Una escuela con identidad
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Una escuela emplazada en una pequeña localidad donde las familias se conocen entre sí, y donde hay más cercanía con docentes y autoridades, fomenta una educación distinta -en calidad- de la que se puede acceder en ciudades más grandes.
Así lo entiende a partir de su experiencia como docente, pero también como directora, Cecilia María Tarelli. Tiene 55 años edad y llegó hace 11 a Claromecó junto a su familia buscando un lugar cerca del mar donde vivir tranquilos, algo que pudieron lograr junto a su esposo José María, su hijo León, y Marina, su hija nacida en la localidad.
Después de haber vivido en Hurlingam, ciudad ubicada en el oeste del Gran Buenos Aires, la experiencia en la localidad costera del distrito de Tres Arroyos resulta ser reveladora.
“A diferencia de una escuela en Hurlingam, en Claromecó se conoce a las familias. La comunidad se conoce toda, la familia asistió a la misma escuela a la que asisten sus hijos, sus nietos”, describió Cecilia que desde septiembre de 2019 es la docente a cargo de la dirección.
“El afecto de los alumnos es muy importante y su nivel académico es muy bueno. Las familias saben lo que tienen y aquello que van a aprender”, explicó la docente que previo a la dirección ocupó cargos de grado en segundo y quinto.
En este sentido recalcó que “en la localidad inclusive se enseña más que en una escuela del conurbano bonaerense o en una ciudad cabecera. Dedican más tiempo, la escuela es más valorada como posibilidad de ascenso o de interrelación; le ponen más valor al tener que hacer tareas”, apuntó.
Pero no todo tiene que ver con la subjetividad con la que puede una docente evaluar un ámbito educativo específico. En el caso de la Escuela Nª11 de Claromecó, Cecilia también se respalda académicamente.
“Esto está demostrado también en las pruebas aprender. Hemos salido con un buen porcentaje de rendimiento”, afirmó en relación al dispositivo nacional de los aprendizajes que se aplicaron hasta 2019 en áreas como Matemáticas y Prácticas del Lenguaje.
A ello también lo relacionó con “el nivel de la comunidad educativa en general”; y lo vinculó con el grado de compromiso que tienen los padres y los chicos con la misma escuela.
Infraestructura
Respecto a la actual situación de la institución, desde el punto de vista edilicio, Cecilia contó que por una cuestión de seguridad se aprovechó recientemente la posibilidad de cambiar y refaccionar el frente de rejas de la escuela. De unas de madera y baja estatura, se cambió a otras más altas y resistentes.
A ello se le suma que desde la delegación se consiguió pintura para el exterior de la institución; la obra podrá realizarse cuando se pueda cubrir la mano de obra.
“El Consejo Escolar el año pasado arregló los techos que se llovían bastante en el aula de la escuela 501 (una extensión para chicos que están integrados pero que también tienen allí su contraturno), y también la biblioteca que estaba con bastantes pérdidas de agua. Al hacer los arreglos apareció otro lugar con pérdidas pero estamos con los trámites para arreglarlo”, describió Cecilia.
Por delante a la escuela le queda por cumplir con otro proyecto. Se trata de un baño adaptado y una serie de rampas, pensadas sobre todo porque en época de elecciones hay gente mayor que no puede pasar por algunos escalones, según explicó. El proyecto está confeccionado, sólo resta conseguir los fondos.
Historia y nombres propios
Cecilia dirige la única escuela primaria de la localidad. Cuenta que tiene una matrícula fluctuante, “golondrina”, a partir del paso temporal de familias que llegan por trabajo y que una vez terminado se van, como por ejemplo de Entre Ríos.
En la actualidad la matrícula de la escuela es de 198 alumnos; pero ya en 1979 era de 193.
Según la historia de la institución, los comienzos de la educación en Claromecó estuvieron ligados a la llegada de maestros particulares hasta que fue necesario establecer un espacio que congregara a los más chicos del pueblo.
Según la historia de la institución, los comienzos de la educación en Claromecó estuvieron ligados a la llegada de maestros particulares hasta que fue necesario establecer un espacio que congregara a los más chicos del pueblo.
Fue así como en un precario edificio de chapa y madera en septiembre de 1929 comenzó la historia de la Escuela Nº11 que el año pasado cumplió sus primeros 90 años de historia.
“Estuvo instalada en el mismo lugar en el que se encuentra actualmente. Primero contaba con dos salones y la cocina. Después se fueron ampliando más dependencias y luego la cooperadora construyó el SUM”, contó Cecilia.
Tiempo después –en el patio- comenzaron a funcionar las primeras aulas del secundario que permaneció allí hasta que se pudo edificar el edificio propio.
El primer director de la escuela primaria de Claromecó fue Juan Carlos Cabral, de Tres Arroyos. Era docente y director con 30 alumnos a cargo. En tanto el año 1944 la institución tuvo el primer salón de mampostería.
“En aquellos años la población era escasa, y concurrían a la escuela hijos de los pocos pobladores, hijos de pescadores, hijos de peones de campo”, indicó.
Al cumplirse los 100 años del nacimiento de la docente Sebastiana López Elichery, el 25 de noviembre de 1971, se le puso su nombre a la escuela, contó Tarelli al concluir.

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