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Carta de Lectores

Psicoanálisis

Algunos destinos de la sexualidad en las parejas (IV)

07|11|17 09:00 hs.

Por Daniel Alfredo Gago (*)


Entre los destinos posibles y habituales, citamos "la perversión compartida"... Para comenzar, vamos a definir que entenderemos por "perversión" en este contexto discursivo.

En este caso "perversión" será utilizado como un significante que alude a la obtención de placer/goce (aquí no serán diferenciados ambos conceptos, sino que funcionarán articulados) de parte de la pareja, como consecuencia de una degradación/peyorizacion/manipulación/maltrato... de un tercero.

Es decir, que la pareja encontrará una manera de goce sexual compartido, ocasionando daños a un tercero.

Este "tercero", este "otro" incluido en la relación como objeto menospreciado, dañable, será quien posibilitará el goce sexual a la pareja.

Puede tener distintas modalidades, desde los casos policiales y mediáticos de abuso de menores, castigo de ancianos, reducciones a servidumbre e innumerables casos desarrollados en los medios, hasta prácticas fraudulentas, producción de conflictos en otras parejas, daños a la propiedad, producción de habladurías y diversas practicas compartidas donde un tercero aparezca como "objeto a dañar", siendo ese "daño" el productor del placer compartido por la pareja.

Al igual que el perverso singular, la pareja perversa no concurrirá a consultar a un analista por sus prácticas, dado que ellas no le generaran ningún tipo de angustia. Quienes sufrirán en forma angustiante sus prácticas, serán aquellos que resulten victimizados, objetos utilizados para obtener placer. 

En ese lugar pueden quedar cualquiera de los integrantes de sus vínculos habituales, como sus hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, terceros contractuales...

La angustia, queda entonces desplazada, depositada, cercada, en el lugar de la víctima. Esto produce compartimientos estancos... por un lado, las posiciones del goce/placer que quedan del lado de la pareja-cómplice y del otro lado el lugar del sufrimiento angustiado que queda en el lugar del objeto victimizado.

Para mantener esta economía, es imprescindible la presencia constante de un objeto victimizado, dado que el riesgo en caso contrario es que la angustia se manifieste en el vínculo de la pareja y eso es lo único prohibido, imposible de tolerar.

La pareja en cuestión, fuga de la angustia que compone estructuralmente la relación vincular, depositándola en un tercero al que hacen receptáculo de ésta.

Esa se podría decir, como una aproximación simplificada, es la estructura de la pareja que se sostiene en una "perversión compartida".

 (*) Licenciado en psicología (UNMDP). Matricula provincial 40238. Analista vincular (AAPPG)