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PSICOLOGIA

Toma de decisiones, esa habilidad que podemos entrenar

18|02|18 00:38 hs.

Por Claudia Torres

Calurosa mañana de febrero, me levanto como siempre y pongo a consideración que ropa voy a usar... llego a la cocina y se me plantea la duda... mate, café o mejor ¿algo más fresco? En el transcurso del día se presentan otra serie de interrogantes, sobre mi situación laboral... mi relación sentimental... el vínculo con mis hijos... la relación con mi familia o amigos... sin dudas que la vida nos muestra diferentes panoramas en los cuales las tomas de decisiones son más que importantes.

Desde las pequeñas cosas cotidianas, hasta decisiones trascendentales para nuestras vidas, estarán a consideración de aquel camino que elegimos transitar.

La importancia de la toma de decisiones radica en que es uno de los procesos cognitivos más complejos a los que se tiene que enfrentar el ser humano, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, realizamos infinidad de elecciones, muchas de manera inconsciente y otras de manera consciente.

Podríamos decir que no tomar decisiones es, en sí misma, una forma de decisión. Vivir significa elegir; no tomar decisiones implica inmovilidad y bloqueo. Cada vez que proyectamos nuestro futuro en cualquier ámbito de la vida, se abren ante nosotros un sinfín de posibilidades, y no hacer ninguna elección, supone no progresar... en ninguna dirección. 

El problema consiste en que toda decisión implica una o varias pérdidas, de manera que gestionar nuestra toma de decisiones de una manera eficiente resulta vital para nuestra adaptación a las diversas situaciones y la obtención de nuestros objetivos.

Para la toma de decisiones resulta imprescindible hacer uso de nuestra capacidad de razonamiento y comprensión, siendo la capacidad analítica esencial a la hora de escoger la mejor opción.

Pero también, es importante saber que no todas las decisiones tienen la misma relevancia, cada una requerirá diferente grado de energía (emocional, intelectual...), muchas serán intrascendentes, y sólo algunas requerirán toda nuestra atención y esfuerzo. Hay que distinguir la trascendencia de unas y otras y tratarlas de modo diferente 

No todas las decisiones de nuestra vida son tan fáciles de racionalizar y apreciar, de hecho, la mayoría de las veces nos enfrentamos a dilemas que tienen una gran carga emocional, por lo que tomar la decisión se complica, pudiéndonos causar estrés, o procrastinación (dejar para después) de la toma de decisión. Este sistema es básicamente emocional e inconsciente.

En otros casos hacemos uso de nuestra inteligencia analítica, sopesando pros y contras de una manera selectiva y eficiente. Es un sistema lógico y calculador. Tomamos decisiones por razonamiento.

La capacidad para tomar decisiones no es algo innato, tras ella hay un conjunto de habilidades que se puede y que conviene entrenar. La práctica hace que tomar decisiones se vuelva más fluido y que genere menos coste cognitivo y emocional.

Quizás nos sirva tener en cuenta la definición del tipo de decisión. La descripción debe ser lo más concreta posible. Tomamos decisiones a diario, unas son más importantes y necesitan más tiempo y análisis que otras.

• Puede que sea de utilidad hacer una lista de alternativas y ser realista en este paso, pero aun sin hacer juicios de valor sobre la viabilidad o las amenazas de estas alternativas.
• Establecer los criterios para evaluar las alternativas. En este proceso es importante tener en cuenta: la repercusión de la decisión, las emociones predominantes, la viabilidad de llevar a cabo el plan de acción y finalmente la objetividad de la decisión..
• Identificar la o las alternativas que consideramos más importantes.
• Ejecutar y verifica los resultados. Elabora un plan de acción, sobre cuándo y cómo pondrás en marcha tu decisión, y plantea el tiempo que va a requerir llevarla a cabo. 

Tras la toma de decisión conviene dejar pasar un tiempo para percibir el grado de satisfacción. 

Tomar decisiones es un proceso inherente al ser humano. En él participan nuestros pensamientos y emociones, también nuestras experiencias, nuestra biografía vital... al igual que cuestiones culturales: educación, roles y estereotipos, creencias... 

Lo importante es saber que no hay una decisión "infalible" o "perfecta" y que al igual que otras habilidades, podemos entrenar nuestra capacidad para tomar decisiones, haciendo que cada vez sean más adecuadas o coherentes con nuestros objetivos y aspiraciones.

Todos tenemos derecho a tomar nuestras propias decisiones, hacernos responsables de ellas y también... a equivocarnos.

Lic. Claudia Eugenia Torres
M.P.: 40256 
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