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Recibirse vía Zoom, la nueva realidad

Por Emanuel Fredes

Cuántas veces soñaron, aquellos que comenzaron una carrera Terciaria o Universitaria, en el día final, el del último examen. Cuántas veces imaginaron la larga espera para entrar al aula a rendir, la caminata hacia el salón o la espera por la nota luego del examen. 

Cuántas probabilidades había de que la realidad, siempre tan cruda, mueva la estantería y desordene todo lo que estaba planeado o “fríamente calculado”…
Nadie jamás pensó que eso iba a cambiar. Hasta que llegó este 2020 tan difícil de describir y cambió todo. 
Así, los estudiantes de todos los niveles debieron adaptarse a la nueva normalidad (frase tan de moda por estos días) en forma rápida para no quedarse atrás. 
Aquella espera para entrar al aula se convirtió en la espera para conectarse y la caminata hacia el salón se transformó en una nueva sesión en un programa. 
Nuevos modos, nuevas formas, nuevas experiencias retratadas en este informe especial donde tresarroyenses cuentan su camino a la hora de realizar ese último paso en la carrera hacia el diploma


“Fue raro”
Fernanda Elcuaz se recibió de Licenciada en Trabajo Social en la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires en el mes de octubre, luego de defender vía Zoom su tesis.
La cuarentena coincidió con el armado de la misma y la posterior defensa para obtener el título. 
En lo que respecta a los preparativos, Fernanda contó que “fue bastante complejo, sobre todo porque yo lo hice con una compañera y éramos dos para ponernos de acuerdo primero con todo lo que había que escribir, después con mandarlo y que las correcciones nos volvieran porque nuestra directora es obvio que no se dedica solamente a corregirnos la tesis sino que es docente universitaria, investigadora del Conicet y trabaja en una organización de la sociedad civil así que fue un poco complejo encontrarnos y también nos pasó al momento de repasar… mi amiga trabaja, yo acá estoy haciendo cosas y como que no coordinábamos en los horarios y eso fue complicado, pero le pudimos encontrar la vuelta”. 
Más adelante, refiriéndose al momento de defender el trabajo, Elcuaz confesó que “fue re lindo y raro al mismo tiempo porque no tuvimos la oportunidad de repasar, ni de practicar, ni de nada de todo lo que podíamos hacer en la presencialidad así que fue un tema eso, pero después las juradas que tuvimos fueron súper amables con nosotras, fue todo recontra entendible. Desde la facultad además nos asesoraron súper bien en cómo iba a ser el proceso e incluso antes de arrancar a defender la tesis se conectó alguien de Secretaría Académica y nos explicó nuevamente cómo iba a ser el proceso, probamos si se escuchaba bien…”.
Esta experiencia, totalmente nueva, difiere de lo que los estudiantes acostumbran. “Fue raro porque no es de la forma a la que estamos acostumbradas a rendir, durante todos los años que cursamos fue de manera presencial y con otro tipo de intercambios… por ahí en la presencialidad salen más repreguntas u otras cuestiones. También fue extraño en el sentido de que yo tenía a mi familia acá y a algunas de mis amigas expectantes mirando. Además está todo lo que conlleva la cotidianeidad, lo que pasa dentro de una casa, el perro que ladra, alguien que se levanta, algún otro ruido que en lo presencial del aula no pasa”.
Consultada acerca de cómo influyó la pandemia en su caso, explicó que “a nosotras nos influyó para bien, sobre todo al principio. Cuando se decretó la cuarentena nos sirvió mucho para avanzar porque todo el tiempo que teníamos libre era abocado a escribir la tesis. De por sí nosotras ya estábamos separadas, mi compañera vive en Azul y yo acá en Tres Arroyos. Fue complejo porque no nos vimos, todo lo que escribimos lo hicimos a distancia con todo lo que implica hacerlo por Drive y revisar lo que la otra escribe, algo que si hubiésemos estado juntas hubiese sido distinto. Además nosotras nos juntábamos mensualmente con nuestra directora. Todo lo que implican todas las instrucciones y directivas que nos podía dar nuestra directora en la presencialidad lo perdimos, perdimos lo cotidiano”. 
Finalmente y ante el pedido de un consejo para las personas que atraviesan situaciones similares, Fernanda Elcuaz pidió tener “paciencia, porque una se pone ansiosa con esta situación y quiera que todo sea ya. También hay que tener un poco de empatía porque las personas, en este caso nuestras juradas y la directora, tuvimos que esperar que leyeran la tesis, también tienen su vida y además están atravesando esta situación”. 
Los nervios del final 
En octubre, Verónica Morán logró rendir el último final de la carrera y se recibió de profesora en Educación Inicial también en la Unicen.
La situación de ella es particular ya que la cuarentena le llegó a días de rendir ese último examen. “El 22 de abril iba a ser mi último final así que por un mes se me atrasó todo” se lamentó. 
En su caso, los preparativos para este examen estuvieron acompañados por otros cambios. “Me vine de Tandil para pasar los primeros 15 días supuestamente; estaba acostumbrada a vivir sola y me instalé en lo de mi mamá, compartir casa con otra gente me recomplicó a la hora de ponerme a estudiar así que cuando vi que esto iba para largo me conseguí un trabajo, alquilé un departamento y dejé el mío en Tandil… fue todo un trastorno”.
Mientras eso sucedía, Verónica esperaba el momento para rendir. “Al principio dije ‘voy a esperar porque tal vez en dos meses se puede rendir presencial y prefiero’, pero en Tandil empezó a estar todo más complicado, fueron pasando los meses y dije ‘me voy a tener que adaptar’. Me senté a estudiar acá en Tres Arroyos… fue complicado; creo que lo que me pasó fue que perdí mucho el ritmo de estudio en todos estos meses de cuarentena”. 
Para tratar de compensar esta pérdida de ritmo, la joven se organizó y estudió con una compañera. “Lo que hicimos fue que cada una estudie por su lado porque tenemos horarios de trabajo muy distintos y después los fines de semana coordinábamos, hacíamos una videollamada por Whatsapp y charlábamos lo que habíamos estudiado, qué habíamos ido entendiendo y comentábamos entre nosotras porque eso es lo que más nos servía a las dos”. 
Así se llegó al momento del examen final. “Lo vivimos con mucho nervio porque era una modalidad que desconocíamos totalmente” afirmó, y agregó que “en mi carrera siempre son exámenes orales y este al ser virtual nos avisaron que iba a ser escrito; éramos un montón así que nos enviaban unas preguntas en un Word, nosotros editábamos ese documento y los enviábamos. Todo esto a su vez, con camarita por Meet mientras las docentes nos veían mientras escribíamos”. 

Verónica Morán, celebrando su recibida en las calles de Tres Arroyos

¿Influyó que el último tramo de la carrera se haya dado de esta forma? “Siempre agradezco haber podido terminar de cursar antes de todo esto porque no me llevo muy bien con la virtualidad. Me influyó el no saber, que sea todo desconocido. Además me afectó un montón el hecho de haber frenado un montón de meses… cuando cortás y después retomas el estudio es bravísimo”. 
En el cierre y a modo de consejo, Verónica Morán acotó que “lo que a mí más me sirvió fue apoyarme en mis compañeras. Hay que aprovechar todas las herramientas que tengan, que ahora por suerte son un montón e ir llevándolo. Yo sé que no es la recibida ideal, pero es una oportunidad para aprovecharla. Que disfruten el proceso que es el que nos toca ahora”. 
Felicidad sin festejos 
Transcurría el mes de agosto en la ciudad cuando Melina Canziani logró recibirse de abogada en la Universidad Nacional de La Plata.
La ahora letrada tuvo la oportunidad de rendir la última materia de manera libre, por lo que el escenario no terminó variando tanto.
“En mi caso mi última materia la rendí de manera libre, lo que quiere decir que teniendo el material de estudio a tu alcance, preparas la materia en su totalidad solo/a, es decir, no hay una cursada con evaluaciones previas, para después rendir oralmente una mesa especial. En los tiempos que corren esto se dio de manera virtual, lo que sin dudas generó incertidumbre pero no fue tan alejado de lo usual. Nervios y ansiedad no faltaron”. 
¿Cómo se vivió el momento del examen final? “Fue muy lindo y eterno a la vez. Esperar hasta el momento en que cantan tu apellido completamente sola, cuando siempre se da en un aula repleto de alumnos y docentes es bastante tenso, pero una vez que comenzás a rendir el tiempo vuela y parecen segundos. La buena predisposición del docente a los medios tecnológicos fue fundamental”. 
A Melina, esta nueva normalidad le influyó más que nada en la celebración. “Quizá lo más significativo del último tramo es compartirlo con los amigos con los que hiciste la carrera, festejar en conjunto y cerrar la etapa de ese modo. En pandemia no se pudo”. 
En el final de la charla y al preguntarle acerca de algún consejo, Melina Canziani dijo: “Como consejo, que lo disfruten del mismo modo que lo hubieran hecho en tiempos normales. Que no traten de solucionar aquello que no está a su alcance. Es lo que se vive, y no nos podemos estancar en eso. La felicidad del logro es la misma, y la felicidad de los pares, familia y amigos se siente aún más”. 
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Un tramo final con varios matices
Una de las tantas aristas que se despliegan dentro de la pandemia y el contexto educativo a distintos niveles tiene que ver con aquellos que transitan el último año en un Terciario o en la Universidad.
El reacomodamiento trajo consigo un sinfín de obvios cambios que terminaron afectando el desarrollo de las materias y, en algunos casos, de las prácticas. 
Para contar su experiencia La Voz del Pueblo dialogó con Javier Oroquieta, reconocido actor local, que está transitando el tramo final del Profesorado de Lengua y Literatura. 

Javier Oroquieta se encuentra transitando los tramos finales del profesorado de Lengua y Literatura

El desembarco de la pandemia en el país coincidió con el inicio de un año que, a priori, parecía cargado para él. “Tiene sus ventajas y sus desventajas, depende como cada uno se lo tome” dijo al principio Javier, quien desde el vamos no dudó en remarcar algo que él cree es importantísimo para hablar del tema: “Me parece que esta situación lo que hace es poner sobre el tapete las cosas que se veían ya entre líneas y que uno vivía en la presencialidad, tanto lo bueno como lo malo. La situación lo que exige es mucha más voluntad que en la presencialidad, pero el que tiene más voluntad ahora es que ya la tenía y me refiero tanto al alumno como al profesor. En ese aspecto hay de todo y con el que no la pasabas bien en la presencialidad, ahora ni siquiera la pasas porque desapareció… es medio raro”. 
Las prácticas, por Zoom 
Cuando uno cursa un profesorado debe afrontar prácticas con alumnos, las cuales sirven para que en el futuro el docente sepa cómo pararse frente a una clase. 
Para Javier, esa experiencia es muy distinta.
“Mis prácticas son las de Tercero que no las pude hacer y que por correlatividad me hubieran correspondido porque me faltaban rendir unos finales. El último final lo terminé de rendir el 12 de marzo y como eso te lleva más o menos 3 meses, yo dije ‘antes de vacaciones de invierno liquido las prácticas’ porque incluso es mejor, pero pasó todo esto” introdujo. 
La llegada de la cuarentena obligatoria y la suspensión de clases generó que todo se demore. “Primero estuvimos viendo cómo iba a ser la cuestión y nadie sabía nada porque obviamente esto no estaba en los planes de nadie… así que estuvimos viendo cómo se solucionaba. Después desde la institución se demoraban en las respuestas porque el protocolo a seguir no dependía de ellos sino de la provincia y también de la carrera… todo lleva mucho tiempo, la burocracia lleva demasiado tiempo y recién pude entrar a un aula, por supuesto virtual, ahora a principios de octubre”.
Si bien las prácticas son distintas, la cantidad de horas también cambió. “Cuando vos estás en la presencialidad, en Tercero te corresponden las 4 horas que tienen los chicos durante un mes y medio, más o menos… es mucho tiempo” explicó, mientras añadió que, hoy en día, las clases son una vez por semana. 
A pesar de estos inconvenientes, Oroquieta logró empezar con sus prácticas. “Entré en observación porque tenés un tiempo para observar al grupo y otro para dar clases pero se reduce un montón por varios factores; primero porque arranqué más tarde y segundo porque los chicos tienen un encuentro semanal por Zoom y ahí son 45 minutos y listo”. 
La virtualidad, como se sabe, hace que se pierda el lenguaje corporal. “Justamente de eso hablamos después que di la clase con la profesora… quería una devolución de ella, hicimos algunos comentarios y hablamos de cómo nos perdemos el lenguaje corporal de los chicos. Hay que adaptarse y también por eso quería las prácticas en este momento, quería saber qué significa dar clases en estas circunstancias”. 
Apelar al ingenio 
Brindar clases a través de una computadora provoca que los profesores amplíen su abanico de recursos. “Ya de por si es difícil hacerlo en la presencialidad por todas las cuestiones que significan la enseñanza, pero acá es todo un desafío. Más allá de eso estoy contento con lo que estamos pudiendo hacer con la profesora”. 
“La virtualidad exige mucha mayor voluntad porque tenes que hacerle llegar la clase de otra manera, depende de la dinámica y de la materia… el profesor se vio obligado a utilizar otras herramientas que no tenía presentes. El que estaba acostumbrado a usar el pizarrón tuvo que encontrar otra manera” reafirmó. 
En el cierre y a modo de balance, Javier Oroquieta sostuvo que “obviamente que no la elijo a la virtualidad por el encuentro, a mí me falta el encuentro. Lo que veo que nos ha pasado es que la presencialidad te obligaba a llevar un ritmo, uno ya estaba arriba del tren y avanzaba, el mismo ritmo te obligaba a ir, acá la virtualidad primero que cansa mucho la computadora todo el tiempo y segundo que a mí me hizo perder un ritmo que venía llevando. Por ejemplo en agosto no me presenté en ninguna mesa y si hubiera estado en la presencialidad sí lo hubiera hecho u hoy tendría como meta en diciembre presentarme en algunas más de las que tengo pensadas. Es como que toda esta situación de la soledad que uno tiene con todo esto, a mí particularmente me relajó”.

      

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