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Sociales

En la Fundación Campano

Se viene la noche de casamiento, mujeres increíbles suben a escena

07|11|17 22:19 hs.

Desde el ingreso de la Fundación Campano hasta la sala de conferencias hay un largo pasillo, de lejos se ve, atrás de la puerta que está abierta, a unas cuantas mujeres sentadas en ronda.


Algunas asoman la cabeza, tratando de mirar entre los rayos de sol que pegan fuerte a esa hora, quién es la persona que llega a compartir el ensayo que está por comenzar. Sin duda son celosas de su tiempo, de su espacio y no es cuestión que alguien interrumpa ese momento. 

El profesor Jorge Pereyra coordina al grupo de mujeres que forman parte del Taller de Juegos Teatrales que se lleva a cabo en la Biblioteca Campano.

LA VOZ DEL PUEBLO ingresa y se encuentra con Ana Pantuso, Nora Fiorda, Cristina Armendáriz, María Estela Rizzi, Patricia Mesaro, que están sentadas una al lado de otra en semicírculo, con los guiones de la obra que están prontas a estrenar entre sus manos. Y aunque no habían llegado todavía, también son parte del equipo Susana Sánchez y Mabel Mora.

Ni bien se "largan" a hablar, lo primero que manifiestan es que "tenemos un poco de 'chuchi'", en referencia al estreno de la obra que están ensayando a full para presentarse frente al público, por primera vez, el día 23 a las 21, en la Biblioteca Campano.

Cristina Armendáriz cuenta que "ya hemos probado el vestuario, hemos avanzado mucho, ya nos maquillamos y nos peinaron".

Preparativos y personajes 
Para el espectáculo se sumaron tres artistas: la música original estará a cargo de Andrés Mazzitelli, mientras que Héctor Somovilla hará el maquillaje y Rogelia Trenco los peinados. Además, se han tomado las fotos para las gigantografías por lo que la organización del espectáculo está bien encaminada. 

"La letra ya está, aunque nos falta algo de ensayo, por eso nos abocamos a poner más días para hacerlo", dice Nora.

El profesor del grupo explica: "Mabel Mora es la presentadora de la obra y junto a Patricia, una asistente insoportable, no están vestidas de época, el resto de las actrices se caracterizan teniendo en cuenta que la obra transcurre en los años 20. Patricia tiene un personaje que si bien está en el espectáculo, es de esta época, es una insoportable, que hace enojar mucho a la presentadora. 

Tienen poco texto guiado, pero el diálogo entre ambas es improvisación, la obra a propósito tiene errores técnicos y estas situaciones las salva esta singular asistente", expresa Pereyra.

Para Cristina, una de las fortalezas que permitieron encontrar a los personajes y hacerlos propios es que "no hemos tenido una trayectoria de ensayos tradicionales, cada una buscó al suyo valiéndose de improvisaciones. Jorge nos enriqueció con ese tipo de técnica y se nota que son estímulos que entraron en nosotros y los tratamos de poner en práctica".

El final será inesperado y seguramente provocará reacciones o de enojo o de quedarse con las ganas, algo que no pasó nunca.

El crecimiento 
 Nora, asombrada, expresa su descubrimiento, "cada día nos vamos afianzando más, pero me impactó el día que nos maquillaron y peinaron, ni mi familia me conoció. Cada una en su rol. ¡Fue increíble vernos! Ese día me fui a mi casa con una sensación, un placer, no creía que se podía lograr esto y como siempre digo. ¡A la edad nuestra..!" Todo esto, aclarando que no piensan contar sus edades y prefieren decir que son adultas mayores que "engloba a todas", dicen descargando varias carcajadas. 

La caracterización hizo que "realmente nos diéramos cuenta qué estábamos presentando, quiénes éramos nosotras", expresa Stella.

"Imaginate que yo hago de niña", destaca con una enorme sonrisa Ana, "y me quedó bárbaro el maquillaje, se logró perfecto. 

"Hacer la prueba de maquillaje hizo que pasáramos una noche mágica", insiste Nora en resaltar.

Cristina dice que "la adrenalina siempre tiene que estar, es importante", por lo que Jorge agrega: "Aunque tengas mil obras sobre el escenario, el día que no tengas más nervios, no subas más".

Pereyra aporta un dato que surge del propio entusiasmo que emana de todas las mujeres. "Pensamos hacer la obra a beneficio o hacer un pre estreno para que se afiancen antes de la presentación frente al gran público". 

La obra 
 La obra "Qué noche de casamiento", de Luisa Vehil, comprende a una familia de inmigrantes italianos y todo lo que ocurre en la casa. 

"Desde el año pasado nos preparamos y ahora lo tomamos con más ganas, lo tomamos más en serio", expresan las actrices.

En esta actividad de teatro va a ser la primera vez que se presentan en público, por eso manifiestan tener algo de "chuchi", pero del mismo modo afirman haber encontrado fortalezas y confianza cuando vieron cómo quedaban maquilladas y el acercamiento de esto a sus personajes. 

"Veo mucho entusiasmo este año, como nunca, el grupo humano es hermoso, que es lo que nos motiva -además de Jorge- a comprometernos, a responsabilizarlos y que salga la obra", señalan.

 La dirección 
Jorge Pereyra toma la palabra para describir con orgullo el grupo que está a su cargo. "Me encanta dirigirlas. Ellas, ante la primera propuesta siempre dicen que no, tienen miedo de que salga mal, sin embargo arrancan y les sale bien. Trabajamos con los personajes con la improvisación, donde actúan entre sí, aunque en la obra no lo hagan, así van generando encuentros para entrar en el personaje. Pero siempre les sale y lo hacen, entonces hay algo en ellas por lo que las admiro, el 'no' de ellas siempre es un sí".  

Es la primera vez que el profesor sólo va a dirigir, el resto del espectáculo estará en manos de los profesionales. "Andrés, que vino a un ensayo y ya tiene el libreto, sobre esa base hace la música, Héctor, que las maquilló y ya probó que le queda mejor al personaje, lo mismo que Rogelia. En el espectáculo habrá musicalizador y otra gente que se suma con muchas ganar y mucho placer", manifiesta.

Hace cinco años que se conformó el grupo, los ejercicios que parecían no tener relación o correlatividad en las clases se ven en la obra y "todo sirve", por eso Jorge Pereyra acuerda que "la paso muy bien y tengo que insistirles y dar ánimo, pero no insistir en que mejoren, porque les sale bien. Hay libertad entre lo que está en mi cabeza y lo que nos gusta hacer."

Los avances son notables y nunca dejaron de sonreír. Respecto a la nota realizada por este diario hace unos meses algo cambió, están convencidas de sus dotes actorales, de la capacidad que tienen para contar la historia que vienen ensayando hace tiempo. Son enérgicas y muy graciosas, sonríen, regalan esperanza. 

Están orgullosas de que "a su edad" puedan realizar logros artísticos, "impensados". El tiempo que les da seguridad a cada instante, la práctica que refuerza sus guiones y sirve para que la letra se luzca tan bien, como el vestuario, el maquillaje, va tomando forma escénica y descubrirla, es parte de la magia que las rodea, del halo que las cubre mientras hablan, mientras ríen y sueñan.

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 Personajes 

 En el escenario, las asistentes al espectáculo verán a una familia muy particular. El padre de la casa es viudo y muy rígido, aplica a rajatabla la disciplina, sus hijas son caprichosas y muy traviesas, al igual que el varón. Todo está monitoreado por el ama de llaves, la mano derecha del padre de familia que intenta tener a todo el mundo a raya. 

Cristina Armendáriz recrea a un muchachito, prototipo del joven de 17 años -describe Cristina-, es sinvergüenza, conoce muy bien los secretos y debilidades de sus dos hermanas y se lo pasa chusmeando de un lado para el otro, sin hacer nada". 

Estela es Eulalia, el ama de llaves de la casa que parece -según cuentan las restantes integrantes de la compañía- se quedó cuidando a las niñas del padre de familia después de su viudez y también se quedó con él, aunque esto es casi un secreto. "A Eulalia le toca lidiar con estos vagos -entusiasmada, manifiesta Estela-, tienen sus cositas, reniego mucho y ellos lo hacen renegar al papá, al que yo protejo mucho". Asume que se divierte con el personaje y con la obra, siempre "siguiendo el ritmo al profe".

Las actrices ponen a este diario en contexto y susurrando cuentan que están viendo que "Eulalia tiene algo con el padre de familia, era muy amiga de la mujer que falleció y cuando esto pasó se quedó a cargo de los niños, y del marido", explican entre risas.

Teresa hace el personaje de un "pseudo conde" que enamora a una de las chicas, pero no aparece en escena. Está en boca de los personajes. Existe, pero no está en escena.

Mabel es la relatora de la historia: "Las hijas son bastante traviesas para la época en la que se desarrolla, durante la primera inmigración, a principios del siglo 20". Ana hace la nena que se quiere casar, enamorada del conde con un padre que está totalmente en desacuerdo con eso, no acepta los novios, así que "estoy complicada, yo quiero casarme".

Nora encarna al papá, un hombre muy exigente que no quiere que sus hijas tengan novio, es un italiano.

Susana es Pocha, otra de las hijas, la más chica a la que le obsesiona ir al quiosco a ver a su quiosquero, está estudiando y es rebelde con Eulalia.