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Despejado

El Campo

Anuario 2017

El agro vivió un año de regresos

31|12|17 17:58 hs.

En una rápida y apretada síntesis de lo que fue el año que se despide hoy para el campo, podría indicarse que se trató de un período marcado por los regresos. De los buenos y de los malos. 


Muchas cuestiones conocidas pero que estaban en desuso volvieron a escena en estos 12 meses. Hablamos de campo, entonces empecemos por los temas productivos. Y como siempre, en una "fábrica sin techo" como es el agro, uno de los factores determinante es el clima: el año empezó con una intensa sequía que venía de arrastre de noviembre de 2016 y se extendió hasta fines de enero. 

Si bien las lluvias se recuperaron en febrero y también hubo buenas precipitaciones en marzo, la cosecha gruesa sintió el impacto de la falta de agua y eso se evidenció en los discretos rindes de girasol y de soja. En el caso de la leguminosa, que esta vez casi no tuvo cultivos de segunda por la imposibilidad de sembrar ante la ausencia de humedad, los resultados en muchos casos terminaron siendo menos malos del esperado. 

Así y todo, la trilla, en general, en la región fue regular. La salida del otoño y la entrada al invierno llegó con un importante caudal de lluvias. Esta región, salvo sectores de la franja costera y zonas del partido de Coronel Dorrego, no sufrió excesos hídricos que trajeran dolores de cabeza. Así, la implantación de los cultivos de fina se dio en condiciones muy buenas, y en tiempo y forma. 



El lado de B de un invierno húmedo y muy benévolo en cuanto a las temperaturas, fue la gran presión de enfermedades que tuvieron que soportar trigos, cebadas y avenas hasta promediando la primavera. La roya amarilla tuvo una aparición explosiva en trigo, lo que fue sin dudas la mayor característica de la campaña. 

La mayoría de los productores realizó, en promedio, dos aplicaciones de fungicidas. Si bien todavía los resultados son parciales, ya se puede asegurar que en cebada los resultados son excelentes, con rindes por encima de la media en casi todos los campos. 

Resta comprobar la calidad de los granos, para saber si cumplen con los requisitos de la industria maletera o deberán ser comercializados como forrajeros. En trigo, en tanto, los rendimientos hasta ahora son buenos, pero no tan altos como lo que se pensaba. También es un interrogante la calidad de la trilla. Lo que sí es un hecho, y es para celebrar, es que este año las rotaciones han sido más balanceadas respecto a la última década. 

La soja, pese a seguir siendo el cultivo más sembrado, cedió un poco de espacio que fue tomado por el girasol y el maíz, armando una secuencia más amigable con el recurso suelo. En lo que es fina, el trigo pan volvió a ganarle la pulseada a la cebada.

Ganadería 
Otra buena noticia que nos deja el año es la ratificación de que la ganadería va recuperando algo del protagonismo perdido. El motivo fundamental es que el valor de la carne sigue firme -en torno a los dos dólares- y motiva a que los productores se animen a apostar por agrandar sus rodeos. 

Las estadísticas indican que muchas explotaciones mixtas reflejaron un pequeño aumento del número de cabezas y la tendencia indica que seguirá la recuperación del stock vacuno del distrito y de la región. Como punto negativo, el año deja una tirante relación entre el sector y el gobierno que comanda María Eugenia Vidal. 

Un revalúo de partidas rurales primero, el aumento del 50% de impuesto inmobiliario rural después, fueron los hechos salientes que llevaron a una situación cercana al divorcio a las partes. 

A eso hay que sumarle otras medidas que hicieron que las gremiales del campo entiendan que nada se ha hecho para bajar la presión impositiva que asfixia al sector. Más bien, todo lo contrario.