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Sociales

Jorge Marcovecchio terminó el secundario a los 65 años

"Es un ejemplo, aunque él no lo quiera decir"

03|12|17 12:26 hs.

Por Marcos Fersen

"Uno de los problemas más grandes que tenía era el de las faltas de ortografía. Mis hijos siempre me decían: 'se escribe con V o con S'. Me lo reprochaban con razón". Así, con simpleza y sencillez, Jorge Marcovecchio reconoció que ése fue uno de los principales motivos que lo impulsaron a empezar y finalizar el Secundario. Sin embargo, cuando se le cruzó por la cabeza dar inicio a la aventura de ir a la escuela, su convicción no era total. "Al principio, no estaba convencido porque yo en ese entonces tenía 62 años". El hecho de compartir horas de estudio con las nuevas generaciones significaba en ese momento una de sus principales incertidumbres, pero hoy, tres años después, el escenario es otro. 

"Una de las enseñanzas que me dejó el paso por la escuela es haber tratado con gente mucho más joven que uno" 


Una vez tomada la decisión, se inscribió y comenzó a transitar un camino que desconocía y que estuvo a punto de abandonar apenas iniciada la travesía. "El que abandona no tiene premio", reza una conocida frase popular. Y Jorge es la fiel representación del mencionado dicho. Es que el pasado jueves, este jubilado de 65 años recibió una de las cuatro distinciones instituidas por el Concejo Deliberante. Fue en el marco de la ceremonia de los Premios Fontanarrosa, un reconocimiento que se entrega desde el cuerpo deliberativo local a destacados alumnos de escuelas secundarias del distrito. 

"Decidimos entregar los tres primeros premios a estudiantes que tienen entre 13 y 20 años, tal como lo dice el Artículo II, inciso B. Pero para este año hicimos una excepción. Contemplamos y valoramos el esfuerzo que hizo para concretar un sueño: completar la educación secundaria, aún siendo adulto". 

La reflexión fue pronunciada por la concejala vecinalista Marta Pellegrini, quien, posteriormente, tuvo el placer de entregarle a Jorge Marcovecchio el diploma y la medalla correspondiente a una nueva edición del Premio Fontanarrosa, tras lo cual recibió un cálido aplauso de quienes presenciaron la ceremonia desarrollada en un colmado Salón Blanco del Palacio Municipal.


La concejal Marta Pellegrini, el pasado jueves, le entregó a Jorge Marcovecchio el Premio Fontanarrosa 2017


Hasta sexto grado 
Jorge nació en Coronel Pringles y se crió junto a sus padres y hermanos en Líbano, un pueblito de 500 habitantes ubicado en el partido de General La Madrid. A los 14 años, finalizó sexto grado y desde entonces se ganó el pan a base de esfuerzo y gracias a un trabajo nada sencillo de sobrellevar. 

"Mi hermano y un cuñado trabajaban en un obrador cuando se hizo el asfalto de Oriente y Copetonas. En un viaje que hizo a La Madrid, mi cuñado fue a visitar a mi familia y me dijo si quería trabajar con él. Yo tenía 14 años y ya había terminado sexto grado", recuerda. 

En ese entonces, la posibilidad de darle continuidad a los estudios secundarios era muy lejana en la vida de Jorge. No dudó y aceptó la oferta laboral de su cuñado, lo cual, y sin saberlo en aquel momento, también implicaba el desarraigo definitivo de su lugar de crianza. 

"A los 14 años ya trabajaba y empecé a mantenerme solo. Le pagaba la comida a mi hermana y yo dormía en el obrador. En Oriente estuvimos dos años. Cuando terminamos de asfaltar ahí, hicimos la ruta que va a Claromecó. Por eso nos fuimos a vivir a San Francisco de Bellocq. Estuve dos años trabajando en la ruta y en ese tiempo me hice de novio con ella", dice Jorge, y señala a María Liliana Paz, su esposa desde hace 46 años; la mujer que le dio tres hijos (Mauricio, Milena y Vicente) y con quien comparte el amor de sus cuatro nietos. 

Ya instalado en San Francisco de Bellocq, y con el noviazgo en pleno inicio, el obrador de su hermano cumplió con el trabajo previsto y partió rumbo a Formosa. Sin embargo, Jorge se quedó en el pueblo natal de su entonces novia, con quien se casó cuando él tenía 19 años y ella 17. Allí comenzó a trabajar en Entel (Empresa Nacional de Telecomunicaciones) hasta los 28 años, cuando aceptó el ofrecimiento para ser chofer de larga distancia de camiones que transportaban combustible. La decisión implicó también abandonar el fútbol (era arquero de Recreativo Echegoyen). 

Lejos de que la pasividad le gane el duelo, Jorge apostó a seguir activo luego de jubilarse, beneficio que comenzó a gozar a partir de los 55 años. A partir de ahí, manejó un taxi, prestación que dejó de brindar porque no lo disfrutaba.  


Jorge Marcovecchio, junto a su esposa María Liliana y Benicio -uno de sus cuatro nietos- muestra el diploma que le otorgó el Concejo Deliberante


Siempre en actividad 
Hoy, en tanto, ofrece el servicio de remís ejecutivo, sumado a que también cumple funciones en una tarjeta de crédito con sucursal en nuestra ciudad. "El es una persona que está siempre haciendo algo. Los sábados a la mañana, además de todo lo que hace, va a la pileta", resume su esposa. 

Es por eso que el recién egresado tiene ganas de seguir alimentando su cultura general. Su ambición, en consecuencia, pasa ahora por formarse en el nivel Superior. "Quisiera empezar abogacía pero como la carrera en Tres Arroyos sólo se ofrece a distancia y no la puedo hacer. Entonces me voy a inclinar por la Tecnicatura en Turismo. Voy a hacer un turismo para la tercera edad, es decir, para adultos mayores", anticipa Jorge con una marcada dosis de entusiasmo. 

Todo lo relacionado con el mundo de Internet siempre fue un atractivo para Marcovecchio. "En un viaje que compartí con mi hijo Vicente, le conté que tenía ganas de hacer un curso de Internet que se daba en el CRESTA, pero él me dijo que yo tenía que hacer el secundario. Y me dio dos motivos: porque me lo merecía y porque tenía capacidad para empezarlo y terminarlo", recuerda. Y ante semejante muestra de confianza puesta de relieve por su propio hijo, se animó a afrontar el desafío. "Me embaló de tal manera que me decidí a anotarme", relata.

La Escuela de Educación Secundaria Nº 2 fue el establecimiento que recibió a Jorge Marcovecchio. Allí, en el turno noche, comenzó a estudiar la modalidad de Gestión. "En primer año éramos más de 35 y para el tercero terminamos siendo seis. Al principio eran todos jóvenes. El mayor tendría 22 o 23 años. En los años siguientes llegó gente más grande", puntualiza. 

El camino no fue fácil para Jorge, quien en más de una oportunidad pensó en "tirar la toalla" por el contexto que veía en el salón del colegio. "Más de una vez quise abandonar. Me parecía que no iba a poder soportar. Un día en el aula había mucho 'despiole'. La cosa no era conmigo pero yo no quería escuchar nada de lo que pasaba. Entonces me puse a escribirle una carta a ella -su esposa-. Le puse que no sabía si iba a poder seguir", recuerda. 

Sin embargo, apostó por darle continuidad al aprendizaje y desestimó esa idea que se le había cruzado por la cabeza. "Me quedé porque los chicos me respetaban. Siempre que llegaban, me daban la mano. Además, las profesoras siempre me alentaban para seguir. Por eso no abandoné. Cuando empecé segundo año estaba decidido a terminar; y en tercero fui abanderado", asegura con satisfacción. 

Durante la charla con este diario, Jorge no olvida la labor de los docentes que conoció mientras cursó el Secundario. Y en ese contexto, destaca a Sandra Staniscia. "Ella, mientras yo la miraba, le decía a los chicos: 'ustedes no saben la suerte que tienen. Tener a una persona mayor en un aula es muy significativo. El los va a ayudar y ustedes lo van a ayudar a él'", señala. 

El choque generacional entre Jorge y sus compañeros de salón era más que evidente, pero supo capitalizar esa situación. "El único error que le veo a los chicos es que no les interesa la historia, pero lo pueden corregir. Después, son muy inteligentes, más que nosotros cuando teníamos esa edad. Además, están mucho más desenvueltos", describe. 

"Una de las enseñanzas que me dejó el paso por la escuela es haber tratado con gente mucho más joven que uno. No fue difícil pero eso me daba un poco de miedo antes de empezar a estudiar. Hoy ya no tengo el temor de tratarme con jóvenes porque ya sé cómo manejarme", expresa. 

"El premio mío es tener el diploma por haber egresado. Es lo único que esperaba. Recién ahora me estoy dando cuenta que me recibí y los estoy disfrutando mucho más"


A su vez, hace alusión a otro aspecto que rescata de su paso por el Secundario. "Esto me enseñó a creer en los directores de un colegio y en los docentes. Antes, Yo no tenía una buena imagen de los profesores. Pero, al menos los que me tocaron, vi que son muy buenos profesionales y con gran vocación", destaca. 

"No fue ningún sacrificio" 
 En más de una oportunidad, Jorge recalca que nunca significó un esfuerzo transitar por el camino que eligió recorrer a finales de 2014. "Yo disfruté de lo que hacía. Para mí no fue ningún sacrificio. Nunca lo tome así. Con el Premio Fontanarrosa, muchos me dijeron: 'felicitaciones por el sacrificio', pero jamás fue un sacrificio para mí. A esta edad, lo hice para disfrutar y no para hacerme mala sangre", confiesa. 

"Nunca quise ir a la escuela para recibir un premio. El premio mío es tener el diploma por haber egresado. Es lo único que esperaba. Recién ahora me estoy dando cuenta que me recibí y los estoy disfrutando mucho más", agrega Jorge, quien dice: "Por el simple hecho de estar en una escuela, algo se aprende. Siempre". 

 "El es un ejemplo, aunque no lo quiera decir", afirma, con razón su esposa María Liliana, más allá de que Jorge piense lo contrario. 


Milena junto a su padre Jorge, en el Salón Blanco, luego de la entrega de los Premios Fontanarrosa


"Mi papá es un gran orgullo"
Milena Marcovecchio, conductora radial y televisiva que trabaja en nuestra ciudad, no ocultó su satisfacción por el reconocimiento a su padre. "No me sorprende que haya logrado lo que logró porque es un tipo muy perseverante, Siempre le ha puesto mucha garra a la vida". 

"El fue mi gran impulsor para irme a Buenos Aires a estudiar periodismo y para que yo pueda estar tantos años allá. Este logro que obtuvo a sus 65 años me llena de orgullo y de felicidad por él, por todo el sacrificio que hizo y por todo lo difícil que se le hizo al principio", indicó. 

Entre sus apreciaciones, se manifestó en la misma línea que su madre cuando dijo: "Definitivamente, es un claro para mí y, sobre todo, para mi hijo y mis sobrinas, que son la tercera generación de la familia. Estoy muy feliz. Mi papá es un gran orgullo para mí".