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Susana Giacomino, su amor por Claromecó y la pesca, junto a Ever Chachero

Susana Giacomino elige Claromecó como su lugar en el mundo, su punto de equilibrio, donde puede caminar por la playa todos los días, verano e invierno. Pero su Claromecó es también el lugar donde construyó su amor con el primer ganador de la Corvina Negra, Ever Chachero.

Durante una larga charla con La Voz del Pueblo recordó su historia de amor con el pescador, el concurso ganador al que no pudo acompañarlo y por qué siempre elige volver a la localidad de la que conserva grandes recuerdos.

La historia de amor
Susana describe el comienzo de la historia con Ever Chachero “de ojitos”, y recuerda al detalle el primer encuentro que tuvo con el pescador. “Caminaba por la playa hacia el faro y con el primero de la familia Chachero que hablé fue con mi suegro. Yo sacaba almejas para mi hermano y mi papá que venían el fin de semana y así -a lo lejos- lo vi a Ever pescando. Tenía una camisita blanca y una malla chiquita amarilla, y una boina blanca”, recordó.
Si bien tenían amigos en común nunca se habían encontrado hasta una tertulia en Costa Sud el 30 de abril de 1960. “Ahí me sacó a bailar por primera vez”, contó Susana. Pero los meses siguientes ella tuvo que acompañar a su madre y fue recién el 10 de septiembre en una despedida de soltero de su hermano que se volvieron a ver “fuimos con mi cuñada a bailar, que venía una orquesta a uno de los clubes. Él en ese momento trabajaba de maestro en la escuela industrial, era modelista en madera, ahí me sacó a bailar, después de verme con otro muchacho ya me acompañó a casa y no nos separamos más”, describió. 
La primera vez que se separaron fue por un regalo que recibió Susana por parte de sus cuatro sobrinos, para que fuera a España a conocer el pueblo donde había nacido su abuelita. Recuerda que al recibir el sobre miró a Ever para recibir su aprobación. Pero su sobrina María Luján, a quien describe como su madre por cómo la cuida, le afirmó “Tía, hace tres meses lo venimos tratando de convencer al tío y dijo que sí”. Si bien Ever aceptó el viaje, Susana afirma que la extrañó tanto que le pidió no separarse nunca más. 

Una foto que está grabada en la retina de los pescadores es la de Ever posando junto a la negra que superó los 19 kilos

Susana contó que no llora, sin embargo, le empiezan a brillar los ojos cuando habla de Ever con quien compartió 45 años de casados y un par más de novios. 
“Ever significó mi vida, fue la otra parte del engranaje, nos llevamos bien de novios y cuando nos casamos tuvimos mucho mejor matrimonio que noviazgo. No nos peleábamos, a pesar de ser de signos fuertes, no nos gustaba discutir, porque las palabras no se las lleva el viento, en un momento acalorado podés decir algo que después te arrepentís”, dijo. 
Recordó además una oportunidad en la cual, todavía de novios, tuvieron una discusión. “Por un amigo de Ever discutimos muy fuerte, estábamos acá en Claromecó pasando unos días, yo en el momento me saqué el anillo de compromiso y se lo dí, y después me di cuenta que la alianza era de pedacitos de oro de las dos familias y se la volví a pedir”.
A pesar del fallecimiento de Ever, Susana confesó que “fue el eje de mi vida y lo sigue siendo, aprendí muchísimo con él, tenía cierta paciencia y yo era muy pronta de genio, por mi abuelo calabrés, pero Ever me cambió”.

Su lugar en el mundo
Susana pisó Claromecó por primera vez cuando tenía 40 días. Recordó que “era el año 1936, mi mamá había estado delicada de salud cuando nací y eligieron que se recuperara acá, una tarde mi familia fue caminando hasta el faro y subieron, mi abuelita me había envuelto en pañales, el capitán de la Armada se ofreció a llevarme en brazos y fue la primera vez que subí al faro”. 
Ella con su familia siempre vivieron sobre la avenida 15 entre calle 30 y costanera, primero en una casa que alquilaban durante los veranos, luego compraron un terreno y construyeron una prefabricada. “Esa era de toda la familia, mis padres, mi abuela, mi hermano y los chicos”, apuntó. 
Pero junto a Ever querían construir una casa más chica entonces Susana recordó que un día llegó a su casa en Tres Arroyos y lo encontró a Ever dibujando. “Me dice que esa va a ser la casa de Claromecó”, comentó. 

Tiempo después el destino quiso que el terreno donde actualmente se encuentra la casa saliera a remate judicial. “Teníamos un viaje al sur programado y justo era el momento de conflicto con Chile, entonces decidimos quedarnos acá. Salió el remate, Ever lo siguió mucho y había otra persona, pero cuando se dio cuenta que Ever lo quería se retiró. No teníamos las escrituras, pero empezamos a comprar los materiales, y finalmente la comenzamos en 1981 y la estrenamos en febrero de 1984”, contó Susana.
Tanto el diseño de la vivienda como el interior, los muebles y los detalles están diseñados por Ever “la araña del living, el gancho para colgar corvinas en el lavadero, las alacenas, los estantes de la cocina, el fogón, todo es idea de Chachero”, afirmó. 

Corvina, triunfo y compañía
A Susana no le gusta pescar, dice que “no tiene paciencia” pero afirma que disfruta de la vida de playa y el mar, es por eso que se convirtió en la compañía de Ever a todos los lugares que viajaban a pescar “íbamos mucho al sur, cuando se podía pescar en todas partes y después al Litoral, a Paso de la Patria”.
En el primer concurso de la Corvina Negra, Susana no lo pudo acompañar a Ever porque eran novios y no la dejaron. Pero describe al detalle cómo fue el pique, según el relato de Ever quien estaba acompañado por el padre y el hermano de Susana. 
“Habían estado en distintos lugares y en determinado momento fueron para el lado del segundo salto, venían probando porque no había pique. Cuando llegaron entre la bajada de Alonso y el faro, mi hermano se quedó armando el anzuelo para tirar y Ever era muy rápido, inmediatamente prendió el reflector y salió hacia el mar. Cuando todavía mi hermano no había terminado de prepararse, Ever hizo un silbido muy característico de él pidiendo que le llevaran el bichero, mi hermano pensó que no podía ser tan rápido, en ese momento lo enganchó y era la corvina negra ganadora”, dijo al repasar el momento que les quedó grabado para siempre. 

Ever y Susana se casaron en 1966, para el primer concurso estando casados tampoco lo acompañó, pero dijo que pasó igualmente toda la noche sin dormir. Al año siguiente decidió formar parte del grupo que pasaba 24 horas frente al mar. Recordó que ella “era el auxilio del equipo, me ocupaba del abrigo, de la comida para los tres, mi hermano, Ever y mi padre, cenábamos como en casa y a la madrugada les hacía algo calentito, yo a la noche me recostaba en el asiento de atrás del jeep para escuchar en la radio y saber dónde estaba el pique, si alguien había sacado, como estaba todo”. 
Susana relató que Ever no se separaba de la caña en las 24 horas, pero que en los últimos años el tiempo los había acobardado y preferían estar frente al mar leyendo dentro del jeep hasta que pasaba el temporal. 

Emoción por Las 24
Según pasan los años y en cada verano la esposa de Ever se emociona al ver el movimiento que genera el concurso del Club Cazadores. “El entusiasmo de la gente que, aunque no tenga ni un pique, se van sin haber pescado, pero con la ilusión de volver el año que viene”, dijo al valorar el espíritu que reina desde siempre entre los participantes. 
Fue así que agradeció a las comisiones actuales que “siguen con las mismas ideas que tenían ellos, de decencia, de compañerismo, de un grupo de amigos que se junta a pescar para pasar un momento agradable”. 
Además agregó que es para destacar cómo cada pescador se convierte en control del que tiene al lado; “cuando veías movimiento de luces y sabias que había algo, los pescadores sacaban la línea para no entorpecer”, describió la mujer que aprendió a entender el dialecto y los códigos de la pesca deportiva y recreativa al lado de uno de los grandes ganadores que tiene el concurso. 
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