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Tomy y Mecha: dos humanos ignífugos

13|05|18 09:52 hs.

Por Horacio Arbasetti

La vida siempre da sorpresas, máxime cuando se trata de gente joven, pujante y con ganas de sobreponerse a todo. El caso de Tomás Furmento y Mercedes Laura es una fiel demostración de esto, ya que luego de un grave accidente sufrido por Tomy el 29 de agosto de 2017 -mientras estaban trabajando en Australia- todo cambió. 

El hablar con los dos esto lo demuestra cabalmente y es Tomy quien toma la posta contando cómo fue esto de irse a vivir fuera del país, hacer una experiencia de este tipo porque “nosotros teníamos organizado el casamiento y el mismo trabajo que tengo hoy me lo ofrecieron en 2016. Y la verdad que estábamos con esos dos caminos. O nos veníamos para algún lugar del interior o nos íbamos de viaje. Nosotros lo decidimos, lo masticamos y nos tiramos a la pileta. Pero a pesar del accidente todo nos salió redondo”.


En el Lago Pukaki, Nueva Zelanda


Por el mundo 
El viaje en sí comienza con la “luna de miel en Filipinas. Estuvimos un mes recorriendo. Después tres meses en Nueva Zelanda, trabajamos un mes en un tambo y luego compramos una van (una combi) y la hicimos nuestra casa. Nueva Zelanda es un país hecho para vivir al aire libre. Hay mucho verde, mucha montaña. Siempre con el mar como fondo del paisaje. De ahí nos fuimos a Australia. Caímos en Sidney, allí durante dos meses trabajamos haciendo de todo. Allá cualquier trabajo es digno y bien pago, con lo que ganás te podés alquilar algo para vivir lindo, comer bien y ahorrar plata. De lo que ganas la mitad la podés ahorrar, algo que cuando volví a la Argentina me di cuenta que no era posible. Aparte allá se paga por hora y por semana”. 

“Después de estar en Sidney nos ofrecen un trabajo en el Outback, que es la parte retirada de Australia, el desierto. Ahí estuvimos seis meses trabajando en un campo ganadero donde tuve el accidente. Nos quedaban diez días de trabajo, ya habíamos presentado la renuncia para poder recorrer la costa este Australiana y de ahí a Europa. Pero bueno fue todo boicoteado por el destino”.  


En plena jornada laboral, en el norte de Australia


- ¿Qué es lo que les pasa cuando la vida les mete una zancadilla estando tan lejos de todo? Los dos solitos. 
- En realidad lo bueno de todo esto es que yo siempre estuve consciente. A los dos minutos de haberme quemado, me di cuenta de que había metido la pata y sabía lo que se venía. Le dije a Mechi que hiciera el bolso que nos íbamos al hospital, porque el dolor que sentía era grande y que iba a durar un tiempo. Pero sabía que iba a estar bien. Para ella fue difícil, la verdad es que cuando me vio prendido fuego su grito fue como el de una película de terror en el que después de eso viene un silencio como el de misa. Yo tuve buenos médicos del dolor, psicofármacos para poder dormir y estar tranquilo, hay cosas de las que no me acuerdo. Obviamente que hay cosas que no me acuerdo pero Mechi la pasó tan mal o peor que yo, eso es lo que íntimamente creo. Pero lo mejor era cuando despertaba a la mañana y me encontraba con su sonrisa, era como visualizar un lago hermoso y al fondo, la montaña, algo que jamás voy a olvidar.  


En plena jornada laboral, en el norte de Australia


Pero mi fortuna no termina ahí, imaginate que mis viejos se teletransportaron casi de inmediato. Me costó mucho digerirlo y llorarlo. Me acuerdo que lo hice cuando me dieron el alta y volvimos al departamento. Y lo hice de agradecido, de no haber vivido esto solo (y lo hace casi quebrado de la emoción) por un error mío. Es una de las cosas más lindas del mundo el sentirse acompañado en estos momentos. Y además por la calidad de gente que estaba cerca o a la distancia”.

Algo que también a Mechi le impactó “porque ese fue el momento en que realmente me pude relajar… Fueron casi un mes de angustia y ahí sí lloré mucho”.

En cuanto al tiempo que duró este período entre que lo internan y le dan el alta médica “fue más o menos un mes. Luego tuve un tipo de púrpura, que es una enfermedad autoinmune. Ahí me volvieron a internar unos días, pero después me dieron el alta definitiva. Luego estuvimos un mes en Brisbane, ya que ahí está el Hospital de Queensland y en noviembre volvimos a Tres Arroyos”.


Mercedes y Tomy, de campamento en el Glaciar Franz Josef, en Nueva Zelanda


- ¿Y cómo fue esto de volver a la Argentina? 
- La verdad es que uno puede tener planes pero la vida siempre los altera. Nosotros teníamos ganas de volver a Tres Arroyos. Mechi es de Orense pero sus últimos años de cole los pasó acá. Vivimos diez años en Buenos Aires pero estábamos cansados de la locura de allá, los horarios, el transporte. Tuvimos una entrevista de trabajo allá pero vimos que la vida allá seguía igual y no queríamos eso. Volvimos acá y a Claromecó unos días, a pesar de que no podía exponerme al sol. Y un día al ir al banco me encuentro con Andrés Gilardoni -mi actual jefe en Agrocereales del Puerto- quien me ofreció trabajo. Yo soy un hombre de fe y en ese momento sentí como que Dios me decía salí de tu casa y ponete en marcha. Contento por cómo se dio todo, conseguimos esta casa y se fue dando esto. Mechi trabajando para diferentes ingenieros agrónomos. Yo creo que las cosas te pasan y cómo las vivís es tu salsa”. 

- En que te cambió como persona esto, tu vida cotidiana.
- Lo que más me afectó es que yo tengo un traje que debo usar 23 horas al día y es incómodo. Además tiene un toque de factor psicológico por el que te ve. Está bien que la vida es circunstancial y hoy tengo este traje y no quiero usarlo. A pesar de que el tiempo que lo voy a tener es durante unos seis meses más. Lo peor ya pasó, los accidentes pasan, hay enfermedades peores, hay cosas peores. Esto no es gratis, te tenés que cuidar un poco, yo tardo media hora en ponerme crema, en ponerme el traje pero la puedo contar. 

- Cómo es esto de estar de nuevo en Tres Arroyos, le pregunto a Tomy. 
- Es muy lindo, reencontrarme con las viejas juntas, con amigos de mis viejos, con amigos nuestros que estaban contentos de volver a vernos, más cuando volvés de viaje y después de estar 10 años lejos de la ciudad. Es otro estilo de vida el que tenemos acá, distinto, nosotros estábamos más acelerados. Por ahí acá hay que bajar un par de cambios”. 



En el caso de Mechi, “es lo ideal. Yo que venía de Orense a mí siempre me gustó esta ciudad. Tiene todo o casi todo lo que nosotros necesitamos hoy por hoy. Nosotros vivimos la etapa de estudiantes en capital y realmente Buenos Aires tiene muchas cosas divertidas, pero sabíamos que era por un tiempo: queríamos volver”. 

“La idea era irnos por un año para luego establecernos acá. Adaptándonos, haciendo amigos nuevos porque no todos los nuestros vuelven, haciendo deporte, con nuestras familias acá. Aparte el día me rinde mucho más. Está todo cerca. Acá compartimos el desayuno, el almuerzo. Es otro ritmo de vida. El nivel de gastos, se vive mucho más tranquilo”.

El futuro 
Como proyecto de vida hoy por hoy para Tomy es “ser un buen esposo, un buen compañero de Mechi. Que ella pueda realizar sus sueños y yo los míos. Crecer desde lo profesional los dos, tener hijos, nuestro espacio compartido. Acompañarnos como lo venimos haciendo desde hace diez años. Desde los 19 que estamos juntos, impresionante como te cambia la cabeza”. 



“Y ser felices y agradecidos, de lo que pasó Tomy salió bien… (dice Mechi mientras se quiebra de la emoción al recordar). Yo tengo una teoría sobre la vida que es responsabilidad de cada uno el cómo ser feliz. Uno puede decir cuando te pasa algo: ¡Hay… quedarse tirado en una cama llorando, pero no se llega a ningún lugar. Pero la vida está para disfrutarla con Tomy, con amigos, con familia, viajando… Nosotros realmente tuvimos una prueba de fuego”… 

“Sí -dice el- Tomy y Mecha: dos humanos ignífugos…” y se miran sonrientes. 


Tras la experiencia, Mercedes y Tomás, al momento de recibir a La Voz Del Pueblo, en su casa de nuestra ciudad


Una compañera total
La realidad de Mechi hoy es su profesión: “Soy agrónoma y estuve trabajando con otros colegas en tareas puntuales por tiempos cortos. Ahora estoy haciendo control de cosecha en un campo en Cascallares y otro en Cristiano Muerto. Y con la posibilidad de tener algo fijo en poco tiempo, desde el 15 de enero tanto Tomy como yo gracias a Dios hemos estado trabajando. Esa es otra cosa de los lugares chicos, lo permite, siempre hay alguien que te conoce. También estoy con un emprendimiento particular, como complemento, pero me quiero dedicar de lleno a la agronomía”. 

Para Mechi esta una oportunidad de poder decir que “si bien es mucha la gente a la que se lo pude manifestar. También es mucha la que se preocupó y transmitir que Tomy está bien. Que si bien se tiene que cuidar del sol y usar el traje, ya el susto pasó. No tiene ningún peligro, no tiene secuelas. Agradecer a todas las personas que rezaron, que hicieron cadenas de oraciones por Tomy, a nuestras familias, a nuestros amigos en Australia que nos recibieron (dice ya muy emocionada), a los papás de él que viajaron. Para mí fue un apoyo bárbaro y muy importante porque sirvió para fortalecer el vínculo con mis suegros, fueron como mis padres allá. Porque te conocés desde otro lugar, yo me sentí muy cuidada y apoyada por ellos”. 



Este tipo de circunstancia a la pareja la fortalece y hace que se puedan conocer desde otros aspectos. “Para todos los que tienen inquietudes como la nuestra de viajar, que se animen, que no dejen de hacerlo. Vale mucho la pena, conocés un montón de gente, de lugares, crecés mucho. Un año como el que tuvimos nosotros pasa muy rápido y también si extrañás podés pegar la vuelta. El miedo más grande es el hecho de conseguir trabajo a la vuelta… A quien quiera hacerlo yo le digo que se anime. Nosotros teníamos una estructura armada, ambos con un muy buen trabajo y sueldo. Pero para salir e irse a viajar es también tener la actitud de hacerlo: dejar tu trabajo y tu vida para hacer otra cosa… yo hablo para quienes la tengan”, señala Mercedes. 

Y agrega muy convencida: “Yo no digo que puedan irse de acá como escapatoria, no. Digo de las personas que tienen la inquietud y no se animan a alejarse de su lugar, de su familia. Hoy estoy haciendo un curso de facilitación ontológica y liderazgo y se me acercó una señora para preguntarme si su hijo podía venir a hablar con nosotros porque tiene una oportunidad similar a la nuestra en Australia. O sea que la inquietud la tiene, el tema es animarse”. 

“Nosotros estábamos muy bien, recién casados, pero queríamos viajar. Siempre lo pienso, el porqué esperar a las vacaciones para disfrutar, por qué no disfrutar el día a día”, agrega Tomy. “Imaginate –dice Mercedes- que nosotros cuando estuvimos de viaje interactuamos mucho con la gente. Cuando estuvimos en Filipinas unos amigos de allá nos invitaron a un asado que ellos llaman barbacoa, ¡de atún…! Nosotros que no comemos mucho pescado. Compartíamos excursiones, salidas…”. 

Y Tomy suma que “los filipinos son gente súper agradable –parecidos a los brasileños- y los kiwis (por los neocelandeses) también. Son gente muy sencilla y muy particular, comparten con vos, te invitan a su casa a quedarte y un paisaje increíble”. 

Cuentan de cómo han transitado esta experiencia de vida con total alegría a pesar de alguna nube gris que tanto Mercedes como Tomás supieron sortear.