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Dieciséis años de vida y tres décadas gestándose

Una parte importante de la historia del Grupo Scout Klaromecó se relaciona con la búsqueda que hace 30 años realizó Horacio Franchino cuando decidió dejar Lanús, detrás del anhelo de una vida mejor. 

Llegó sin querer a la localidad costera del distrito, después de no haber podido dar con Micaela Cascallares. En el viaje donde dejaba atrás la casa ubicada frente a una funeraria, había olvidado su agenda, entonces al llegar a este punto del sudeste bonaerense le faltaba información. 
Por recomendación de una mujer que vendía diarios en un kiosco de la terminal decidió viajar a Claromecó en micro, ir derecho a la inmobiliaria de Daniel Chedrese a quien finalmente terminaría de comprarle la casa donde aún vive. 
Horacio trajo consigo la experiencia –desde niño- vinculada a la actividad scout. Entre otros colaboradores se cruzó con Toti Rens, y partir de allí es que comenzó a escribirse la historia del grupo que ya cuenta con 16 años y hasta con sede propia, algo que no todas las agrupaciones pueden contar en su haber. 
El nacimiento 
“El grupo se fundó el 3 de abril de 2004. Siempre se hablaba de juntar a los pibes que andaban de un lado para el otro. En ese momento no había la cantidad de actividades y cosas que existen hoy para ellos así que andaban medio sueltos, sin hacer nada”, dijo para describir el contexto en el que nació la propuesta en Claromecó. 
De hecho fue tanto el entusiasmo del comienzo que pudieron adelantar pasos mientras se oficializaba el reconocimiento para su funcionamiento. Cuenta Horacio que “siempre que nos juntamos con Toti Rens, contamos lo mismo. Scout de Argentina no nos había dicho que sí y nosotros ya teníamos la idea de la sede y un montón de proyectos por delante, sin saber si nos iban a decir sí o no”.
La sede propia del Grupo Scout Klaromecó se encuentra ubicada sobre avenida 42 entre calles 37 y 39. Pero antes de disponer de su inmueble funcionaron en otros espacios de la localidad.
“La primera sede que tuvimos fue la casa de los guardavidas y después fuimos al camping municipal -en la proveeduría- para ese entonces teníamos terreno y la casa levantada, le faltaba muchísimo pero teníamos donde arrancar”, contó. 
Agradecido 
 El jefe de los scouts claromequenses siempre se mostró agradecido con el apoyo de la localidad pero también del que recibieron de parte del municipio, para poder hacer realidad la sede propia. 
“Los terrenos eran municipales y la verdad que el grupo se fundó estando Carlos Sánchez en el poder. El 90 por ciento de lo que tenemos se lo tenemos que agradecer a él”, expresó. Y agregó: “nos dieron los terrenos, nosotros los empezamos a mantener, eran unos pozos terribles, empezamos con el relleno y todo lo que se necesitaba hacer”, describió.
 En este sentido valoró especialmente que el grupo disponga de un espacio que le pertenece. “Hoy tenemos levantada la sede propia, muy pocos grupos la tienen. La fuimos construyendo con aportes municipales, con ayuda del pueblo, con rifas que la población nos compra; siempre con apoyo de la comunidad”, subrayó. 

 Dar una mano 

 En la actualidad el grupo cuenta con 45 integrantes entre adultos y chicos; y a lo largo de sus primeros 16 años de vida Horacio asegura que la creación del espacio tuvo como premisa “darle una mano al prójimo”. 
“Colaboramos con un comedor en Tres Arroyos, el de las Payasolidarias; pero también le damos una mano al pueblo dentro de nuestras posibilidades, el grupo también es el encargado de hacer el acto de Malvinas”, enumeró. 
A lo largo de los primeros años de la institución, si bien no pudo precisar la cantidad de chicos que han pasado por la formación scout en Claromecó, sí pudo afirmar que se acuerda de “todos”. 
Considera que el tiempo compartido durante las experiencias y la enseñanza en el transcurso de la vida scout les enseña a “ser solidaros, y también que si ven algo no tienen que hacer la vista gorda y seguir de largo”. 
Hoy, tres décadas después de haber llegado a Claromecó, Horacio transita la cuarentena por la pandemia de Covid-19 en su casa. 
Es empleado municipal, pero por su edad (59) y condición de salud, debe permanecer sin salir de su hogar; y pasa el tiempo –entre otras cosas- haciendo trabajos en su taller de artesanías y de cerrajería. 
 Mientras tanto espera –como muchos- recuperar el tiempo en la actividad con la que intenta dejar una huella en la localidad.     
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