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Elvira Rifé: el entusiasmo de una joven de 85 años

En la foto de portada de su libro “Te Cuento”, hay una fotografía de Elvira Rifé cuando tenía dos años. “En calle Independencia 120, actual Hipólito Yrigoyen, donde ahora está la rampa del Banco Provincia”, comenta. 

Su casa estaba en ese lugar, un inmueble grande y con un salón, porque su padre José Lorenzo Rifé realizaba remates. “Había hasta materiales de demolición”, puntualiza. 
Elvira nació en 1936 y la imagen es de 1938. Su segundo nombre es Melita, heredado de su madre. Tenía un hermano mayor, Elton, quien “falleció hace años”; y su hermana menor es María Ester Rifé. 
Su madre era danesa y su padre, descendiente de catalán. Cuenta que “siempre quise conocer Cataluña, no tuve la suerte viajar». 
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“Te Cuento” es el primer libro de Elvira. Confió su realización a Editorial Imaginante, ubicada en Tres de Febrero, provincia de Buenos Aires, y lo recibió el 10 de junio, el día después de su cumpleaños.
Toda su vida fue deportista y además escribe desde chica. 

“No andaban mucho las dos cosas juntas para poder hacerlo. Entrenaba, estuve en el seleccionado de básquet de Tres Arroyos y competimos a nivel provincial, jugué al básquet en Club de Pelota, al handball en el Centro Danés e hice atletismo cuando no había pista en Tres Arroyos, en el parque Dardo Rocha, donde ahora está el Colegio Nacional”, enumera. 
Tenía en claro que quería estudiar Educación Física. Señala que “en ese tiempo era muy difícil que nos dejaran ir a las mujeres a cursar afuera, acá no estaba la carrera”. 
Por esta razón, estudió docencia en el Colegio de Hermanas, se recibió de maestra. Relata que “trabajé como ocho años, estaba casada, tenía mis hijas. Apareció la posibilidad de formarme en Educación Física en Tres Arroyos, nos daban cursos, lo hicieron el primer año y luego no tuvo continuidad. Desde el año siguiente, para continuar, fui a Tandil, me iba los lunes y venía los viernes en tren”. 
El esfuerzo fue grandísimo y valió la pena: “Cuando me recibí me nombraron inmediatamente para trabajar en la Escuela 1, porque había muy pocos profesores. Debíamos hacer una tarea rotativa para ir cubriendo todas las escuelas”. 
Durante tres décadas se desempeñó en la docencia y menciona, entre otras experiencias, que “trabajé en el Colegio Nacional también en Primaria y Secundaria”. 
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 Su esposo fue Svend Eric Thostrup. “Era tornero, estudió y se recibió en la Escuela Industrial. Hijo de chacareros, ninguno había estudiado, el único era él porque vinieron a Tres Arroyos cuando tenía 14 años. Se jubiló en la fábrica de Burattini, donde estuvo muchos años. Un padre espectacular”, sostiene Elvira. 
Estuvieron casados más de 50 años. Recuerda que “empezó con problemas de intestino, de estómago, tenía cáncer. Paseamos, lo que no habíamos hecho nunca. Hicimos un crucero y viajes, aprovechamos el último tiempo”.
Tuvieron tres hijas y además, una adoptiva. Se percibe un legado, porque “tres de las cuatro son profesoras de Educación Física». 
La mayor es Silvia; luego está Ana, quien trabaja en la usina de Tandil; y Mirna, entrenadora de gimnasia artística de Boca de Buenos Aires. Su hija adoptiva se llama Sonia, es su sobrina, “hija de un hermano de mi marido. Estudió Educación Física y vive en Olavarría. Es entrenadora de Ferro”. 
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 Pasaron los años, distintas responsabilidades. Elvira siempre encontraba un ratito para escribir algo; “estaba acostada a la noche, se me ocurrían cosas, me levantaba y escribía. Era una actividad para mí misma, una necesidad”. 
No dudó en sumarse cuando se abrió la inscripción al taller de Literatura en el PEMTA, el Programa de Educación de Mayores en CRESTA. Exclama que “empecé a estudiar ahí con Ricardo Listorti, fue la apertura al cielo”. 
Ya lo conocía, porque habían compartido un elenco de teatro. “Hicimos giras, actuaciones. Por entonces estaban además Cristina Campaña, Marcelo Sancineto, Eduardo Ré, éramos muchos en el ámbito teatral”, afirma. 
Lo define como alguien “totalmente especial” y agrega que “se fortaleció mi vínculo con la escritura. Toda la parte técnica que posiblemente yo la usaba por intuición me la dio Ricardo, y después lo que más me dio fue la forma de ver las cosas. Creo que las cosas se ven con los ojos del alma, sobre todo los recuerdos, soy muy de añorar”.

Sonríe y confiesa que “me dicen la nostalgiosa para cargarme, porque siempre estoy hablando de las cosas viejas”. 
Uno de los textos del libro lleva como título “Vernos”. Reflexiona que “estamos, pero no nos vemos. De pronto decís ¿cómo no lo vi? ¿cómo no me enteré?, tenemos la mirada muy enfocada en las cosas diarias”. 
La técnica de la escritura no le costó y agradece que “en el Secundario mi profesora de Literatura fue Pepa Borton, una barbaridad de persona y buenísima como docente”. 
Habla de los compañeros que tuvo en el PEMTA como “Enriqueta Catalín, Arie Noejovich, Jorge Martínez, María Inés Ciancaglini, el doctor Juan Carlos Tróccoli, el último tiempo también iba Jorge Shortrede. Cuando Ricardo estaba enfermo, Claudia Torres tomaba la manija si era necesario, ayudó mucho”. 
Detiene su relato, abre un paréntesis imaginario, para recordar a Arnie Noejovich: “Jamás he visto tantos libros como en la casa de él y Jorge Martínez. Estuvo muy vinculado a la Biblioteca Houssay, también Gladis Naranjo, quien escribió el prólogo de mi libro”.
En aquel tiempo, Elvira fue una de las autoras de textos que se publicaron en la revista del PEMTA. 
En aquel tiempo, Elvira fue una de las autoras de textos que se publicaron en la revista del PEMTA. 
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