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Pablo Aldaya: el honor de viajar en la Fragata Libertad (videos)

Por Alejandro Vis
Pablo Aldaya participó como invitado, entre el 21 y el 24 de febrero, de una experiencia que quedará en su memoria. La posibilidad de conocer la vida cotidiana en un buque emblemático. Apreció una característica que valora especialmente: “el buen trato y el respeto” de los tripulantes 


El doctor Pablo Aldaya vivió una experiencia inolvidable en la Fragata Libertad, entre el 21 y el 24 de febrero, con una navegación que se desarrolló desde Mar del Plata hasta Bahía Blanca. 
El buque escuela de la Armada Argentina inició un viaje de instrucción el 6 de febrero, cuando partió de la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires. En la mañana del día 9 arribó a Mar del Plata, ciudad que la jornada siguiente cumplió148 años; allí permaneció amarrado hasta que el 21 comenzó el segundo tramo, en el que participó Pablo Aldaya. 
Al describir cómo surgió esta oportunidad, explicó que “la fragata tiene un programa de invitados. Hay periodistas, diplomáticos, en esta ocasión por ejemplo viajaron una bióloga belga, un fotógrafo belga, un ciudadano de Haití, además personas de algunos países limítrofes y de gran cantidad de provincias de la Argentina. También egresados de otras fuerzas, así como cadetes de Fuerza Aérea e Infantería”. Hizo referencia a que “hubo poco menos de cien invitados. Entre ellos una médica de la base de Puerto Belgrano que hace años estaba tratando de viajar, no es fácil acceder; y médicos de Buenos Aires”. 
En su caso, la participación se produjo por intermedio de Diego Sorad, de laboratorio Sidus. “Es un amigo que trabaja en el laboratorio y sabe que me gusta, me interesa la fragata -puntualizó-. Se concretó la posibilidad a través del dueño, que tiene contacto con el comandante”.  
Había observado anteriormente al buque en un puerto e incluso comentó que “tuve una invitación hace algunos años, pero no pude ir”. Finalmente, llegó el momento de hacerlo. 
En agosto de 2021, cuando la fragata fondeó frente a la costa de Claromecó, Pablo Aldaya se acercó a la embarcación “en bote y en avión”. Se trató de un acontecimiento histórico en la localidad, con la presencia de muchos turistas.  

Predisposición 
El viaje consistió de “dos días de navegación completos. El segundo día a la tarde se fondea en la entrada de la ría. A la mañana siguiente, temprano, se hace todo el ingreso, te esperan los remolcadores y se ubica de nuevo en el puerto en este caso de Ingeniero White. El destino final era Puerto Belgrano”. 
Pablo Aldaya comentó que la fragata “hace once años que no iba a Bahía Blanca. Estuvo 24 horas y luego se dirigieron a Puerto Belgrano, donde quedó porque se iniciaron las reparaciones”. La están preparando para el 51º viaje de instrucción, con partida prevista en el mes de mayo, cuando se completará la formación profesional de los Guardiamarinas en Comisión. 
El capitán de navío fue Gonzalo Horacio Nieto, quien nació en la ciudad de Bahía Blanca y tiene 50 años. “Es el comandante de la fragata, no cumple esta función de modo permanente, van rotando”, explicó. 
Con satisfacción por los días que permaneció en el buque, señaló que “la experiencia fue muy linda, con mucha más libertad de lo que uno espera en un viaje militar. Prácticamente tenía acceso a todo, siempre con alguien, acompañado, pero acceso a todo -reiteró-. Desde la sala de máquinas hasta el timón, el timón de emergencia, la planta de agua, la de desechos, la cocina, el comedor de oficiales, el comedor del comandante”.
Intervinieron aproximadamente 200 tripulantes, aparte de los invitados, con funciones específicas y turnos.
El comandante y quien lo secunda poseen su baño privado. “De ahí para abajo es compartido, como si fuera un gimnasio. Las cuchetas son triples”, sostuvo. 

Un grupo de invitados, junto al capitán de navío Gonzalo Horacio Nieto

Para las tareas de salud, en este viaje se desempeñaron una médica y una bioquímica. Pablo Aldaya indicó que “hay una salita de atención, una especie de quirófano, tienen un electro bisturí, un resucitador. Cuentan también con odontología y peluquería, no esta vez porque fue un tramo corto”. 
Una de las funciones asignada a la bioquímica es el control del agua. “En este viaje particularmente se provee en los puertos y alcanza en los tanques. Cuando el tiempo es más prolongado, funciona un desalinizador de ósmosis inversa, se cargan los tanques y se analiza”, contó. 
De todos modos, el desalinizador se utilizó para realizar una prueba, sobre lo cual mencionó que “se fue mar adentro para que hubiera más de 20 millas de la costa y 50 metros de profundidad, con la finalidad de poder tomar agua limpia, pura, que no tenga hidrocarburos y otros componentes de la costa. Pero en distancias cortas, es suficiente con el almacenamiento del buque”. 
La fragata posee una estación meteorológica, con una especialista que realiza un seguimiento, toma información del radar y “van bajando los pronósticos”.  
Un aspecto que sobresalió y apreció especialmente, es “el buen trato, con mucha predisposición para atender. Impecable. Los cadetes son de todos lados, muchos del interior”. 
Los invitados utilizan el mismo comedor que la tripulación, pero en horarios distintos. En este sentido, dijo que “nos explicaron que cada período de trabajo en la fragata es de cuatro horas, en las distintas tareas. El desayuno, almuerzo, merienda o cena se organiza en dos turnos, uno para el que va a entrar en funciones y otro para el que sale; más un tercero adicional para los invitados”. 

Por el mundo 
Pudo conversar con el comandante Nieto, ya que “tuvimos una cena con él, es muy amable y accesible. Habla diversos idiomas, lo vimos conversar con el invitado haitiano. Ha viajado por el mundo, es súper educado y correcto. Todos ponen mucha dedicación, te hacen sentir de la mejor manera”. 
A la cena con el comandante “asistieron ocho o diez personas. Los hijos de un médico fallecido, que era jefe del Hospital Naval de Buenos Aires, contaron que venían a tirar sus cenizas al mar. Había un descendiente de irlandeses, también médico, Ronald Mac Kenzie, que llevó la gaita y es un instrumento incorporado en la cultura del mar, por el almirante Guillermo Brown de origen irlandés. La tocó durante la ceremonia de las cenizas”. 
Asimismo, al llegar al puerto de Ingeniero White, la banda empezó a ejecutar su interpretación instrumental y luego disminuyó el volumen, con la finalidad de dar lugar a que Mac Kenzie se sume con la gaita. 
Organización 
Al subir a la fragata, la información es clara. “Tenés una tarjeta de embarque que dice tu camarote, horario de comida y balsa”, puntualizó. 
Se lleva a cabo un simulacro de abandono del barco, para estar preparado ante cualquier emergencia. Es necesario “saber no solo cuál es tu balsa, sino quienes integran la nómina para utilizarla. El que llega primero, empieza a tomar lista una vez que van arribando los demás”. 
A Pablo Aldaya lo incluyeron en la número 2: “Te explican cómo llegar en sentido anti-horario hasta tu balsa, desde el lugar en que te encuentres, para que la gente no se choque y que sea ordenado. En el simulacro se conoce bien cada procedimiento”. 
El sonido de una diana es la señal de que es hora de despertarse e iniciar la jornada. Al respecto, relató que “el último día fue a las seis, porque había que levantar el ancla y llegar al puerto el mediodía. Normalmente es a las siete”.  

Pablo Aldaya acompañado por colegas médicos

Un aprendizaje 
Fueron días para estar atento, escuchar y observar. Uno de los sectores que visitó muchas veces fue el puente de mandos. “Estuvimos timoneando, recibiendo órdenes sobre el rumbo, cuántos grados de timón. Te explican y enseñan”, valoró. 
Las particularidades del barco reflejan su buen diseño. Pablo Aldaya precisó que “tiene un tipo de vela que se llama cuadra, que permite la navegación con vientos francos, medio de atrás Navegás muy rápido. Se hizo medio camino con esas velas, después el viento cambió y se avanzó a motor”. 
Además dispone de “velas que se llaman cuchilla y una denominada cangreja. Son 27 velas”. 
Todo requiere de una serie de pasos y demanda tiempo. Así sucede con la maniobra de levantar las velas, para lo cual “los gavieros suben por los palos, las desatan y después desde abajo se elevan. Es una operación que lleva como dos horas”. 
Logró ser uno de los gavieros; “te enseñan como subir, pude hacerlo -expresó-. Siempre me gustó navegar a vela, he hecho regatas en el mar”. 
La autonomía de combustible permite cubrir “entre 2000 y 3000 millas. Un cruce del Atlántico que son más de 6000 millas necesariamente tiene que navegar a vela todo lo que pueda. Al llegar a puerto, los desplazamientos en una ría, en un canal, se hacen con el motor; pero las travesías largas son a vela, navega bien y rápido”. 
Le otorgó relevancia a que “se encuentra entre las mejores fragatas del mundo, sacando la Elcano de origen español que es muy grande, un barco más pesado. Tiene buenas condiciones de navegación, un récord de velocidad de cruce del Atlántico Norte”. 
Para destacar 
Conoce el mar por sus ingresos en embarcaciones menores, pero -claro- la Fragata Libertad implica una vivencia incomparable. 
Es el único tresarroyense que intervino en este viaje y disfrutó mucho del tiempo en altamar. Su curiosidad y ganas de conocer los barcos militares se originaron cuando era chico, porque “tenía un tío que era médico de la base naval de Puerto Belgrano”. 
En el cierre de la entrevista, subrayó con gratitud que “esto es otra cosa. Es muy lindo el barco y espectacular el trato”.       
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Sobrevivientes
Dos sobrevivientes del crucero ARA General Belgrano, que fue hundido el 2 de mayo de 1982 por Inglaterra, brindaron una charla durante el viaje que realizó Pablo Aldaya en la Fragata Libertad.
“Quedó bien en evidencia cómo incide tener una bolsa de vida, agarrar luego el salvavidas, saber cómo llegar a las balsas, la manera de proceder”, expresó. 
Relataron sus experiencias personales y la manera en que soportaron en el mar “con cien kilómetros de viento y olas de diez metros. Casi todos estuvieron más de 40 horas en la balsa, hacía 3 o 4 grados como máximo”.  
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Amelio D’Arcangelo

Diseñada por un ilustre tresarroyense

El marino e ingeniero naval tresarroyense Amelio D’Arcángelo (1914-2003), realizó el anteproyecto y diseñó la fragata Libertad. El casco del buque es considerado su obra maestra. 
“Terminó con medalla de honor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fundó la carrera de ingeniería naval en Virginia”, dijo Pablo Aldaya para establecer la magnitud de quien ha sido una personalidad ilustre. 
Fue el primer argentino que obtuvo el título de ingeniero naval y que, en 1991 recibió el premio ‘William H. Web’, que otorga la Sociedad de Ingeniería Naval y Mecánica de Nueva York. 
Era de origen humilde, hijo de inmigrantes italianos. Cursó las escuelas primaria y secundaria en Tres Arroyos, tras lo cual ingresó a la Escuela Naval Militar como alumno becado. La Armada Argentina lo seleccionó para estudiar construcción naval en MIT, como parte de una carrera académica y profesional brillante. 
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