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UNA NOTA DE COLECCION

Pato Alarcón: “Para mí El Gráfico era la Biblia”

11|03|18 21:30 hs.

Por Juan Berretta  


Miguel Alarcón abre la puerta de su sencilla casa del Barrio Fonavi y muestra con orgullo lo que había preparado junto a su mujer durante todo el día. La cocina se había transformado en un enorme y caótico kiosco de revistas. Algunos ejemplares en el piso, otros en sillas, otros sobre una mesa y muchos más formando pilas en cada rincón del ambiente. El Gráfico está en todas partes. 

De eso se trata el encuentro, de la colección de El Gráfico que tiene el Pato, un amante incondicional de la revista que dejó de publicarse a fines de enero, justo cuando estaba a 15 meses de cumplir 100 años. “Cuando me enteré que había cerrado me quería morir. Yo crecí con esto, yo aprendí a leer con esta revista, para mí El Gráfico es la Biblia, es mi libro de cabecera”, cuenta mientras mueve ejemplares de un lugar a otro.

“La desaparición de esta revista no puede pasar inadvertida, esto es cultura… Hoy miro cada uno de estos ejemplares y sigo quedándome maravillado. Es el maravilloso mundo de El Gráfico. Así tendrías que titular la nota, sí, ‘El maravilloso mundo de El Gráfico’”, insiste.

Tesoro

 “Esta colección es un tesoro que no tiene precio. No la vendería ni por toda la plata del mundo. Porque para mí tiene un valor sentimental, no económico”, dice. En su casa, el Pato sólo tiene un tercio de la colección, los otros dos están repartidos en la quinta de su hermano y en la vivienda de Alberto Porzio. 

“Imposible tener todo junto. Tengo ejemplares desde 1947 hasta 2017”, explica. Porque como un anticipo del destino, el último “Gráfico” que tiene Alarcón es el de diciembre pasado, en el que la tapa fue Javier Mascherano. “La última edición fue la de enero, que está Holan (Ariel, el técnico de Independiente) en la tapa, pero a Tres Arroyos no llegó”, asegura.

Mientras habla, el Pato se va apasionando con el repaso de los ejemplares que a propósito dejó más a la vista. Entonces, empieza a tirar los nombres que ilustran esas tapas. “Está un poco mezclado, pero vale. Mirá a Lautaro Martínez, a Maradona, a Fangio, a los hermanos Gálvez, a Enzo (Francescoli), a los hermanos Emiliozzi, a Mario Boyé, al gran Amadeo Carrizo, a Angel Labruna, a Bernabé Ferreyra, a Arsenio Erico, a Monzón, a Vilas, al Rata Ratín… Esto es maravilloso”, resume visiblemente emocionado.

“En esta tenemos al Gitano Juárez, que fue el maestro de Menotti, posando en la cancha de Racing. Oscar Pezoa, el ciclista campeón de resistencia en 1950, a Miguel Alberto Nicolao, el 2 de Boca”, continua su raid. 

Y con orgullo muestra los 15 ejemplares especiales que se publicaron antes de la Copa del Mundo que se disputó en nuestro país en 1978.

Entonces hace un alto para agradecer a la familia Porzio, que fue la que le cedió la colección que va desde 1947 hasta mediados de la década del 80. Además, le entregaron una láminas de 1935 con distintos protagonistas. Pero también, recibió aportes de otros amigos que le cedieron ejemplares, conociendo el valor que tenían para él. “Omar Pinelli, Luisito San Román, el papá de Natalia Di Paolo, el puntano Reina, Dora Muda”, suelta los nombre de las personas “con quienes tengo un gran agradecimiento”.





Amor a primera vista

La relación entre el Pato y El Gráfico comenzó a mediados de la década del 60. La familia Alarcón vivía en Ameghino al 1400, cerca del puente Faraónico y hasta ahí llegaba con su carro el “Osito” Defendis, el canillita que cada martes dejaba la revista. “Antes de empezar la primaria yo ya sabía leer gracias a esta maravilla que era El Gráfico… Espera con ilusión su llegada todos los martes. Y así, por la pasión que tengo por el deporte en general y especialmente por el fútbol, empecé a juntar los ejemplares”, recuerda.

Mientras habla y tira todo tipo de datos -siempre con precisión-, apoyado en su potente memoria, surge una pregunta que lo obliga a pisar el freno, a mirar hacia atrás y a emocionarse. “¿Qué me generó revisar todos estos ‘Gráficos’? Me trasladé en el tiempo, a la época que los domingos a la mañana escuchaba por radio las grandes carreras de Turismo Carretera con mi viejo -yo era hincha de Carlos Pairetti-, o cuando íbamos a verlas a la ruta; y cuando por la tarde escuchábamos los partidos de Racing. Todo eso me vino a la mente, es algo mágico”, asegura con la mirada vidriosa.

“Y también todo lo que significaba el martes para nosotros. Porque eran tiempos en los que no se televisaban los partidos, y muy pocos tenían televisión además, entonces los goles yo los veía en El Gráfico, de la mano de los grandes fotógrafos que siempre tuvo”, agrega. “Esto seguro es algo que los chicos de hoy no podrán llegar a entender, lo mágico que eran aquellos tiempos gracias a esta revista”, aclara.





Mi mundo

Entonces, ya con la emoción brotándole por todos los poros, cuenta que gracias a El Gráfico viajó por todo el mundo, “porque no sólo aprendías o te enterabas de cosas y personajes relacionadas con el deporte, también te ubicaba, te contaba cosas de otros países, de otros lugares”. Eran tiempos que para los Alarcón el contacto con el mundo fronteras afuera de Tres Arroyos venía de la mano de la radio que una vez había comprado la mamá. “Entonces, esta revista significaba mucho para nosotros”, indica. 

Al Pato le gustó leer desde siempre. Hábito que ejercitó con El Gráfico, entre otras revistas de la época. “Las notas eran un encanto, leer a Frascarita y Borocotó, a Osvaldo Ardizzone, a Juvenal, era un placer. Con el tiempo la cosa fue cambiando y la revista también. De la última etapa me gustaba leer a Diego Borinsky”, explica.

Alarcón habla, y siguen pasando las tapas, las ediciones especiales, aparecen Maradona, el Beto Alonso, el Tolo Gallego, el Racing de José, la selección campeona en México, el gran Delfo Cabrera, y así podemos seguir páginas enteras.

“Aunque sabés una cosa, vos podés tener todos estos ejemplares, pero eso no es lo importante, lo valioso es saber el contenido, conocerlo, saber uno por uno quién es quién. Yo esta colección no la tengo por tener, sino que la tengo estudiada, porque me apasiona”, asegura.

Y por eso también, explica que cuando él ya no esté, quiere que sus ‘Gráficos’ queden en buenas manos. “No quiero que esto se pierda. Me gustaría que lo agarre un loco como yo, que lo valore, o si no que vaya a un museo o a una biblioteca. Esto es algo muy valioso”, dice.

Se apaga el grabador, pero la voz de Alarcón sigue encendida, y el hombre continúa hablando de sus ‘Gráficos’. Ya en la despedida, cuando la tarde se hizo noche, asegura convencido: “El Gráfico se merecía una nota de homenaje”. Un excelente punto final.





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