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Carta de Lectores

Psicología

Ser padres: una difícil tarea

01|04|18 10:48 hs.

Por Claudia Torres (*)


A ser padres no nos enseña nadie, es algo que aprendemos día a día y si tenemos más de un hijo, sabemos que el trato con cada uno de ellos se dará de manera diferente. En muchas ocasiones se nos presentan dudas y confusiones que deberemos ir sorteando de acuerdo a las circunstancias. 

Solemos poner en nuestros hijos expectativas propias, sueños que no hemos podido cumplir, deseos de que “sean lo que yo no pude ser”…una carga pesada y dura de sobrellevar para ellos. El pediatra de mis hijos, solía decirme cuando ellos eran chicos: “Tenemos que ver el hijo que tenemos, no el que queremos. El niño real, no el que imaginamos”. 

Gracias Marcelo, por estos consejos, me ayudaron a bajar a tierra mis expectativas. Tengamos en cuenta que la autoconfianza, la autoestima, la seguridad, la capacidad de compartir y amar, e incluso las habilidades intelectuales y sociales, tienen sus raíces en las experiencias vividas durante la primera infancia en el seno familiar. 

En un hogar donde se respira un ambiente de cariño, de respeto, de confianza y de estabilidad, los niños o niñas se crían y se desarrollan psíquicamente más sanos y seguros, y se relacionarán con el exterior de esta misma forma, con una actitud más positiva y constructiva hacia la vida. 

Nuestras actitudes y comportamientos como padres, en ocasiones no suelen ser los más acertados y podrían afectar a nuestros hijos de maneras muy diferentes. 

Algunos padres pueden tener una tendencia sobreprotectora, esto puede ocasionar dudas a la hora de la toma de decisiones de los hijos y por lo tanto, la necesidad de la aprobación permanente para llevar a cabo las diferentes actividades en sus vidas cotidianas. 

Otros que son demasiado exigentes con sus propios hijos y que no toleran sus fracasos. Estos padres críticos, son demasiado perfeccionistas y esperan que sus hijos lo hagan todo bien, y piensan que la manera de conseguirlo es recordándoles sus errores una y otra vez. 

Este tipo de comportamiento puede provocar serios problemas para sus hijos en el futuro y, en ocasiones, un daño psicológico y emocional que puede acompañarles el resto de su vida. 

Una de las causas de esta conducta puede ser la baja autoestima del padre, un tremendo sentimiento de inferioridad e incluso una personalidad perfeccionista. 

Algunos son extremadamente autoritarios, son aquellos que obligan a sus hijos a comportarse de determinada manera sin tener en cuenta sus necesidades y emociones. Son intolerantes e inflexibles y los hacen sentir mal, mostrándose incluso agresivos cuando no actúan como ellos desean. 

Son padres que muestran una comunicación escasa con sus hijos e intentan criar niños obedientes, pero también muy dependientes. Al ser poco afectuosos, sus hijos suelen acabar siendo poco alegres o espontáneos. También es posible encontrar padres demasiado críticos. 

Aquellos que raramente elogian a sus hijos y no suelen ser conscientes de que no saben que con sus reproches continuos acaban reforzando el mal comportamiento que pretenden corregir. Criticar trae consigo juzgar, censurar y condenar, y esto hace que los hijos se pongan a la defensiva y respondan con hostilidad y desconfianza. Los hijos necesitan sentir el cariño de sus padres, en cualquier etapa de sus vidas. 

El cariño del hogar puede ayudar a pasar los malos ratos y crea vínculos afectivos. Los modelos familiares que no tienen su base en el afecto y la confianza, pueden provocar problemas en las relaciones interpersonales de los hijos en el futuro. La comunicación es básica en las relaciones interpersonales, porque puede evitar muchos conflictos. 

Pero en el caso de la relación padre-hijo es especialmente necesario porque puede ayudar al hijo a sentirse querido. Los padres poco comunicativos evitan tener conversaciones con sus hijos y no tienen en cuenta sus necesidades. 

 De hecho, los padres tendríamos que tener presente, no solo lo que decimos, sino también, cuándo y cómo lo decimos, además de tener una escucha activa con nuestros hijos. Algunos padres no están a gusto con sus propias vidas, por ejemplo, por sentirse fracasados en su trabajo. 

Como consecuencia de ello, su autoestima puede estar baja y pueden mostrarse bastante irritables y poco pacientes. Estos padres, además, pueden cometer el error de proyectar sus fracasos en la gente que les rodea, especialmente a aquellas personas cercanas, como sus propios hijos. 

Mientras algunos pueden culpar a sus hijos por sus fracasos, otros pueden proyectar sus sueños fallidos o expectativas no cumplidas en los más pequeños. 

En otras palabras, pretenden que sus hijos vivan la vida que ellos no han podido vivir. Por ejemplo, obligándoles a realizar algún deporte o actividad que los niños no disfrutan realizar. La preocupación de los padres porque sus hijos tengan la vida que ellos desean puede hacer que acaben eligiendo su carrera profesional u oficio en función de los gustos de sus padres. 

Por ejemplo, algunos hijos pueden destacarse como artistas y pueden ser felices desarrollando su pasión, pero, en cambio, acaban estudiando una carrera más tradicional y dedicándose a algo que no les hace plenamente felices. Cada uno debe vivir la vida en función de sus propios sueños y expectativas, no reproducir la de sus progenitores. 

Como decía al principio de la columna, nadie nos enseña a ser padres y tampoco existe una guía que nos ayude a llevar a cabo esta tarea, lo que deberíamos tener en cuenta, es qué estilo educativo queremos promover, y tener una cierta coherencia a la hora de transmitir un estilo de crianza u otro. 

Si los padres están de acuerdo en la mayoría de los límites y actitudes que deben incentivar en sus hijos, y realizan el acompañamiento de un modo afectuoso y cercano, es probable que estemos originando en ellos condiciones que les faciliten el crecimiento y su vuelo hacia una vida independiente.  

(*) Lic.Claudia Eugenia Torres 
M.P.:40256 
Lic.claudiatorres@outlook.com 
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