cliente entró al taller y les pidió que fabricaran una cabina para un tractor. "Nosotros nos miramos y no reímos. A quién se le ocurre tener un tractor con cabina... Imaginate que en esa época las fábricas no los hacían con cúpula. La cuestión es que el gaucho quería proteger a su tractorista de la lluvia, de la helada y del viento. Nos trajo el tractor, era un Massey Harris rojo, una marca que ya no existe, es como si lo tuviera otra vez frente a mí... Y le hicimos la cabina nomás. Tardamos un mes, porque la tuvimos que diseñar, era algo que no se había visto nunca. Pero la fabricamos", cuenta Lito. 

Ese tractor se transformó en la sensación de la zona y a los Rasmussen les empezó a llegar una catarata de pedidos. En la década del 60 hacían un promedio de 45 cabinas por mes, y entre el 76 y el 78 llegaron a fabricar 70 unidades mensuales. Recibían pedidos de todos lados, la mayor concesionaria de tractores Fiat de la provincia les mandaba unidades todas las semanas y por intermedio de esa agencia hasta exportaron cabinas a Paraguay. 

A mediados de la década del 80 la mano empezó a cambiar. "El trabajo empezó a decaer porque los tractores comenzaron a venir con cabinas de fábrica. Y esas cúpulas eran más bonitas que las nuestras, ya eran otra cosa. Aunque no tan fuertes. En ese sentido no teníamos adversario: te asegurábamos cabina por 25 años", asegura. Ninguno de los cuatro hermanos llevó la cuenta, pero Lito arriesga que "fabricamos 10 mil cabinas". 



Es el día de hoy que no entienden cómo no invirtieron mejor las ganancias, cómo no se asesoraron para adquirir tecnología y adaptarse a los cambios que se produjeron con los años. "Al final no disfrutamos la plata y tampoco modernizamos la planta... Había meses que teníamos por cobrar 100 cabinas, nosotros no apurábamos a nadie. Y los vaivenes económicos del país hicieron el resto", se lamenta. 

Volver a empezar 
Uno de los tantos tractores que llegó al taller para que le arreglaran la cabina produjo el otro gran cambio que la empresa tuvo a partir del 93. "Le estábamos reparando el techo de la cúpula cuando el dueño nos preguntó si no se lo podíamos pintar entero. Le metimos mano a la chapa, que estaba picada, y se lo dejamos diez puntos", indica. 

Y el boca a boca hizo el resto. Con el prestigio ganado gracias al buen producto que fabricaron durante décadas, clientes de varios puntos de la provincia comenzaron a venir a Tres Arroyos para que los Rasmussen les reciclaran el tractor. 



A mi manera 
"Yo vengo al taller todos los días, incluso los domingos y los feriados. Estoy desde la siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Y quiero seguir estando acá, me quiero morir acá adentro", asegura mientras ceba mate. 

"Todos me dicen que no trabaje más. ¿Pero qué hago si no trabajo? Yo acá soy feliz, un poco trabajando y después jugando al billar, con algunos vecinos, con mi nieto, que está jugando muy bien", explica. 

"Pensá que en este taller estoy desde 1952. Yo puse la mesada, el piso, me acuerdo de cada acontecimiento que vivimos con mis hermanos acá. Esta es nuestra historia, yo me acuerdo todo lo que vivimos. Es más, sueño mucho con ellos, permanentemente. Hacé de cuenta que estoy viviendo con ellos", dice.

 "Muchos me dicen que estoy atado al pasado, yo no lo veo así, esta es mi manera de vivir y de ser feliz", insiste. Además, Lito cuenta que dentro de sus posibilidades, ha incorporado algo de tecnología a su vida. Nunca se compró un celular, en cambio sí tiene cuenta de Facebook y usa la computadora para chatear casi todos los días con su hija que vive en España.

"A veces estamos una hora escribiéndonos", cuenta. "Viene todos los fines de año", agrega. "También uso la computadora para jugar al truco, al chinchón, al tute y al pool. Y los domingos veo las carreras. Soy fanático de Chevrolet", explica. 

Lito cuenta que se siente bien, "sólo me duele un poco un brazo porque hace unos siete meses me tropecé en el taller y me caí. Pero estoy bien. Sobre todo de ánimo, que es lo más importante". Entonces larga la pava y se entusiasma: "Mirá, te voy a mostrar que estoy en internet jugando al billar", asegura. 

Y entra a YouTube y encuentra un video que subió hace algunos años un vecino en el que se lo ve haciendo varias carambolas a tres bandas. "Eso sí, hace tres años tengo cataratas, entonces como me afectan la vista, ahora pierdo con muchos a los que antes les ganaba", asegura Lito. "Tendría que operarme para volver con todo", dice antes del abrazo de despedida.