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Despejado

Carta de Lectores

Por Juan Francisco Risso

Aviones y dirigibles

26|11|17 10:08 hs.

¿Puede volar un aparato más pesado que el aire? Esa supo ser una buena pregunta. Y la respuesta solía decantarse por la vertiente de la negativa. Por su parte, los dirigibles tuvieron su cuarto de hora entre 1900 y 1930. Eran naves de lujo de alcance transoceánico. El primer vuelo de un aparato más pesado que el aire tuvo lugar en diciembre de 1903: el Flyer, de los hermanos Wilbur y Orville Wright. Hizo tres pasadas, en la mejor cubrió 260 mts. en 59 segundos. Y demostró que podía doblar para acá y para allá, remontar y aterrizar sin novedades ni daños. 


Bueno..., de hecho, ese aparato se llamaba Flyer, "Volador", nombre que anticipaba que esa cosa... volaba. Y pudo demostrarlo. Pero el desarrollo de los aviones fue extremadamente lento, y en la década del '30 aún reinaban los gigantescos zeppelines. 

Aun recuerdo la filmación del incendio y explosión del Hindemburg, algo gigantesco y aterrador. 

"Manucho" Mujica Láinez y Miguel Paulino Tato, jóvenes periodistas, debieron tomar un avión hasta Río para abordar allí el Graf Zeppelin, como invitados. Le temían al avión, más que al dirigible, pues en esos días había muerto Gardel a bordo de otro avión. Año 1935. Manucho, siempre paquete, iba por La Nación. Tato, luego censor, era entonces periodista de escándalos. Abordaron en Río -en la amarra del dirigible- recibidos por el comandante Von Schiller, "un hombre distinguido, pariente del poeta", apuntaba Manucho, siempre culto. 


Manuel Mujica Láinez


El Zeppelin brincó de Río a Pernambuco, para echar gas y seguir a Europa. Por tratarse de una escala rápida no amarró. Unos cincuenta muchachitos "de color" sostenían la soga del aeróstato. Para que el dirigible partiera tenían que soltar todos a la vez, pero tres quedaron agarrados a la soga, mientras el gigantesco dirigible ascendía rápidamente. "La tripulación les echó escalas para izarlos, pero no hubo nada que hacer. De a uno, vencidas sus fuerzas, se fueron dejando caer...", recordaría Manucho mucho después. Tras caer el tercer muchachito de color, el Zeppelin puso proa a Europa, siguiendo el programa prefijado. 


Miguel Paulino Tato


Para Manucho y Tato, que llegaron a viejos, todo ese viaje fue un recuerdo imborrable. Tuvo lugar en el '35, y lo contaron a Clarín Revista en 1978. Manucho integró luego el puñado de mejores literatos argentinos. Recuerdo muchas de sus obras. Entre ellas el prólogo de "Hasta Vietnam" el libro de Ignacio Ezcurra, también reportero de La Nación, desaparecido en Saigón, en la peor época de Saigón. Y en la zona donde le habían advertido que no entrara. Creo que luego reconocieron su cuerpo. Por el cinturón.

A diferencia de Manucho, Tato era de origen humilde. De reportero de escándalos descendió a censor. Censuraba películas. No en El Proceso, en la época de la Triple A. Dirigía un ente de calificación. Entre quienes lo detestaban -una legión, un país- Charly García se ocupó de dedicarle un tema. El hombre de la tijera, o algo así. A diferencia de Manucho, Tato no creaba: destruía. 

 Y la historia de los tres negritos se completó cuando, tardíamente, soltaron la soga. Por lo demás, los dirigibles no llegaron a imponerse.  


Por Juan Francisco Risso