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El Campo

Capacitación apícola para presos

Un dulce incentivo para volver a empezar

30|01|18 17:55 hs.

Siete internos del penal de Gorina, partido de La Plata, lucen orgullosos sus diplomas oficiales otorgados por el Ministerio de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires por haber aprobado el curso de iniciación apícola. 


“Para algunos, ojalá, se transforme en una posibilidad concreta de conseguir trabajo o encarar un emprendimiento propio cuando recuperen la libertad. Pero creo que para todos, pese a que nunca más toquen una colmena, fue una buena actividad de apertura cultural. Porque se les inculcó que una actividad es un proceso, que lleva tiempo y trabajo, y que el producto, en este caso la miel, está al final”, dice Rodrigo Campomar, el técnico apícola que dictó las clases y que fue fundamental para que se llevara a cabo la capacitación. 


“La intención es darles una herramienta que los ayude a la reinserción en la sociedad cuando recuperen la libertad”


El curso, que fue impulsado por el Ministerio de Justicia bonaerense, se trató de una capacitación de 32 horas cátedras, con clases teóricas y prácticas. 

Entre sus contenidos incluyó producción de colmenas, análisis de la vida de las abejas y el manejo integrado hasta llegar a la cosecha. El proyecto fue gestionado por la Dirección de Promoción e Inclusión Socio Laboral, que depende de la Subdirección General de Trabajo Penitenciario y la Dirección General de Asistencia y Tratamiento; y fue supervisado en todas sus instancias por técnicos del Ministerio de Agroindustria provincial. 

Así, los internos que lo aprobaron están habilitados para encarar emprendimientos de producción de miel, desempeñándose como ayudantes de apicultores o en carpintería para la producción de material apícola. 

Andrea Manzolido, directora del penal, explicó que “la iniciativa surgió en el marco de los programas de capacitación y formación para el trabajo. La premisa fundamental es lograr la reinserción socio-laboral de los internos. En esta Unidad de Régimen Abierto es fundamental brindarles herramientas a quiénes están próximos a recuperar la libertad”.

Más que miel 
A Rodrigo Campomar le falta un año para recibirse de ingeniero agrónomo en la Universidad de La Plata, pero hace casi una década se dedica a la apicultura. A principios de 2017 ingresó al Servicio Penitenciario Bonaerense motivado por la posibilidad de trabajar en la División Agropecuaria del Departamento de Producción. 

Entre sus funciones, todas técnicas y relacionadas a lo productivo, está el manejo de las colmenas de la Unidad 12 de Gorina, en las que trabaja junto a varios internos.

Rodrigo, además, fue ayudante de cátedra en la facultad, entonces en su trabajo diario en Gorina vio tierra fértil para plasmar su vocación docente, transmitir su pasión por la apicultura y brindarle a los presos un recurso para lograr la reinserción laboral tras quedar en libertad. 



“Se me ocurrió a partir de charlarlo con la Dirección de Promoción e Inclusión Socio Laboral, desde todos los ámbitos me dieron apoyo entonces tomó forma. Después me reuní con funcionarios del Ministerio de Agroindustria y me dijeron que podían certificar el curso”, contó Rodrigo cómo fue la gestación del proyecto.

“Lo más importante era la certificación de la capacitación, porque al interno le interesa mucho al momento de salir tener un diploma o un documento que avale que está capacitado oficialmente en determinada actividad”, agregó. 

El curso arrancó en octubre con 12 inscriptos, de los cuales terminaron siendo alumnos regulares ocho, pero uno de ellos salió en libertad antes de la finalización, y siete terminaron aprobando. “Como se engancharon tanto di algunas horas más de las 32 pautadas para profundizar ciertos temas”, indicó Rodrigo. 

El penal de Gorina es de régimen abierto, donde los internos cumplen la última etapa de la condena, por eso es habitual que vayan quedando en libertad, como ocurrió con uno de los participantes del curso. Además, es una unidad agroproductiva, cuenta con huerta, vivero, chanchería y colmenas. 

“Los internos se encargan de cada actividad, además de contar con personal del servicio que están a cargo de las distintas producciones, y que en el día a día también los capacitan”. 

Rodrigo quedó muy satisfecho con la experiencia, no sólo por el entusiasmo que encontró en los internos, sino porque entiende que este tipo de capacitaciones excede la cuestión productiva. 



“Esto les enseña que para lograr algo hay que atravesar un proceso, que hay que trabajar y esforzarse”, explicó el técnico que además de tener colmenas, con dos compañeros de la facultad tiene dos comercios apícolas en La Plata, uno en el centro dedicado a la venta de miel y subproductos, y otro en las afueras, que además ofrece insumos para la producción. 

“Con uno de los internos que más trabajo en las colmenas, cometió delitos bastante graves, y yo siempre le digo, ‘cuando cumplas la condena por lo que hiciste, vas a salir, y la idea es que salgas mejor de lo que entraste’. A eso apuntamos con esto también, a hacer posible que salgan mejor”, manifestó el técnico que tiene toda la intención de volver a dictar el curso este año -“ya hay internos que están interesados en hacerlo”- y también replicarlo en otros penales de la provincia. 

Cosecha 
La semana pasada Rodrigo y los internos finalizaron la cosecha de las nueve colmenas que tuvieron este año en producción. “Anduvimos alrededor de los 300 kilos, sería un promedio de entre 30 y 32 kilos por colmena, como es lo habitual en esta zona”, contó.

“Los muchachos que trabajan siempre se llevan un poco de miel como premio y agradecimiento. Porque más allá de que están presos, hay que hacer una distinción con el que trabaja y quiere progresar”, indicó. 

Antes de despedirse, Rodrigo dijo sin ocultar su felicidad: “Hace seis meses, cuando llegué, teníamos cinco colmenas, y ahora logramos poner nueve en producción. Pero en total tenemos 60, porque intercambiamos mucho material ocioso -cajones, cuadros, y demás- que había en la unidad por colmenas para incrementar la producción. Eso se verá a fines de este año”. 

Un dulce incentivo, sin dudas, para los internos que están esperando la libertad.