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Psicología

Adopción: El deseo de ser padres

04|03|18 10:17 hs.

Por Claudia Torres (*) 


El deseo de tener hijos es algo que puede surgir de manera natural entre dos personas que se quieren, aunque no siempre es fácil conseguir un embarazo. 

La gran mayoría de las mujeres logra embarazarse entre los ocho meses y el año, aunque otras lo consiguen al primer intento, otro porcentaje pequeño no alcanza su deseo hasta años después o descubre que tiene problemas de fertilidad. 

Muchas parejas, cuando son conscientes que tienen problemas para tener hijos, inician un camino que tiene como meta un objetivo especifico, llegar a ser padres. 

Suele suceder que ante la dificultad de concebir, acuden a un especialista para encontrar una solución a sus problemas de fertilidad, entonces, inician tratamientos largos y costosos como fecundaciones in vitro o inseminaciones artificiales. Algunos logran quedar embarazados y cumplir el sueño de un hijo biológico. 

En otras ocasiones, cuando todas las vías se empiezan a cerrar y el bebé no llega, la pareja puede pasar por altibajos emocionales que oscilan entre la ilusión y momentos de frustración. Después de varios años intentando tener un hijo biológico, algunas parejas deciden abandonar la carrera por ser padres. 

Este diagnóstico podría generar sentimientos de desesperanza y tristeza, con una amplia gama de matices, cuya intensidad y duración dependerán de factores sociales, familiares y personales. 

La necesidad de elaborar y procesar la pérdida, el dolor y la renuncia que la infertilidad biológica significa es universal para todas las parejas que han debido recorrer este camino, sin embargo, la duración de este proceso variará en cada caso según características particulares de la pareja y su entorno social. 

El trayecto puede resultar doloroso y algunas veces requiere de apoyo profesional para entenderlo y resignificarlo, dándole un sentido que les permita crecer en un nuevo proyecto de vida. 

Una vez aceptada y elaborada la situación, la pareja puede abrirse a la posibilidad de tener un hijo por una vía alternativa a la procreación, un hijo que les brinde la oportunidad de formar una familia y realizarse como padres. 

Así, el dolor y frustración vividos se transforman en ilusión. "Adoptar", significa acoger, prohijar, consentir, abrazar, desear a alguien o algo, que no es nuestro, para vincularlo con nosotros mismos. 

La posibilidad de volcar el amor adulto hacia un hijo es un privilegio que ofrece el niño a sus padres, pero para experimentarlo en forma madura y sana es necesario haber vivido el duelo por el hijo biológico perdido, ya que el hijo adoptado no reemplaza al que no se tuvo, sino que es un niño distinto y único, cuya individualidad debe ser respetada como tal. 

Adoptar puede ser un proceso largo y complicado que podría generar angustia. Más allá de los trámites, de la lentitud de la Justicia y de la necesidad de la existencia de un chico en condiciones de ser adoptado, para aceptar un niño que nace en otro vientre es preciso superar algunos temores, fantasmas y rígidas fronteras psicológicas. 

El deseo de ser padres debe ser la motivación principal a la hora de adoptar a un bebé o niño. Y en ningún caso debe responder a pretensiones egoístas de los padres como sentirse solos, solucionar un conflicto de pareja, haber sufrido la pérdida de un hijo o no poder tenerlos. 

Suelen surgir algunas dudas sobre los sentimientos que puede despertar este hijo que no ha crecido en el vientre de esa madre, ¿podré quererlo igual que si fuese biológico? Desde la teoría psicoanalítica, tanto la paternidad como la maternidad son funciones que van mucho más allá de quien biológicamente haya dado la vida. 

Llevar a un niño en el vientre no convierte en madre ni asegura un vínculo afectivo. El amor surge del contacto, la convivencia, el compartir; el amor aparece y va creciendo, se va construyendo en la relación con el ser amado. 

Así como este amor suele iniciarse antes del nacimiento del hijo biológico, también comienza antes de recibir al hijo adoptivo, porque en ambos casos se desarrolla un vínculo afectivo durante la espera. 

Cuando se desea formar una familia, los futuros padres sueñan sobre cómo será su hijo, poniendo en ello deseos y expectativas. 

Este proceso constituye una importante etapa de preparación para la constitución de la familia y ayuda a asumir los roles parentales ante la llegada del hijo, momento en el que se hace necesario desprenderse de la fantasía para asumir al hijo real.

Todo niño merece contar con una familia que lo acepte por lo que es y no por lo que se espera de él y que no debe satisfacer las expectativas de sus padres para ser amado. No es el niño quien debe adaptarse a la nueva familia, sino que se realiza una adaptación mutua, donde padres e hijos se conocen y se apropian entre sí, en donde todos aportan a la formación del sistema familiar. 

Así, a medida que se conozcan e interactúen se irá desarrollando el vínculo, el amor irá creciendo y fortificándose en la vida cotidiana. 

Sería fundamental, antes de iniciar los trámites de adopción, decir adiós al embarazo y al parto soñado y al hijo imaginario que se había creado en nuestra mente. 

 Para ello es necesario tomarse un tiempo y ser consciente de que, aunque este proceso resulte difícil y doloroso, es imprescindible para recibir con los brazos abiertos a nuestro futuro hijo, y que la adopción resulte una experiencia positiva.

 (*) La autora es licenciada en Psicología (MP: 40.256) 
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