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El Caso Breccia: un proceso judicial devenido en muestra

Fotografías de la exhibición de “El Caso Breccia” en el Centro Cultural Borges. La muestra se mantuvo hasta octubre


La historia de la historieta y afines es rica en nuestro país. Grandes historietistas marcaron época, ya sea trabajando en obras locales o llevando su talento hacia los gigantes de la industria (Marvel y DC Comics). Entre tantos talentos, hay un nombre que sobresale tanto por su labor como por su historia fuera de las páginas de una revista: el de Alberto Breccia. 
 Nacido en Montevideo, a los tres años se trasladó al país. Empezó a dibujar en su casa durante su juventud, pero su perseverancia le fue abriendo camino: primero publicó en una revista de barrio y de a poco fue sumando trabajos hasta que tuvo su primera gran oportunidad con “Sherlock Time”, realizada con Héctor Germán Oesterheld. Juntos luego crearon “Mort Cinder” y le dieron vida a la segunda edición de “El Eternauta”. 
 Si bien se mantuvo trabajando en recordadas publicaciones, su obra más importante fue, sin dudas, “Perramus”, realizada con Juan Sasturain.
En 1993 Alberto Breccia falleció dejando un legado invalorable de trabajo e ilustraciones, sin pensar que tras su fallecimiento las mismas iban a cobrar una relevancia distinta. 
 El Caso Breccia 
El Caso Breccia es uno de los casos más resonantes en delitos de tráfico de obras de arte, o sin eufemismos una «tragedia para la historieta» como la definió Juan Sasturain. A raíz de un juicio sucesorio entre la familia y la segunda esposa del dibujante, en 1997 los herederos decidieron que la colección del propio Breccia -tanto de su propiedad, como de su autoría-, que permanecía en su casa de Haedo, pasara al resguardo en una caja fuerte de una empresa de seguridad especializada en patrimonio. 
La empresa -curiosamente llamada Firme- quebró en el año 2005 y los casi 900 originales y otro centenar de obras que pertenecían a Breccia (regalos, intercambios de otros artistas) fueron robados y vendidos ilegalmente por todo el mundo. 
A través de la noticia de que una obra del dibujante estaba a la venta, la familia hizo la denuncia y el juzgado dio intervención a Interpol a través de su Departamento de Protección del Patrimonio Cultural. En colaboración con dependencias internacionales, detectaron una que era propiedad de Breccia. La dispersión de esa colección fue total: en casas de subastas de Canadá, Bélgica, Australia, España e Italia. Si bien se pudo dar con el paradero de muchas, hasta el momento no lograron que sean restituidas porque cada país tiene su legislación y facultad para decidir si las compras fueron realizadas o no de buena fe. Pero no todas se encontraron, todavía hay piezas de las que no se sabe su destino. 
El caso del historietista Alberto Breccia es, sin dudas, uno de los más emblemáticos del tráfico ilícito de arte en nuestro país. Fue tal su magnitud que se “El Caso Breccia” se transformó en una muestra que pasó por distintas salas del país y el mundo. En la misma se exhiben originales hallados en una caja de seguridad y que ahora son parte del proceso judicial que investiga el delito, lo que revela además el impacto de la pérdida tanto para la familia como para el patrimonio argentino, al tiempo que recuerda la excepcionalidad de un artista referente, que experimentó más allá de su tiempo.  
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