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115 años junto a cada tresarroyense

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Despejado

Carta de Lectores

Por Stella Maris Gil

El regreso

26|11|17 18:50 hs.

Cuando las guerras terminan, los países beligerantes devuelven a su lugar de origen a los soldados que no quedaron desangrados y muertos en los campos de batalla. Los sobrevivientes vuelven del horror y reanudan las actividades cotidianas, contraste que tarda tiempo en ser superado o no. 


"Cuando volví de Malvinas, era un tema que no se hablaba, por eso dicen que recién después de diez años uno puede comenzar a hablarlo. Al principio lo va negando, lo va escondiendo y un día puede llegar a hablar algo, primero hay que superar el shock" (Mauricio García). 

Por eso el regreso no es tan simple, no es la secuencia de alguna película yanki, cuando "el muchachito" regresa de un largo batallar y se reencuentra con sus afectos y todo es jolgorio. No es así, hay etapas afectivas, sociales y psíquicas que hay que superar. Lo cierto es que los ex combatientes tresarroyenses de Malvinas pudieron volver a su tierra, a partir del 14 de junio de 1982, cuando las tropas británicas recuperaron el control de las islas. 

Fueron llevados en buques, aviones, colectivos, trenes hasta encontrar el abrazo fraterno, a la madre angustiada, a los hermanos y al padre; a la novia, a los amigos 


Los conscriptos que de diferentes formas llegaron a Tres Arroyos fueron: Hugo Belón, Héctor Cellerino, José Luis Gómez, Mario Ielmini, Marcelo Capriata, Mauricio García, Jorge Carrizo, José Luis Minor, Juan Luis van Waarde, Roberto Reducindo (f), Carlos Melo, Carlos Muelas, Luis Alvarado. Para ese momento, el teniente Volponi ya había encontrado la muerte en batalla.

Adiós Malvinas 
La partida de los combatientes se hizo desde Puerto Argentino, eran miles. Tuvieron que esperar su tiempo de embarque y los barcos se colmaban. Al embarcar tenían hambre y poca comida, sentían frío y había poco cobijo. La Patagonia ofreció varios destinos, pues no llegaron directamente a los cuarteles del arma al que pertenecían: aire, mar o tierra. 

Fueron llevados en buques, aviones, colectivos, trenes hasta encontrar el abrazo fraterno, a la madre angustiada, a los hermanos y al padre; a la novia, a los amigos. Puerto Madryn fue uno de los lugares de desembarco de los prisioneros de guerra y heridos . El primero fue el buque inglés Camberra que no traía tresarroyenses.

"Al momento del desembarco , nos hicieron la despedida. Recuerdo que al llegar al muelle de Madryn la tropa inglesa nos hizo formar y lo mismo hicieron ellos. Como soldados que éramos, con un apretón de manos". (Pastor 2017). Los jóvenes héroes, principalmente conscriptos, al desembarcar fueron subidos en camiones y llevados a los galpones de Lahucen, para esperar su ubicación en los aviones que los llevarían a la compañía a la que pertenecían. La Cruz Roja Internacional marcaba los pasos del regreso. Por eso en Madryn hay una frase que testimonia lo ocurrido: "El día que Madryn se quedó sin pan". 

Y ahí se ve lo valioso de la gente patagónica. Se acercaron para llevarles algún alimento o abrigo, los cuidaron, y ayudaron a soportar tanto destrato. Hay testimonios interesantes de ese Madryn humanitario rescatado en el libro "El madrynazo", de Mónica Durán, donde comenta que "la ciudad fue el epicentro del retorno masivo en diferentes contingentes, recibiendo aproximadamente a 8 mil soldados en cuatro operativos de desembarco... enmarcados en un clima de tensión ya que nuestro país evitaba declarar pública y formalmente el cese de hostilidades para no trabar futuros reclamos diplomáticos". 

Decía un excombatiente en el diario de esa localidad: "Nos dijeron que no íbamos a tener contacto con los habitantes de Madryn. En el buque nos informaron nuestros jefes que el pueblo estaba enojado por la rendición en las Malvinas, que habían sacado al general Galtieri y que temían que la población de esta ciudad nos fuera a apedrear, por eso no íbamos a tener contacto con la gente. Estábamos preocupados en serio y muy tristes, pero cuando vimos que nos aplaudían y nos vivaban al pasar, nos sentimos renacer y muy sorprendidos. No lo esperábamos". 

Juan Luis van Waarde hacía su conscripción en el regimiento GADA 601, batallón antiaéreo de Mar del Plata. Regresó en el Norland. En él, el trato con los ingleses fue bueno; "estuvimos dialogando, yo poco entendía el idioma, pero había uno nuestro que entendía bien el inglés... Yo tenía 19 años recién cumplidos y el inglés que hablaba con nosotros tenía 18 años, pero estaba desde los 15 en la escuela militar, había hecho instrucciones en otras situaciones de guerra. Todos estaban bien, gorditos" (Van Waarde) mientras nosotros poco alimentados. 

Una madre de Tres Arroyos, acerca de su hijo comenta que "volvieron al continente en un buque inglés, les dieron jabón para que se lavaran, cigarrillos. En Madryn los subieron en un camión. De ahí los llevaron al avión y llegaron a sus Regimientos". 

Mauricio García pertenecía a un grupo de 8 que fueron incorporados a la Infantería de Marina y que combatieron en Malvinas. "El tema para el regreso era conseguir un buque para poder llevarlos. Iban saliendo de a tandas... después nos fuimos encontrando todos aquí en la base a medida que íbamos llegando. El domingo 20 de junio, Día del Padre y de la Bandera, "nos embarcaron en unas barcazas... para llevarnos al rompehielos Almirante Irizar. De allí navegamos hasta Ushuaia, allí desembarcamos y nos llevaron a un aeropuerto y volamos hasta Río Grande, donde llegamos a la tarde. A la noche nos subieron a un vuelo todo dentro de las Fuerzas Armadas argentinas y de allí nos llevaron a Espora (?). Llegamos de noche, nos subieron en colectivo y llegamos a la base de Puerto Belgrano".

 El mundo de la sangre y el dolor había quedado allá, en el sudatlántico. Ahora la tierra firme, su terruño, los sostenía.  

El encuentro
 Una vez instalados en su destino militar "estuvimos 5 días en Campo de Mayo. También nos dieron ropa nueva, nos hicieron bañar, nos dieron de comer, nos trataron bien y nos dijeron que no salgamos a hablar pavadas, hablar cosas y a agitar a la gente. Eso fue lo que nos encargaron. Nos dieron un papel que firmamos y allí venían un montón de cláusulas. Una de ellas decía que había que tratar de buscarle la vuelta y no inflar más de lo que había pasado". (Van Waarde).

 Los muchachos esperaron varios días hasta que pudieron reunirse con sus padres. Algunos de éstos esperaban frente a los portones de algún regimiento rogando que su hijo tuviera vida, aunque muchos tuvieron que volver a casa con la tristeza de la pérdida. Otros soldados fueron en tren, hasta Mar del Plata, es el caso de Van Waarde, y allí el andén fue testigo de abrazos de alegría o de la certeza de que la muerte les había arrancado al ser querido. 

Relata Mauricio que pasaron unos días hasta que pudieron reunirse con sus seres queridos y por fin llegaron en el colectivo de la compañía Pampa a la vieja terminal de Tres Arroyos de Alsina y Pringles. Había gente en la ruta que los saludaba y al descender con sus uniformes de infantería de Marina, la emoción fue intensa y el fin de semana pasó rápido hasta que el lunes ya estaban de nuevo en la base de Puerto Belgrano. Muchas historias se entrecruzan. Cada ex combatiente tiene la propia, similar, distinta, pero vivida.  

La razón de la sin razón 
Frase que le hacía decir Cervantes a su Quijote, apropiada para esta guerra de Malvinas, cuya rendición, aparte de marcar el inicio del final del gobierno militar, dejó huellas que no pudo tapar la "desmalvinización" que se trató de implementar. 

En los colegios, los jóvenes querían saber qué había pasado, como fue que muchachos tan jóvenes, casi de sus edades, estuvieran en una guerra y muchos murieran. ¿Cuál es la razón? Los conscriptos siguieron en sus bases hasta que les dieron la baja y luego comenzaron a retomar sus trabajos y estudios. La vida cotidiana continuaba; "antes de irme estuve trabajando y estudiando... Cuando volví, hubo una cláusula que puso el gobierno que podíamos terminar el secundario. Me agarró hepatitis pero pude terminar en el siguiente trimestre" (Van Waarde). 

"Estábamos preocupados en serio y muy tristes, pero cuando vimos que nos aplaudían y nos vivaban al pasar, nos sentimos renacer y muy sorprendidos. No lo esperábamos" 


 "Seguí con el servicio militar, pero nos largaron antes, en agosto de 1982. Estuve 5 meses en total (...). Desde acá tuve que volver a la base y juré la bandera en Mar del Plata (?). No sabíamos ni marcar el paso". 

Pasó un tiempo hasta que fueron reconociéndose entre ellos. Se encontraron en las invitaciones que les hacían los clubes de servicio de ese momento, o en la entrega de medallas en la Municipalidad. Con el transcurrir de los años comenzaron a reunirse.

"Cuando me recibí de arquitecto lo encontré en la calle a Marcelo Capriata y me dice que tendríamos que juntarnos a tomar un café, para ver quien viene y quien no. Así empezamos a juntarnos. Habían pasado ocho o nueve años. Fuimos al Quijote, salimos un par de veces a la tardecita y de ahí surgió la idea de juntarnos todos los meses y empezamos a ir a la Asociación Bancaria" (García). Hoy conforman el Centro de ex Combatientes Roberto Reducindo, "con personería jurídica". En el 2010 un grupo viajó con el periodista Andrés Vergnano a Malvinas. 

En plena guerra, dos de los clubes de servicio de Tres Arroyos, un Rotary y el de Leones se transformaron en Club 24 de Abril y Club Amistad y Servicio Fortín Machado respectivamente, con la convicción de ser auténticamente argentinos, puesto que las sedes centrales estaban en Estados Unidos, a la sazón, aliado a los británicos. Todos los 2 de abril la plaza Malvinas rinde homenaje a los que lucharon en ese conflicto. 

En 2017 se les entregó diploma y medalla por parte del IPS de la Provincia de Buenos Aires. La guerra con su bagaje de "brutalidad, barro, sangre, dolor y crueldad" como la define Ospina, terminó. ¿La sin razón?