Un equipo que intenta salvar vidas
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Por Alejandro Vis
Desde hace cuatro años, Agustín Rubiños es el jefe del aeródromo de Tres Arroyos. Tiene 29, es joven para esta función, y habla de las actividades que se desarrollan con entusiasmo.
Agustín ingresó en reemplazo de Pedro Hernandorena. Desde chico, como ha contado en alguna oportunidad, ya tenía el sueño de ser piloto cada vez que veía algún avión cruzar por el cielo en Copetonas, su lugar de nacimiento.
Logró lo que ansiaba. “Uno cuando quiere algo debe buscarlo. Agotar instancias hasta encontrarlo”, sostiene. En tal sentido, dice que hace falta “estar dispuesto a poner esfuerzo personal”.
Es piloto desde el año 2012 y realizó el curso en el aeroclub local; para cubrir los costos, cortó el pasto en Copetonas, viajó varias veces “a dedo” a Tres Arroyos porque no podía pagar el transporte todos los días y durante mucho tiempo lavó aviones, así como trabajó “con los chicos de aeroaplicaciones”. Destaca que “obviamente mi familia me ayudó mucho, porque es imposible si no te ayuda alguien. Pero uno tiene que hacer lo suyo”.
Pudo radicarse en nuestra ciudad, siguió con su formación en el aeroclub y además curso una carrera en CRESTA. “Me inscribí en la tecnicatura en agroalimentos. Cuando empecé no me gustaba mucho, hasta me costó aprobar las primeras materias, pero después uno se hace muy compañero de los otros estudiantes, es una experiencia novedosa. Fueron tres años, estuvo muy bueno”, valora. Hace una pausa en su relato y sonríe: “la mejor materia fue calidad de alimentos, porque tuve que degustar. Íbamos a visitar fábricas, nos daban para probar, mirábamos los procesos productivos”.
Agustín Rubiños (Marianela Hut)
“Es un trabajo de médicos, enfermeros, la ambulancia, policías, bomberos y desemboca en el aeródromo. Lo más lindo y reconfortante es ayudar a la gente”
La meta, de todas maneras, “siempre fue volar”. Con la mirada en el futuro, como un deseo, expresa que “pienso en poder llegar un día a ser piloto de vuelos sanitarios que es lo que me gusta. Por ahora me encuentro bien donde estoy, porque aprendo mucho y conozco gente de diversidad de lugares”.
Describe las habilidades que sumó desde que inició su labor como jefe. “Avancé en la organización, el trato con las personas. Un día hay que preparar todo porque viene el gobernador, estar en contacto con bomberos, policías y quienes se desempeñan en el operativo de seguridad. Otro día viene un artista y en ocasiones te avisan que llega un avión sanitario, lo que requiere un trabajo totalmente distinto”, enumera.
Durante la conversación con La Voz del Pueblo, se encuentra junto a él Thiago Peralta, quien tiene 18 años y en forma reciente se incorporó como colaborador. “Se encarga de cortar el pasto, hacer el mantenimiento -comenta-. Mi idea es que se vaya capacitando, que tenga una oportunidad para ir haciendo su carrera”.
El cuidado del predio, el control y arreglo de balizas, la supervisión de la limpieza, llevar a cabo un simulacro con un plan de emergencias, son algunas de las numerosas iniciativas que están a su cargo.
Lo más importante
“Es un abanico muy grande”, afirma Agustín en relación al trabajo en el aeródromo.
Puntualiza que “tenes los aviones para fumigar, que prestan un gran servicio por el tema alimenticio. La parte del aeroclub y del Club de Planeadores que es actividad deportiva y enseñan a volar. Después la aviación ejecutiva y privada, empresarios que hacen negocios, utilizan el avión para trabajar. La otra parte son los vuelos oficiales cuando viene gente de alto rango a visitar la ciudad”.
Más allá del valor y particularidad de cada una de las responsabilidades, subraya que “lo más importante son los vuelos sanitarios”.
Le ha ocurrido que lo llaman de madrugada por esta razón. “Entonces me levanto, me preparo, junto algunas cositas para desayunar y voy al aeródromo en bicicleta, desde calle French, donde vivo. Todos los días hago un recorrido de varios kilómetros, mientras que Thiago se moviliza en moto”, sostiene.
“Los operativos de Incucai para la ablación de órganos son complejos. La nueva oportunidad para una persona y por otro lado, una familia que perdió a un ser querido”
Sabe que cuenta con “aproximadamente dos horas desde que me avisan hasta que el avión llega. Me alcanza el tiempo para ir, prepararme, recorrer la pista, asegurarme que esté todo listo”.
Es necesario que los distintos pasos se cumplan de manera ordenada, “con la precisión de un reloj. El Hospital llama a la Provincia para avisar sobre el vuelo, cuando está confirmado se comunican conmigo desde la Dirección de Aeronáutica, me pasan el horario de despegue y llegada, igualmente me mantengo en comunicación con ellos para tener el horario exacto de arribo”.
Explica que, en forma paralela, “junto con el Hospital, coordinamos con la Policía Vial y los bomberos, que usualmente vienen en forma directa. Aparte de estar en el lugar por si hay una emergencia con el avión, colaboran luego al subir el paciente, acomodarlo en la camilla, porque el avión es alto”. En tanto, “la policía y móviles de la Secretaría de Seguridad acompañan a la ambulancia para que venga lo más rápido posible al aeródromo. Cuando el paciente llega, el avión tiene que estar preparado para recibirlo”.
Cada uno cumple su rol para que el procedimiento salga bien. Agustín admite que “me pongo muy nervioso porque hay muchos factores y algunos no los podes manejar como sucede con el clima. Nos ha tocado a veces vuelos que no se pudieron hacer y me da una tristeza muy grande, está todo coordinado, el avión, los pilotos, las personas que intervienen y por malas condiciones climáticas se suspende. Una persona que está mal entonces es trasladada por la ruta, en un viaje de varias horas”.
Con énfasis, manifiesta que “lo más lindo es ayudar a la gente, resulta muy reconfortante. Lo hago con gusto, realmente vale la pena. Es un trabajo de médicos, enfermeros, la ambulancia, policías, bomberos y desemboca en el aeródromo”.
Del mismo modo, señala que siente emoción “cuando hay un vuelo de Incucai, por una ablación de órganos. Es complejo porque son operativos que llevan muchas horas. Están los médicos que van a hacer la ablación, aviones que llegan a buscar los órganos. Hay sentimientos encontrados porque una persona va a tener una nueva oportunidad de vivir, espera ansiosamente; y por otro lado, está una familia perdió a un ser querido”.
La pandemia
En las primeras etapas de la pandemia de Covid-19, el desconocimiento generó cierto temor. “Había numerosas restricciones. Empecé a recibir muchos vuelos, era más simple que desplazarse en auto para quien podía hacerlo lógicamente. Yo me cuidaba un montón”, indica.
En su memoria, tiene presente que por entonces “todo el mundo estaba asustado, no sabíamos lo que era. Como medida de precaución, cuando llegaba un avión con personas de afuera yo me aislaba posteriormente cuatro días en mi casa. Después regresaba a trabajar. No estaba el virus todavía en la ciudad y me daba miedo que fuera yo el que lo entrara”.
Agustín Rubiños nació en Copetonas y desde chico quería ser piloto de avión (Marianela Hut)
Se contagió de coronavirus en 2020, pudo recuperarse, y al año siguiente, cuando se multiplicaron los casos graves, “comenzaron a venir vuelos sanitarios a llevar gente con Covid-19. En el Hospital me brindaron el sistema de protección, el traje. Ahora con la vacunación, en mi caso no hizo falta volver a utilizarlo”.
Cuenta, como ejemplo, que “una noche vino el avión sanitario de la provincia a llevarse a La Plata a un nenito de diez años que estaba muy complicado. Teníamos que utilizar el traje de protección, con doble barbijo. Había familiares que estaban muy mal, uno los quería mirar a la cara y decirles ‘todo va a estar bien’. Pero con esa indumentaria no se podía, se perdía un poco la humanidad, no tenías contacto visual”.
Son circunstancias “difíciles. Lidias con muchas emociones, tu mente se debe concentrar en el trabajo, pero te genera algo internamente”.
En otros vuelos sanitarios, de pacientes sin Covid-19, “había que tener más cuidados todavía. Era una persona que estaba mal por otra enfermedad, no se tenía que contagiar”.
En otros vuelos sanitarios, de pacientes sin Covid-19, “había que tener más cuidados todavía. Era una persona que estaba mal por otra enfermedad, no se tenía que contagiar”.
Una elección
Agustín tiene el teléfono encendido las 24 horas, todos los días. “Estoy disponible”, afirma. Es que las emergencias pueden surgir en cualquier momento.
En el cierre de la entrevista, agradece “primero a la Municipalidad por dejarme estar en este lugar, a Thiago que me ayuda, a mi familia. También al aeroclub, a los chicos que dentro del aeródromo siempre me dan una mano en lo que necesito. Recibo apoyo en las decisiones que tomo, es un trabajo en conjunto”.
Muestra gratitud igualmente con “los bomberos, la policía, la ambulancia, todos aquellos que forman parte de cada procedimiento y hacen todo lo posible para que el resultado sea positivo”.
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