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Sociales

Luego de más de cinco décadas

Colgó el martillo pero no se retira

03|12|17 11:14 hs.

La historia de Eduardo Miqueleiz en los remates y la inmobiliaria podría resumirse en pocas palabras pero que mejor que él se refiera a la misma porque "después de 55 años de subirme al banquillo decidí jubilarme. Si bien hace cinco años que la tengo otorgada nosotros podemos seguir trabajando hasta que demos de baja a la matrícula y ahí quedamos jubilados formalmente. Y bueno... desde el año '63 que me subí al banco para realizar mi primer remate 55 años después decido retirarme. Debo de haber realizado una cantidad grande de martillazos para esto. No lo hago por completo de la actividad porque si bien estoy jubilado voy a seguir dándole una mano a mi hijo Agustín en la oficina pero profesionalmente no voy a poder rematar más". 




Luego de 55 años no hacerse a un lado pero decir "hasta acá llegué" ¿cómo se vive? "Bueno la verdad que no es nada fácil porque cuando uno hace algo con tanto gusto nada le parece difícil pero yo lo pensé y mientras pueda voy a seguir ayudándolo, organizándole los remates para que el pueda. Gracias a Dios mi hijo Agustín lo ha agarrado con ganas, algo que me llena de orgullo. Porque ya sabiendo que tengo esa continuidad voy a estar ayudándolo para que se desarrolle él", y acá surge su actitud paternalista.

El futuro
Vos decís eso: "ahora seguirá Agustín", y ¿qué se siente después de tanto tiempo de estar en una profesión que su propio hijo sea el continuador de esto?



"Quiero pensar que debe de haber sentido lo mismo que mi padre cuando él se hizo a un lado. Y a la vez el que esto no se termina aquí. Siempre pienso cuando armé las oficinas yo les dejo las herramientas, porque mi otro hijo mayor también es martillero pero no ejerce, para que ellos sigan. Pero gracias a Dios Agustín ha tomado las riendas así que me siento un poco más tranquilo. Me dolería si tuviera que cerrar la puerta y bajar la persiana, eso sería peor que dejar la actividad porque como vos decís sería como que se termina una marca". 

En cuanto a la profesión en la actualidad... "si la desdoblamos en la parte de los remates años atrás había mucha más actividad, no había tanta intensidad de operaciones inmobiliarias. Después de cuarenta años esto fue creciendo mucho más".  

Ciudad pujante 
Su visión del mercado inmobiliario en este presente "en cuanto al comprador hoy está facilitado por los créditos, reactivó mucho el mercado. Con recursos propios la gente no llegaba, pero hoy gracias a Dios está siendo muy accesible porque los créditos ayudan. Estos últimos años se han puesto muy difíciles para que el matrimonio, la parejita, quisiera armar su propio nido; era muy difícil comprar una propiedad por eso es que se han hecho tanta cantidad de departamentos para alquiler. Hoy esto no es que se ha revertido pero da más posibilidades al inquilino de llegar a ser propietario a través de un crédito". 



La ecuación en esta zona era una constante: a veces con el valor de una camioneta se compraba una casa y en otros tiempos a la inversa. Eso hoy por hoy "se han revertido porque una buena camioneta 0km está alrededor de los 650 a 700 mil pesos y casas por esa plata poco hay. Yo diría que hoy una casa vale dos camionetas. El mercado crediticio arranca del millón, millón doscientos mil pesos para arriba". 

"Tres Arroyos es un mercado inmobiliario caro: en relación a otras ciudades de esta zona, pero como siempre digo cuando vas a vender esto también se mantiene. El nuestro es un mercado cotizado". 

"Gracias a Dios estamos en una zona económicamente buena esto se potencia. Tenemos un parque industrial próspero eso ayuda. En otras zonas están viviendo más la situación del país cosa que acá no ocurre tan fácil. Es más estable". 



Siempre firme 
Su vida a partir de ahora no va a tener muchos cambios porque "yo por ahora voy a seguir en actividad quizás tomándome más libertades que antes pero la idea es seguir acompañando a Agustín. Muchos hoy dicen `cambiaste la firma`, no es así yo quería darle protagonismo a Agustín que está haciendo hoy la cabeza de la firma y no es justo que siga Eduardo Miqueleiz arriba. Es por el hecho que el haga su propio camino". 

Qué saldo le queda a Eduardo a través del tiempo en esto. "A mi la satisfacción más grande es la de haber conseguido amigos, aunque el término amigo es muy amplio ¿no? Pero el conocimiento de la gente a través de tantos años, la satisfacción de que tener un nombre... el saldo es ése y defenderlo. Como pasó con mi padre anteriormente, que el de él me abrió muchas puertas y fue un nombre valorado. Yo traté de que esas puertas no se cerraran sino que se abrieran nuevas y es lo que como saldo dejo para mis hijos". 

Seguramente teniendo tan buen "ladero" para Agustín le va a ser fácil dejar de ser "el hijo de" Eduardo Miqueleiz. 

Haciendo un poco de historia 
Rememorando cuándo comenzó su padre en esto, "fue en 1949, la fecha cierta no la tenemos -junto a su socio en ese momento Palermo-. El 7 de agosto de ese año fue la fecha del primer remate". 

Aunque Eduardo se incorpora a la firma "a los 12 ó 13 años ayudando y repartiendo boletas y en el año 63 ó 64 cuando él se operó de la cadera yo me tuve que hacer cargo del negocio junto a mi hermana. En esa época también vendíamos muebles nuevos y usados. A mediados de año tuve que dejar el colegio, pasarme al nocturno y arranqué. Todavía no estaba legalmente habilitado por la edad pero los 17 años ya estaba rematando". 



Dos épocas 
Las diferencias de sus inicios a este presente de su hijo. "En aquel tiempo mucho tenía que ver el nombre o la trayectoria, hoy hay muchos profesionales en el rubro y es mucho más competitivo en el inmobiliario. En cuanto a los remates hasta hace 30 años atrás había cinco o seis por fin de semana y no solo nuestros. Hemos rematado sábado a la tarde, domingo a la mañana y luego a la tarde quizás en algún campo. Una actividad intensísima, a tal punto que hemos estado rematando los dos a la vez en diferentes lugares de la ciudad y rubros dispares".

Lo que hoy por hoy no solo le estás legando a tu hijo un nombre sino también una rica experiencia. "Sí, sí, anecdótico tenemos por ejemplo que en el año 66-67 con la ley de desalojos rurales de Onganía en esa época llegamos a dar entre 16 y 17 liquidaciones de campo entre febrero y marzo al ritmo de dos a tres remates por semana por la entrega del campo. Algo que recuerdo mucho son las chacras del Cuartel II hemos hecho remates de arrendatarios hasta dos veces en la misma, digamos que las `pisamos` todas (agrega sonriendo). Había muchas casas compra venta y chatarreros. Algo que en ese tiempo hizo que hasta tuvieran cuenta corriente con nosotros".