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Carta de Lectores

Escribe Juan Francisco Risso

Dichos y frases hechas

25|03|18 19:30 hs.

Por Juan Francisco Risso


Hay un diccionario Espasa de dichos y frases hechas. Tras hojearlo no encontré la que busco. Y sigo buscando. Encontré otra. ¿Se la cuento? 

Pero antes veamos el escenario. Coincido con alguien que dijo que la historia de la humanidad es la historia de las migraciones, de las conquistas y de las mestizaciones. España, por ejemplo, fue invadida por los moros, invasión que duró 8 siglos. Terminó en 1492 cuando se rindió Granada, último bastión de los moros. Nuestra iglesia católica tenía a su Santiago Matamoros, como coach. Se aparecía en sueños e incentivaba guerreros. 

Y bien, en 1426 unos caballeros de Jerez de la Frontera secuestraron al alcaide de ronda, Abdalá, y a su sobrino Hamet. Al-caid es palabra árabe: el juez. Como alférez -el jinete-, alguacil (al-uazir, el lugarteniente) etcétera. 

Ya secuestrados, estos caballeretes pidieron un fuerte rescate, que Abdalá se las apañó para efectivizar. Y tras contar alegremente las brillantes y sonoras monedas… lo largaron. Pero no a su sobrino, por el cual tuvieron la ocurrencia de pedir lo que hoy llamaríamos… un plus. 

Ahí se pudrió todo, el caso llegó a la corte castellana, donde el rey Juan II enfrentó a estos caballeros, diciéndoles que hasta ahí habían llegado, y que se dejaran de joder. Funcionó. En todas esas idas y venidas, alguien dijo que estos caballeros querían el oro y el moro. Y que así no era. 

Se non é vero, é ben trovato. Frase de Giordano Bruno. (Lo googlea usted). También le quedará un leve sabor amargo de que la ley se cumple y no se cumple. Y que la justicia funciona y no funciona. Y que vivimos en un universo donde todo es… más o menos. Si yo digo “Prohibido salir sin cabeza” todos cumplen. Si digo “Prohibido respirar” nadie cumple. Bueno… vivimos en mitad de eso. La frase pudiera ser de Hans Kelsen. Googlee. Porque según la leyenda, no se sancionaba el secuestro ni el rescate. Pero se ponía coto a aquello de querer… el oro y el moro. 

Así y todo me quedé con las ganas de saber por qué a la ocasión la pintan calva. Hay quien dice que era una diosa, hermosa pero… calva. Imposible de asir por detrás. No sé. Le propongo un cambio, a modo de adelanto: le cuento algo que lo ilustra de primera. 

Hace treinta años conversaba con un señor alemán. Verdadero alemán, grandote, de tez blanca como buen ario y pelo rubio cortado a cepillo. Tampoco dudo que traería su infaltable cuota de nazismo. Había peleado con las SS Waffen. Pero en esa ocasión me contó un cuento de su propia infancia. 

Comenzó murmurando unas palabras para sí en alemán, y elevando la voz a tono normal dijo: “Un guerrero entra a una barbería”. Otro murmullo, y agrega: “Le doy diez monedas de plata a quien me afeite bien”. Acudieron a su lado todos los barberos que trabajaban allí, brocha en mano, ofreciéndose. Nuevo murmullo. “Pero si me corta, lo mato”. Al punto se retiraron todos, menos un aprendiz. Le enjabonó el rostro, tomo su navaja y lo afeitó en forma perfecta. El guerrero se levantó de la silla, se miró al espejo, su rostro expresó satisfacción y tomó de su bolsa las diez monedas de plata. Mientras las entregaba, preguntó al aprendiz: “¿Y no tuviste miedo?”. El aprendiz respondió que no. “¿Y por qué no?”. El jovencito lo miró y le dijo: “Porque si lo cortaba, lo degollaba”.