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Nahuel Stéfano: La música como una elección de vida

Por Alejandro Vis
Es el integrante tresarroyense de la banda formada en Tandil. Durante cuatro años estudió Gestión Ambiental en la Universidad Nacional del Centro, pero decidió dedicarse a lo que más le gusta. Expresó su alegría por “un verano muy movido” y el sentimiento especial al ver “tanta gente conocida bailando y disfrutando cuando estuvimos en Claromecó”

El primer instrumento que tuvo Nahuel Stéfano fue una batería, que le regalaron a los 13 años de edad. “Yo la pedí”, explica en un diálogo con La Voz del Pueblo. Había tomado clases con el recordado e inolvidable baterista Diego González. Nahuel tocó un tiempo y después la desarmó, pero volvió a nacer el contacto con la música cuando se radicó en Tandil para estudiar Gestión Ambiental en la Universidad Nacional del Centro. 
En Tandil empezó a tocar la guitarra, compró luego un ukelele, hasta que “me inicié con el bajo”, puntualiza. Es el instrumento con el que se desempeña actualmente. 
Cursó durante cuatro años la mencionada carrera universitaria, pero no era lo que realmente le interesaba. Recuerda que “no me faltaba tanto para terminar la carrera, poco más de un año. Tomé la decisión de dedicarme a la música, lo que me gusta, se lo dije a mi familia. Me puse a trabajar para lograr la independencia económica”. 
Sus padres son José Luis Stéfano y Claudia Arán, y tiene una hermana menor, Micaela.
Concurrió en nuestra ciudad al Jardín de Infantes 913, posteriormente a la Escuela 15 y realizó los estudios secundarios en la EATA. 
Llegó posteriormente el cambio de ciudad, una nueva etapa y la confirmación de que la música constituía su camino. “En un principio fue tener un grupo de amigos, nos juntábamos a tocar la guitarra, cuando lo empecé a pensar de manera más profesional estudié un tiempo en el Conservatorio en Tandil y también tuve profesores particulares”,
explica. 
Su primera banda en Tandil fue Al 530, formación en la que permaneció más de cinco años; “fuimos a tocar a Tres Arroyos y a Claromecó”, puntualiza. Los géneros que le llamaban la atención e interpretaba de manera habitual son el reggae, el ska, así como observa que “el rock nacional siempre me interpeló”. 
En el período siguiente, durante unos meses participó en un grupo de cumbia y “algunos de los que tocaban hoy son parte de Vieja Minga. Por eso es que en un momento me llamaron”. 
Vieja Minga nació en mayo de 2019, primero incorporó temas típicos de la cumbia colombiana y con el tiempo, sumó clásicos del amplio repertorio latinoamericano. Posee catorce miembros y sus presentaciones generan una fiesta popular. Nahuel ingresó hace más de dos años y es el único tresarroyense. 

Un desafío 
Le resultó muy atractiva la invitación a integrar Vieja Minga, en especial porque “conocía un poco la historia de sus músicos. Con mucho recorrido en este ámbito, algunos estuvieron en Cosquín, gente que viene del folclore y toca hace bastante tiempo. Otros provienen del rock y tres o cuatro que toda la vida hicieron cumbia. Encontrarte en un lugar para compartir esta actividad con tantas personas es muy motivador a nivel personal”. 
Se trató de un verdadero desafío, porque hay cierto nivel de exigencia para lograr una evolución. En este sentido, cuenta que “tenés que llevar los temas ya sacados al ensayo, necesitas la continuidad tocando y hay que esforzarse para estar a la altura de todos los compañeros”.
Ante todo, valora “la fusión que se registra entre distintos géneros. Por una cuestión que tiene la música, se pueden llevar las ideas que cada uno ya trae y unirlas, que confluyan, esto le da una riqueza”. 
Consideró que es clave la labor que lleva adelante la manager María Morales. “Se encarga de todo lo que no es arriba del escenario. Nos facilita un montón el trabajo para los que sí estamos arriba del escenario, no tenemos que pensar en otras tareas”, destaca.
Le otorgan una gran importancia a la puesta en escena. Subraya que “surgió hace un tiempo que queremos hacer cada paso lo más profesional posible. Siempre tratamos de invertir en imagen, la vestimenta, los maquillajes, tener en cuenta cada detalle. Queremos darle color al show, apostar a algo más a partir de un orden estético”. 
Otro aspecto central es que “viajamos a todos lados con nuestro propio sonidista, Mariano Capellutti, un amigo. Nos acompaña a los recitales para hacerse cargo de la operación técnica, le da un plus. Cada uno en sus auriculares escucha lo que necesita escuchar, se logra una calidad técnica pareja. Es un referente del sonido en Tandil”. 
Crecimiento 
Este verano, recibieron llamados para presentarse en ciudades de una amplia región. Al respecto, menciona que “en 17 días hicimos ocho fechas. Fuimos a Las Flores, Maipú, Carhué, el pasado fin de semana a Monte Hermoso y Pigüe, antes estuvimos en Balcarce, Claromecó, Lobería; en Mar del Plata tocamos en un lugar histórico como GAP. Es un verano muy movido”. 
El último concierto, como cierre de la gira, será el 5 de marzo en Tandil con producción integral de Vieja Minga. Hacemos una fiesta o dos en el año producidas por la banda, para incluir todo lo que queremos mostrarle a la gente y muchas veces no se puede expresar totalmente en festivales de otros lugares, por limitaciones de tiempo u otras razones. Invitamos a grupos amigos”: 
También en marzo se confirmó su participación en la Fiesta del Ternero, en la ciudad de Ayacucho, entre otras actividades. 
Percibe el afecto de los espectadores, sobre lo cual sostiene que “en Tandil siempre tuvimos una muy buena devolución, de gente por lo general conocida. Pero cuando salís a otras ciudades y quienes no conocés te piden sacarte una foto o dicen que les gustó, que nos van a seguir, se te llena el alma y te dan muchísimas ganas de seguir. Esta gira fue súper productiva”. 
Quedará en la memoria el encuentro que tuvo lugar el sábado 11 de febrero en Claromecó, en el marco de las 24 Horas de la Corvina Negra. Lo define como “una locura” y agrega que “no soy de allá, pero para mí Tres Arroyos y Claromecó es más o menos lo mismo. Asistió gente que nunca había visto a la banda y me conocía de otros lugares, traje un montón de buenas devoluciones. Ver tantos conocidos bailando y disfrutando fue muy lindo”. 
La manager María Morales “ya se está encargando de lo que sigue en el año. Están saliendo un montón de fechas”. Hacen covers y cuentan con un solo tema propio grabado, que es “No hay veneno”, si bien Nahuel anticipa que “estamos trabajando seis o siete canciones que la idea es poder largarlas a fin de año, lleva todo un proceso pero están listas, falta darles su orden y que salgan”. 
Todavía no hubo en la agenda conciertos en la ciudad de Buenos Aires. “Ya se va a dar”, afirma convencido y sonriendo, comenta que “María tiene familia en Uruguay, nos quiere llevar de gira para allá”. 

Escenarios 
A los 27 años, Nahuel lleva adelante su proyecto de vida en Tandil.
Regresa a su ciudad en las fiestas de Navidad, Año Nuevo; y cuando puede, en alguna otra fecha del año para estar con su familia. 
Habla de la pasión por Villa del Parque, donde jugó: “cada vez que estoy en Tres Arroyos, lo voy a ver. Otro deporte que hice un buen tiempo es rugby, en Cazadores”. 
En unos días libres que tuvo este verano, descansó en Claromecó. Conserva muchos amigos, mantiene un vínculo más allá de la distancia.
El adolescente que alguna vez pidió una batería, siguió años más tarde la dirección que le marcaba su vocación y hoy está muy bien, a gusto, tocando el bajo en Vieja Minga. Con la oportunidad de recorrer lugares y sobre todo, expresar desde el escenario lo que siente. 

           
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