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Más que un taller de escritura

Corría el año 2018. Sandra Staniscia trabajaba como profesora de Literatura en el Colegio Nacional, puesto que mantuvo durante casi 30 años. Llegó la etapa de la jubilación y con ello la pregunta, ¿qué hago ahora?

“Pensé en hacer otra cosa por fuera de la formalidad de la educación, así que empecé a dar talleres… la mayoría de la gente que empezó en 2018 sigue asistiendo, y a esa gente se le fue sumando otra, otra y otra y ahora tengo dos grupos: uno en el Museo Mulazzi, que empezamos el 15, y otro en la Asociación de Abogados que empezamos el 14”.
Estos talleres que comenzarán este marzo se extenderán hasta noviembre, totalizando 18 encuentros anuales. “Nos encontramos cada 15 días” explicó Sandra.
La particularidad de estos talleres es su desarrollo. “Para escribir, hay que leer. El que no lee, no puede escribir y, para leer mejor, hay que escribir porque la gente que lo hace lee desde el lugar del que escribe… no es lo mismo una persona que lee un texto sin haber nunca experimentado la escritura de ficción, que alguien que se pone a leer y dice ‘Ah, mirá cómo lo hizo’”.
Para Sandra, las actividades “están fuertemente interrelacionadas”. En cuánto a la propuesta, manifestó que “es un modelo de taller, no el único. Hay otros donde la gente se junta, hay un coordinador que dice ‘hoy vamos a escribir sobre el calor’ y todos escriben sobre el calor, después leen y se terminó; ese es un modelo. Este es un modelo que pretende la formación de escritores, apunta al oficio, a la artesanía de la escritura, entendiendo que no hay nada de musas e inspiración, sino que hay un poco de talento… como dice Roberto Arlt: 99% de transpiración y 1% de inspiración”.
Esta propuesta ha cosechado tanto éxito que lleva seis años ininterrumpidos. “Se logró una especie de comunidad de escritura y de lectura que va más allá de la cantidad de cosas que tienen que leer. Es gente que trabaja porque hay muchos profesionales, madres, tienen un montón de cosas, pero siguen”.
En ese aspecto, señaló que “se ha hecho un grupo humano muy lindo y eso es mi orgullo: que el grupo, la cofradía, la comunidad de lectura y de escritura, este compuesta por gente que está interesada, apasionada, con entusiasmo por lo que está haciendo, y eso es muy interesante en estos tiempos”.
Lectura y debate
 
“En realidad toda lectura es una construcción interpretativa y es absolutamente personal y la literatura, en última instancia, es un diálogo entre todos los textos, el de hoy, todos los preexistentes y los que van a venir también, entonces a la hora de leer, alguien que tiene noticias de la relación de ese texto con otro autor, va a marcar eso porque la lectura supone la puesta en diálogo de un texto con otros” especificó Staniscia.
Este análisis de textos genera que las distintas opciones le brinden riqueza al taller. “Hay gente que no es tan lectora y ve en ese texto otras cuestiones, pero siempre hay una primera instancia de la actividad de trabajo donde nosotros a los textos que había que leer los sometemos a esa interpretación colectiva que es un diálogo donde cada uno va aportando cosas y es sumamente enriquecedor”.
En esta puesta, Sandra genera sensaciones y busca crecimientos. “Ellos van mirando en los textos cómo lo hacen los que saben y se van apropiando de todas esas técnicas y también, a veces deliberadamente, doy autores muy exitosos pero no tan buenos porque a mí me interesa que vean eso que es cuestionable en esa escritura. La idea es que vean a grandes autores y también a esos que hacen carrera pero que tienen un sistema de sostenimiento detrás”.
Aquí la profesora trata de diferenciar autores. “Hay algunos que publican en editoriales pequeñas; el año pasado tuvimos la grata visita, a partir de Valentina Pereyra, de Alejandra Camiya que es una autora de editoriales independientes, ella publica en una que se llama Bajo la Luna y es una cuentista de la hostia, creo que es una de las mejores de Argentina en este momento pero sin tanto renombre”.

Más que aprender a escribir

El taller ofrece un crecimiento literario importante. Las lecturas, los análisis, las puestas y la escritura son el eje de la propuesta.
“Uno de los ejes de trabajo es la literatura argentina contemporánea” señaló Staniscia. “Nosotros leemos todo un corpus de autores mayoritariamente vivos, y si se murieron, recientemente fallecidos, como para ver el estado de la lengua nacional en la literatura en este momento. Es muy importante que ellos se conecten con gente que está escribiendo en el mismo momento que ellos para que vean cuál es la situación, el estado de la escritura y de la lengua en este momento en Argentina. Eso es como un pilar de trabajo a lo largo de los 6 años”. 
 
“Esos autores vivos contemporáneos siempre los linkeamos con los maestros del cuento que son los estadounidenses, así que vemos el cuento norteamericano desde sus orígenes en el siglo XIX hasta la actualidad. En este momento estamos más o menos a mediados del siglo XIX norteamericano y estamos viendo autores de esa época y los relacionamos con los autores argentinos actuales” indicó.

La importancia del cuento

El taller apunta a la narrativa, con el cuento como epicentro. “Trabajamos mucho con cuento porque es un género perfecto, el que sabe escribir un buen cuento sabe escribir cualquier cosa porque da herramientas básicas, insoslayables… en el cuento no puede haber un elemento que esté de más o de menos”.
Investigación continua

Para poder llevar adelante el taller, Sandra debe estudiar e investigar lo que sucede a nivel internacional constantemente. “Es lo que más me gusta de la tarea porque me supone una actividad de investigación permanente” destacó. En ese sentido, explicó que “no hay mucha producción teórica respecto de los talleres de escritura. Si por ejemplo vas a dar Historia o Literatura a la escuela hay manuales, pero en los talleres no hay producción teórica, no hay investigación sobre este tema que en Argentina tiene bastantes años”.
Haciendo un poco de historia, detalló que los talleres empezaron a desarrollarse “más o menos en la década del ’70 y en la dictadura tuvieron un auge porque eran espacios clandestinos de pensamiento y producción. Algunos escritores como Liliana Hecker o Abelardo Castillo crearon grupos de escritura en sus casas y a partir de ahí se empezaron a poner en marcha lo que ahora se conocen como talleres de escritura y literarios”.
Siguiendo con el repaso de la historia, señaló que “producción teórica a nivel internacional no hay mucha y a nivel nacional muy poca, esto hace que el coordinador se vea exigido todo el tiempo a estar leyendo, investigando, creando consignas y creando relaciones entre textos pero ahí está la riqueza, precisamente”. 
Tratando de detallar su labor, indicó que “el coordinador no es el que más sabe, sino el que más preguntas se puede hacer. La tarea del que coordina es ayudar al otro pero no darle la receta de cómo mejorar el texto, sino ayudarlo a pensar desde su lugar de escritor cómo mejoraría ese texto… generar preguntas, hacerle pensar el texto, mandarlo a leer otra cosa para que con sus propios recursos pueda operar sobre sus materiales”. 
 
Alumnos

Sandra tiene alumnos que concurren al taller desde sus inicios y otros que recién se suman. Al ser consultada sobre cómo conjuga a los dos grupos, explicó: “Está modularizado, o sea, cada clase el tallerista tiene un módulo de trabajo, en ese módulo están las actividades de lectura y escritura; ese módulo se cierra en sí mismo, no es que le va a dar puerta al siguiente sino que cada módulo es autosuficiente. Hoy, el que hace seis años que viene y el nuevo están leyendo el mismo texto y tienen las mismas consignas. En ese sentido, juegan desde el mismo punto de partida. Por otro lado, el gran tema es que todas las actividades del taller se organizan en torno a la lectura de uno o varios textos. Es ese texto el que organiza todos los materiales entonces ambos están en las mismas condiciones”.
Aquí Staniscia realizó un paréntesis. “Es cierto que hay algunos que hace seis años que están y han visto un montón de módulos y tienen un montón de recorrido, pero eso se transforma en una gran ventaja porque el que llega viene con muchas preguntas que el que está puede responder e incluso, a partir del que llega, se genera nuevas preguntas. No es que el que recién llega siente que está en desventaja porque todos los años se ha incorporado gente y nunca nadie me dijo que estaba en desventaja”.
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Una lectora voraz

Sandra Staniscia se inició en el mundo de las letras a través de la lectura. “Siempre fui una lectora voraz” confesó. “Siempre me gustó leer mucho, aunque cuando empecé a trabajar tuve que empezar a leer cosas laborales y eso insume mucho tiempo, pero me metí en Letras porque me gustaba mucho leer”. 
Consultada sobre si tenía gusto por la escritura, Sandra explicó que “la carrera de Letras no forma escritores, forma muy buenos lectores, muy buenos críticos y te da un panorama de la literatura, pero en lo personal yo no tenía intereses de ser escritora, si bien escribo lo hago como un jeite, leer sí me parece una actividad apasionante”. 

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Cupos, horarios y más información

Estos talleres de escritura literaria tendrán su inicio en los próximos días. El taller que se brinda, como siempre, en la Asociación de Abogados, tendrá su inicio el 14 de marzo y se dictará los martes de 18 a 20 horas.
 El nuevo taller que se dictará en el Museo Mulazzi se desarrollará los miércoles también de 18 a 20 horas.
Vale indicar que en ambos casos la frecuencia de encuentros es quincenal.
 Quienes deseen inscribirse u obtener algún tipo de información sobre ellos, deberá enviar un mail a [email protected] o llamar al teléfono 2983559620
Vale indicar que habrá tiempo de inscribirse hasta el mismo día de inicio del taller.
“Siempre fue exitosa la convocatoria y la permanencia” entendió Sandra, que aprovechó para destacar que los asistentes no tienen la exigencia de hacer absolutamente todo.
 “Cada uno hace hasta donde puede” afirmó, aunque, entre risas, manifestó que “casi siempre todos hacen casi todo”. “La dinámica de trabajo es la siguiente: arrancamos comentado los textos que leímos y una vez terminada esa primera etapa de crítica, vemos el marco teórico que sustenta el módulo y pasamos a la otra instancia que es la de la lectura de sus producciones, esos textos se leen y comentan entre todos. Es buenísimo porque todos se llevan un montón de aprendizaje”.
Asimismo, resaltó que los compañeros “son muy respetuosos” a la hora de brindar sus opiniones y que “siempre tienen algo para decir del texto del otro porque se trabaja con absoluta libertad”. 
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