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Carta de Lectores

Por Diego M. Jiménez

Algunas lecciones de Tocqueville y Dahl

17|12|17 18:42 hs.

Alexis de Tocqueville advertía en "La Democracia en América" (1835) sobre los peligros de lo que él llamaba la dictadura de las mayorías, señalando los daños que mayorías circunstanciales pueden infligir en un sistema vital pero perfectible. En el caso argentino parlamentos convertidos en virtuales escribanías de ejecutivos de claro perfil autoritario ejemplifican de forma elocuente este rasgo negativo de la democracia. ¡Claro que no está mal poseer mayoría en el Poder Legislativo! El riesgo autocrático está en desconocer los puntos de vista del otro ignorando de ese modo aspectos que las minorías pueden aportar para enriquecer la vida pública. Creerse poseedores de verdades evidentes e incuestionables, es propio de líderes religiosos antediluvianos, más que una cualidad de políticos con visión. 


Según el destacado filósofo político Robert Dahl (1915-2014), la democracia, para definirse como tal, debería reunir las siguientes y mínimas características: la participación efectiva (mecanismos regulares y prácticos de participación ciudadana); la igualdad de voto (los sufragios, independientemente de la condición social, política, religiosa o sexual de los ciudadanos valen lo mismo); alcanzar comprensión ilustrada (estar informado y acceder en forma plural a las ideas y puntos de vista de los candidatos en los más diversos temas); ejercitar control final sobre agenda (que los ciudadanos marquen la agenda de temas de los políticos) e inclusión de los adultos (el establecimiento de una edad mínima para ejercer el derecho a voto). 

Este piso mínimo determina si nos encontramos frente a un sistema democrático, según el autor norteamericano. Su profundización positiva conecta con otra idea sustancial que encontramos en la obra de Tocqueville: la necesidad de una sociedad civil movilizada y ocupada por los problemas de su comunidad. Espíritu asociativo que el francés observaba en un Estados Unidos del siglo XIX, vigoroso, activo y creciente, muy diferente a lo que ocurría en la tumultuosa Francia decimonónica. Localmente, las ideas de Tocqueville y los puntos de vista de Dahl, deberían servirnos como alerta para construir comunitariamente aciertos y no convertirnos en fabricantes seriales de frustraciones. La política se refiere al futuro trabajando en el presente y anclado en una memoria viva. 

El primer eslabón de cualquier progreso reside en una política municipal que piense en las futuras generaciones conectando la ciudad al ritmo general del país. Pensar aisladamente, puede servir un tiempo, pero luego, los procesos generales se terminan imponiendo. La política debe interpretar a tiempo esos momentos cruciales, reuniendo intuición, visión y sobre todo, equipos colaborativos de trabajo 

El concepto de la comprensión ilustrada, elaborado por Dahl en sus dos dimensiones: por un lado, la necesidad de acceso a conocer en forma plural la cosmovisión de los candidatos en los temas locales y en los más generales y, por otro, en la importancia de contar con información pública abierta y fehaciente de los actos de gobierno, contribuye a pensar en un futuro que se avizore más concretamente. 

No saber que piensan nuestros representantes, y conocer de ellos solo generalidades, no escrutar los puntos de vista de los funcionarios y no controlar con rigor la utilización de los recursos públicos, es la antesala de la improvisación y el despilfarro. Pero ese motivo el sabio Tocqueville pensaba en que la clave del futuro de la democracia se encuentra en una sociedad civil activa, laboriosa, plural y comprometida. 

Dahl, agrega décadas más tarde, las ideas de gobierno abierto y de comprensión ilustrada. Ideas que necesitan de la política y del compromiso de esas células de la democracia que son los municipios, para convertirse en reales. Una política que debe observar con atención a la historia y a la experiencia social, para determinar luego si el camino es seguir del mismo modo, aferrándose a viejos y necesarios aciertos o poseer la audacia de "dejar la camiseta en un mejor lugar en que la encontramos". 

Diego M. Jiménez

Diego M. Jiménez