115 años junto a cada tresarroyense

ST 11. 4°
Despejado

Opinión

Primera entrega

Mayo de 1968: Hace 50 años ¿París era una fiesta?

02|05|18 21:31 hs.

Por María Cristina García


En el “Mayo francés” coincidieron actores tan dispares como los universitarios desencantados, los trabajadores descontentos, millones de jóvenes movilizados contra la guerra de Vietnam y pueblos de los cinco continentes deseosos de libertad. 1968 es uno de esos años constelación, en los que sin razón inmediatamente explicable coinciden hechos, movimientos y personalidades inesperadas y separadas en el espacio. 

Diversos países se conmueven a lo largo de este año con la rebelión estudiantil. No se trata sólo de una lucha generacional. Ahora son Francia y EE.UU., Japón e Italia, España y los países del tercer mundo, los que se agitan con la furia estudiantil. En cada nación el conflicto reconoce algunas causas particulares, pero hay rasgos comunes. Y de estos rasgos el principal es el rechazo al “status”. 

El modelo o los líderes de la rebeldía, ya no están en Moscú; ahora se lee a Mao, a Marx, a Fidel Castro y al Che Guevara. En abril de 1968 crecen las noticias de rebelión en La Paz (Bolivia), los estudiantes abuchean y arrojan piedras contra el presidente René Barrientos, quien se ve obligado a salir por una puerta lateral. 

En Colombia los estudiantes reclaman la autonomía universitaria (el año anterior el gobierno estableció dentro de la Universidad, un puesto policial permanente). En Tokio afiliados a la organización de izquierda Zengakuren, pertrechados con escudos y bastones enfrentan a la policía. En Polonia y Brasil también se protesta contra el régimen existente. En Francia todo comienza en Nanterre en 1967.

La Facultad de Letras de Nanterre fue inaugurada en 1963 en un suburbio al oeste de París. Eran funcionales edificios que debían servir de modelo para el nuevo Estado degaullista, habían sido construidos en una zona poblada por antiguas fábricas, con maquinarias obsoletas y sus trabajadores,los más explotados de la región parisina, vivían en las villas miserias que circundaban el recinto universitario. 

La tasa de crecimiento de la población universitaria francesa (121% en el período 1961/1967) era la más elevada de Europa Occidental y la proporción de estudiantes que obtenían título apenas llegaba al 30 %, la más baja del mundo. De Gaulle escribía en sus Memorias de Esperanza, “la universidad podría recuperar su eficacia y esplendor con una doble condición; ante todo contener la inflación, y luego, desmultiplicar las disciplinas tradicionales: letras, ciencia, derecho, creando otras nuevas, de modo que se diversifiquen los caminos ofrecidos a las aptitudes”. 

Esta decisión limitativa del presidente fue un punto de conflicto. En 1968 el huracán se desencadenó. Pero Nanterre había preparado el terreno. En el nuevo edificio universitario estaba prohibido mover muebles o colgar cuadros . Tampoco se permitían reuniones sociales, religiosas o políticas. En enero se había formado un comité para pedir a las autoridades universitarias, mayores libertades dentro del campus. 

¿Qué decían los estudiantes sobre su universidad? “Dicen que vivimos en la sociedad de la abundancia, pero en la universidad sólo hay abundancia de alumnos y carencia de todo lo demás. Sólo en la Sorbona hay 160.000. No cabemos en las aulas y debemos escuchar las clases en los corredores, a través de un sistema de megáfonos. Más de 30.000 estudiantes desean consultar la biblioteca, pero sólo hay cupo para 500 lectores. Nos vemos obligados a preparar las clases y exámenes en los cafés, o en los jardines públicos, cuando el tiempo lo permite. En estas circunstancias hemos perdido el contacto con los profesores. Casi todos se limitan a dictar la misma cátedra desde hace 30 años, sin que el alumno tenga la posibilidad de poner en duda esa… enseñanza, rara vez revisada o puesta al día…la iniciativa del estudiante es desalentada, la mayoría no lee libros, sólo los apuntes mimeografiados para pasar los exámenes de fin de año. El objeto de la actual universidad es memorizar una cultura muerta dentro de un sistema paternalista”. 


Daniel Cohn Bendit


¿Qué proponían los estudiantes para remediar esta situación? 
- Queremos comisiones mixtas de profesores y estudiantes a fin de discutir la forma y el contenido de la enseñanza. 

- Queremos una gestión compartida de la universidad. No que nos enseñen, sino ejercer un control real sobre la enseñanza a fin de adquirir una cultura que vaya más allá del comercio o la especialización. 

- Queremos un nuevo contrato de enseñanza, pruebas de control en vez de exámenes, con participación de estudiantes en el jurado. 

- Queremos instituciones más ligeras, renovables, abiertas y modernas en beneficio del estudiantado de origen obrero. 

- Queremos actuar como adultos, establecer una relación auténtica entre nuestros estudios y nuestra futura actuación profesional. 

- Queremos aprovechar la tecnología moderna en favor de cada hombre, e impedir que se convierta en una abstracción. Para nosotros las conquistas de la ciencia y de la técnica moderna deben servir al hombre y no a las estructuras que lo enajenan. 

- No queremos una ciencia al servicio de una burocracia sin rostro y utilizada para deformar a una población apática.

Con nosotros están el físico Alfred Kastler, el sociólogo Edgard Morin, el filósofo Paul Ricoeur, el químico Laurent Schwarz. Para ellos, como para nosotros, la Universidad no es el lugar donde se oponen nuestra ignorancia y su saber, sino que ambos representamos dos formas de querer saber. 

Finalmente, el 21 de marzo un grupo de unos 150 estudiantes entró al sector del dormitorio de las chicas pidiendo libre circulación por el Campus y se negó a abandonar el lugar a pesar de las amenazas del rector. Al caer la noche llegó la policía, arrestó a los ocupantes y se los llevó en camiones hasta la comisaría de la zona. 

Todo esto a pesar de que la policía no podía actuar dentro de las Universidades, una restricción que seguía vigente, que había sido instaurada en la Edad Media. 

Comenzó a circular una lista de 29 estudiantes que iban a ser expulsados. Hubo protestas de profesores y todo quedó en la nada, hasta noviembre en que se realizó otra gran marcha contra el “Plan Fouchet” que fue acompañada por otras universidades del país. 

Había nacido el Movimiento 22 de Marzo que comenzó a organizar a los estudiantes y lideró las revueltas de mayo, cuya figura más importante es el estudiante Daniel Cohn Bendit, de 23 años, que cursa sociología, nacido en Francia, hijo de padres alemanes. El 28 de abril Cohn Bendit fue arrestado y un consejo de disciplina lo interrogó: 

- ¿Estaba usted en la facultad el 22 de marzo?, preguntó el presidente del Tribunal. 

- No, contesto Dany el Rojo. 

- ¿Y dónde estaba? 

- En mi casa. 

- ¿Y qué hacía en su casa a las 3 de la tarde? 

- Hacia el amor señor presidente. Algo que seguramente a usted jamás se le ocurrió.   

El juicio quedó en la nada. El consejo de la facultad decidió emitir a los estudiantes que se reunieran en el anfiteatro de la Universidad, ya rebautizado con el nombre de Che Guevara. En ese clima, los militantes del 22 de marzo preparaban una jornada antimperialista para el 2 de mayo en Nanterre. 

En una de las varias asambleas asistió un miembro destacado del Partido Comunista Francés, Pierre Jukin, y lanzó una diatriba en contra los estudiantes ; “los agitadores, hijos de papá, impidieron a los hijos de los trabajadores hacer sus exámenes”.

Pierre Jukin tuvo que salir corriendo, los maoístas lo amenazaban con palos. El decano ese mismo día decidió cerrar la Universidad. Las aulas sólo serían abiertas para dar los exámenes de fin de año. El Movimiento 22 de Marzo decidió que la próxima asamblea se realizara en el patio central de la hermana Universidad de la Sorbona. 

El conflicto se trasladaba al corazón de París. La gran movilización comenzó el 3 de mayo con el acto de solidaridad con los estudiantes de Nanterre en el patio de la Sorbona. Simultáneamente circulaban ejemplares de L’Humanite , órgano oficial del comunismo, en el cual se incitaba a “desenmascarar a los falsos revolucionarios”, agregaba que “a los pequeños grupos de izquierda es necesario combatirlos y aislarlos. Se trata de seudo -revolucionarios, hijos de grandes burgueses, entre ellos el anarquista alemán Cohn Bendit”. 

Alrededor del mediodía, se inició el mitin con la llegada de los militantes del Movimiento 22 de Marzo, que fueron calurosamente recibidos. Habló en su representación Cohn Bendit y la reunión terminó en calma. Pero a las 15 horas, los estudiantes recibieron la noticia que por el boulevard Saint Michel avanzaban cien integrantes del grupo neo-fascista Occidente pertrechados con cachiporras y cascos al grito de “Vietcong asesino”. 

Intervino la policía impidiendo que se acercaran a la Sorbona, mientras en el patio de la Universidad se realizó una sentada improvisada, porque el rectorado negó el uso de las aulas. Una hora más tarde el rector Roche comunicó a los estudiantes que debían abandonar el lugar. Inmediatamente los activistas del 22 de Marzo instruyeron a los estudiantes en sus técnicas de lucha. 

A las cinco de la tarde la policía armada invadió la Sorbona y detuvo a 527 estudiantes, que fueron llevados en camiones celulares a las distintas comisarías de París. Media hora más tarde estalló la respuesta estudiantil en las calles, muy violenta.

Contra las fuerzas policiales y sus vehículos volaron botellas, ceniceros, pomos de mostaza y otros proyectiles. De inmediato el barrio Latino se convirtió en escenario de continuo estallido de gases lacrimógenos; las manifestaciones nacían espontáneamente, bloqueaban el tránsito, hostigaban a la policía con piedras, recogían del suelo las granadas y las devolvían. 

Dice la crónica diaria: “…un grupo de muchachos intenta levantar un auto para llevarlo hasta el centro de la calle, mientras un fotógrafo quiere registrar el hecho. Lo consiguen, el auto queda en el centro del Boulevard Saint Germain, mientras otros estudiantes arrancan las verjas que protegen a los plátanos. Con las barras de hierro empiezan a levantar los adoquines de la calle. El grupo se organiza: cuatro verjas apiladas de canto en el centro del bulevar, sirven de protección al coche que ahora vuelcan: una verdadera barricada, la primera. Los CRS responden con gases lacrimógenos de excelente calidad”. 

A las 11 de la noche, tras ocho horas de disturbios, la policía podía comunicar que se había restablecido la calma: ciento veinte heridos, sesenta de ellos estudiantes, algunos con heridas serias, pero al parecer ninguno grave.

Según el parte oficial, en los disturbios resultaron heridos 84 policías aunque sólo 5 fueron hospitalizados. Trece vehículos policiales fueron vandalizados. Los diarios del sábado hablaban de la noche roja del viernes y decían que la actuación de la policía había sido de una rigurosidad pocas veces vista. 

Durante el fin de semana fueron procesados y enjuiciados los estudiantes. Cinco de ellos recibieron penas de cárcel. La sentencia de seis meses de prisión contra un estudiante y militante católico llevó al Premio Nobel Alfred Kastler, a pedir su inmediata libertad. 

El lunes, las facultades fueron cerradas y ocho estudiantes, entre ellos Cohn Bendit, fueron convocados ante el Consejo de disciplina de la Universidad de París. Tres destacados profesores: Alain Tourain, Paul Ricoeur y Henri Lefebvre se prepararon para defender a los estudiantes. 

Los acusados se negaron a responder, algunos a testificar, mientras afuera se sucedían los gritos y las amenazas. Los jueces comenzaron a salir de la sala por miedo a represalias. 

La audiencia fue pospuesta para el día siguiente y los ocho convocados fueron recibidos como héroes por sus compañeros que los esperaban en la puerta de la universidad. El Gobierno trataba de minimizar lo que estaba sucediendo, aunque se sabía que algunos ministros manifestaban su preocupación por lo sucedido. 

Al día siguiente estudiantes y obreros convocaban a la huelga general. La agitación estudiantil se propagaba por las provincias y el diario comunista “L´Humanite” advertía en su edición dominical: “Las graves consecuencia a las que conduce el aventurerismo político, aun cuando se disfraza tras una fraseología revolucionaria”. 

Te interesaría leer