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MIÉRCOLES 22.05.2024
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Me acuerdo

Recuerdos que golpean para salir, ven la luz y entran con el permiso de Valentina Pereyra quien los manipula. 

Me acuerdo de Gabriel Yitani vestido de Papá Noel, pero para mí, era Papá Noel. 
Me acuerdo el aterrizaje del trineo-avión en el aeroclub con el hombre de barba blanca y una niña que era la princesa-duende-hija. 
Me acuerdo de correr detrás de su trineo-auto para alcanzar los caramelos que el héroe del Polo Norte tiraba a granel. 
Me acuerdo de las bocinas festejando el paso del rey de los juguetes. 
Me acuerdo de que se sabía el nombre de mi padre. 
Me acuerdo de las cartas que le dejaban los chicos y cómo las guardaba en su morral de cuero. 
Me acuerdo de los ojos de Papá Noel-Yitani, de sus guantes blancos y de la voz que nos deseaba felicidades y nos pedía que nos portemos bien. 
Me acuerdo de dudar sobre mi comportamiento, pero esperanzarme en el espíritu del Jesús recién nacido.
Me acuerdo de la caravana desde el aeroparque hasta la esquina de Colón e Hipólito Irigoyen, del recorrido por los distintos barrios y del olor a fiesta. 
Me acuerdo de los preparativos unas horas antes. 
Me acuerdo de las gallinas hirviendo desde la mañana, de los huevos rellenos y los tomates ahuecados a la espera del mejor atún. 
Me acuerdo de los villancicos sonando en el Winco desde temprano, nuevos discos, recién comprados en Casa García. 
 Me acuerdo de la misa criolla y el Niño recién nacido. 
Me acuerdo el día que le di la mano a Ariel Ramírez, pero esa es otra historia.
 Me acuerdo de la salsa de crema y perejil con limón que la abuela preparaba para salpicar a las gallinas. 
Me acuerdo de los ramos de flores que compraba mi padre para recibir al Niño. 
Me acuerdo de su sonrisa. 
Me acuerdo del delantal de mi mamá con estampas de muérdagos y pelotas rojas de árbol navideño. 
Me acuerdo de sus manos delicadas y las uñas pintadas de rosa pálido. 
Me acuerdo de los aros y el collar de moda que mi mamá estrenaba en las vísperas. 
Me acuerdo que nos ponía bombachas rosas. Después nos enteramos que eso era una costumbre de año nuevo. 
Me acuerdo de las tardes de cartas decoradas para papá Noel y de mi papá, que las despachaba.
Me acuerdo de Yitani leyendo las cartas. 

Fotos: Carolina Mulder

Me acuerdo del mantel estampado con trineos, duendes y botas rojas y blancas.
Me acuerdo del juego azul de porcelana y de las copas de cristal. 
Me acuerdo de la vuelta a casa. 
Me acuerdo de los caramelos, el mejor regalo que Papá Noel-Yitani, me dio.
Me acuerdo del árbol de Navidad y la ceremonia para armarlo. 
Me acuerdo que el Niño Jesús creció según aumentaban las posibilidades de mis padres. 
Me acuerdo de los aromas ensamblados: los de la cocina, las flores, la yerba mate, las frutas de la ensalada. 
Me acuerdo de la torre de panqueques, casera.
Me acuerdo de la jumpers de jean que estrenamos. 
Me acuerdo de los zapatos blancos con presilla. 
Me acuerdo de los vecinos entrando y saliendo con panes dulces y salutaciones. 
Me acuerdo del sabor agridulce de la adolescencia.
Me acuerdo de dejar mi carta a los diez y a los dieciocho dejar la de mi hija.
Me acuerdo de mis abuelos, de la tía Mabel, de Betina y Claudia. 
Me acuerdo de mis hermanas menores, las que llegaron para que Papá Noel siguiera vivo. 
Me acuerdo de la bolsa de los regalos, del disfraz de otro Papá Noel y de las cartas remendadas con los pedidos que sí se podrían. 
Me acuerdo de Landriscina y su relato sobre la cena navideña. 
Me acuerdo que me reí, años después. 
Me acuerdo que creí.
Me acuerdo no recordar quién me contó la verdad.
 Me acuerdo cuando pasé de esperar el nacimiento del Niño Jesús a esperar el aguinaldo.
 Me acuerdo de cortar clavos y rezar para cobrar antes del 24. 
Me acuerdo de hacer las compras de Navidad a último momento, con calor y rabia. 
Me acuerdo vaciar mis bolsillos en los negocios y sonreír. 
Me acuerdo de la ilusión aferrada a la razón. 
Me acuerdo de la vuelta a casa. 
Me acuerdo del fenómeno de la comida hecha y la despedida de la casera. Me acuerdo cuando ya no lo hizo mi abuela. 
Me acuerdo del matambre, el vitel toné reversionado, de las garrapiñadas y el pan dulce de La Perla. 
Me acuerdo de querer estar en la caravana de Yitani toda la vida.
Me acuerdo cuando dejé de ir. 
Me acuerdo de las luces de los árboles y de las casas brillantes, la modernidad. 
Me acuerdo de las cajas con confituras y de la sidra, rica. 
Me acuerdo de la elección del vestuario, la decoración de la mesa y las clases de la escuela bíblica. 
Me acuerdo que en Navidad no se sale a bailar, se festeja el nacimiento. 
Me acuerdo del olor a casa de fiesta. 
Me acuerdo de los que no están, sonrío. 
Me acuerdo de los que viven lejos y muy cerca de mi alma. 
Me acuerdo de Papá Noel-Yitani y desear que el tiempo pare. 
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Formato Me Acuerdo 
Me acuerdo” (en francés, Je me souviens: Les choses communes I) es un libro del escritor francés Georges Perec (1936-1982), publicado originalmente en Francia en 1978 en la colección «P.O.L.» de la editorial Hachette. En castellano se publicó por primera vez en octubre de 2006, en la colección «Contemporáneos» de la editorial Berenice, gracias a la traducción de la filóloga española Yolanda Morató. En 2017 se publicó una nueva traducción en la editorial Impedimenta, a cargo de la escritora Mercedes Cebrián, responsable de verter al castellano otras obras de este autor para la misma editorial. Me acuerdo adquirió un éxito popular que influenció a otros escritores y artistas ajenos a la literatura a continuar desarrollando la idea de la obra, lo que fue propiciado por las páginas en blanco incluidas por el autor al final del libro. 
El escritor, crítico y docente Martín Kohan, publicó “Me acuerdo” (Ediciones Godot, 2020), en donde retoma un formato que le permite acercarse a lo autobiográfico con distancia. El autor retoma el formato iniciado por el artista y escritor estadounidense Joe Brainard, que luego sería seguido por George Perec y Margo Glantz, entre otros. El resultado es un libro compuesto por recuerdos que se cuentan de una manera literal y ascética, sin la intervención de la mirada subjetiva de quien lo escribe a la distancia. 
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