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Tres Arroyos, MARTES 16.04.2024
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Que todos los niños tengan su lugar

Por Alejandro Vis
No se confunda señor. La silla plástica de color naranja no es solamente una silla. Es un arco de fútbol, definitivamente. Y con dos iguales, más una pelota por supuesto, podemos armar un gran “picado” en el patio. No hace falta más nada. 
El portón blanco del garaje, en realidad, es otro arco que invita a patear un buen rato en la vereda. Hay que esperar momentos de poco tránsito y que los mayores, dueños de casa, estén concentrados en las ocupaciones diarias. Entonces habrá piedra libre para que uno de los chicos vaya al arco y los otros armen un “media cancha”. 
Después de la escuela, los fines de semana, en los feriados o ratos libres. Hay que hacer los deberes, desde ya, pero ante la primera oportunidad rápidamente la pelota volverá a ser protagonista. En distintos lugares del barrio. 
 Así será hasta que el sol empiece a despedirse y haya que apurar el regreso a casa, para no generar preocupaciones y evitar algún reto justificado. 
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El breve relato, limitado al fútbol, refleja parte de la mirada -y los recuerdos- de alguien que fue niño hace cuatro décadas. Que un poco lo sigue siendo, cada vez que regresa imaginariamente a aquellos tiempos. 
Cada uno podrá hacer su descripción, con otros deportes que practicó, las salidas en bicicleta, las muñecas, los juegos de mesa, los carritos a rulemanes, los encuentros con amigos en la plaza. 
No hay infancia sin juego. Más allá de todos los cambios, las diferencias entre cada época y las nuevas realidades. El juego está en la esencia de cada chico, la recreación que no se encuentra sujeta a rutinas, que invita a la expresión espontánea. La alegría genuina, profunda, compartida. 
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El encuentro en Un Mundo Divertido con Vos, en Los Ranchos de la Virgen de Luján (FOTO DE DELIA PARRAQUINI)

Durante el fin de semana, los barrios recibieron los colores que aportaron los payasos, las guirnaldas, los globos. La música de conocedores de los instrumentos y de quienes se animaron a hacer percusión con lo que tenían a mano, desde el corazón. 
Hubo mucha intervención de las Organizaciones No Gubernamentales, instituciones y también mediante programas del Estado. Regalitos, sorteos, sorpresas, meriendas. Con la colaboración anónima de tantos vecinos, que dijeron presente ante el pedido de una torta, alfajores, golosinas, leche o lo que pudieran aportar. 
Aunque la situación sanitaria mejoró mucho, el Covid-19 sigue imponiendo restricciones. También en las actividades al aire libre. Hay festivales tradicionales, como el que realizaba El Parquecito, que aún no se pudieron recuperar. Pero cada pequeño se llevó un obsequio, facturas, torta y un rico chocolate. Lo más importante, concurrieron acompañados por sus mamás o un integrante de la familia. 
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Los rostros y gestos lo dicen todo. Se percibe claramente cuando los chicos están disfrutando de vivencias propias de su edad o por el contrario, se ven afectados por problemas de los adultos. 
La canción “Yo quiero”, que interpreta Rubén Rada, es prácticamente un himno de la niñez. En parte de su letra, señala: “A jugar, a cantar/ Que tengan todos los niños en el mundo su lugar/
Vamos todos a cantar/ Pa’ que los niños del mundo tengan todos un lugar/ Vamos todos a ayudar/ Todos los niños del mundo merecemos un lugar”
Quienes hicieron posible los agasajos a los pequeños, entonan en su interior -tal vez sin saberlo- y hacen honor a la melodía de “Yo quiero”. 

Tortas, facturas y chocolate en El Parquecito. Pensando en los chicos y sus familias (FOTO ANA SCHNEIDER)

Una tarde de domingo muy especial en el Barrio Canadiense. La referente es Olga Rivas

   
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