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Había Una Vez un grupo que sembraba sonrisas

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Esta tarde, un grupo de personas que se dedican a sembrar sonrisas estará celebrando ochos de alegría –ver aparte-. Se trata de la Compañía de Payasos Había Una Vez, quienes durante su vida le han llevado felicidad a grandes y chicos. 

Gerardo Christensen, fundador de la compañía, se acercó al diario junto a dos de las integrantes desde el inicio: Sofía Urrutia y Micaela Galván, para repasar la historia de esta agrupación.
 – Siento que el grupo tiene más de ocho años…
– Hemos hechos tantas cosas que parece que fueran más; hemos viajado a hospitales de Bahía Blanca y Buenos Aires, participamos en el Circo Callejero Nacional, medio como que son cosas grandes para poco tiempo. A pesar de eso, somos bastante localistas.
 Así comienza la charla, con un racconto de las actividades que han realizado y que despiertan la admiración de muchos.
Para este grupo de personas, meterse en la piel de un payaso es un hobby que no lo es tanto. “Nosotros tenemos una prioridad primero porque somos familias y esto es un hobby, aunque despierta una pasión tan grande que a veces parece que fuera un trabajo”.
 Cambiar horarios de trabajo, postergar familias y fechas importantes es algo habitual en estas personas que tiene como fin sacarle una sonrisa a las personas, incluso en sus momentos más difíciles.


Nacimiento

“Esto nace de una locura compartida con Juan, mi compañero de toda la vida de Detonados” dice Christensen. “Ya llevábamos unos 10 años con el dúo y un Día del Niño hicimos 10 funciones: arrancamos a las 7 y pico de la mañana y terminamos a las 7 y media de la tarde, estuvimos casi 12 horas sin sacarnos el maquillaje… estábamos realmente detonados. En ese momento le dije ‘nosotros necesitamos gente, hay que formar otra compañía, multiplicar lo que a nosotros y a la gente le hace bien’ y me dijo ‘te acompaño en lo que sea’… A mí el tema de la docencia siempre me gustó, había tomado cursos en distintos lados, ya estaba, en cierta forma, preparado para transmitir lo que había aprendido con distintos maestros”.
Ese puntapié inicial rápidamente tomó forma. “Hablé con la gente de la Biblioteca Sarmiento y abrí una convocatoria; un sábado 2 de abril arrancamos. Eramos como 30, habíamos hecho una charla previa para explicar de qué se trataba. La gente venía siguiendo a Detonados y sabía lo que hacía, había una gran vidriera de lo que hacíamos”.
El camino comenzó a desandarse allí y a medida que avanzaron fueron encontrando distintos puestos que se convirtieron en objetivos. En el trayecto, varios decidieron irse, aunque siempre llevándose un aprendizaje. “No es fácil entrar a un hospital, ha pasado mucha gente que se llevó el aprendizaje para su vida, para ver un montón de cosas en su interior del exterior”.
 Los tres integrantes del grupo destacar que formar parte del mismo “es sanador” y explican el porqué. “Creemos que es un ida y vuelta… un poco lo que a uno le pasa es esa sensación de bienestar de lo que está haciendo y a su vez lo que uno puede ver que le pasa al otro. Es real que no siempre las salidas nos dejan cosas buenas… nos volvemos llorando, angustiados y eso nos pasa en el hospital de acá, en el de allá o en los barrios; siempre te pasa algo y siempre tiene un impacto positivo en nosotros, aunque quizás no en el momento”.
– Cuando comenzaron con el grupo, ¿sabían que se iban a realizar visitas a hospitales?
Micaela: El hospital fue un efecto sorpresa. Terminamos una última función de vacaciones de invierno, entró Gerardo y dijo: ‘Vamos a hacer una última función a beneficio de Donación Médula’. Nosotros dijimos que sí, nos iban a donar juguetes, íbamos a elegir un representante y se iban a llevar a Buenos Aires. Después, en una entrevista apareció Guillermo, creador del Club de los Peladitos y entre un va y viene, se planteó la posibilidad de ir todos a Buenos Aires, en secreto. El día de la función, cuando estaban todos los chicos, Gerardo comentó que la intención era mandar a uno pero que se daba la posibilidad de viajar todos a Buenos Aires. Obviamente que para nosotros, que la única experiencia que teníamos era salir a la calle, comedores, jardines y vacaciones de invierno, era entrar a una sala de un hospital con nenes con cáncer era distinto…
Sofía: Nos preparamos de forma previa con alguien que estaba en tema, nos contó qué es lo que íbamos a encontrar e íbamos a ver, aunque después lo que pasa ahí dentro es otra historia.
Esta propuesta les cambió la vida. Les dio una fuerza que no pensaron que tenían. “Yo antes veía sangre o una aguja y me desmayaba y hoy me apuro y trato de organizar mi vida para poder ir” confiesa Sofía. “El payaso me hizo superar los miedos” acota Gerardo.
Pero este no es solo el único aprendizaje para ellos. “Cada viaje nos hace vivir cosas diferentes, nos hace vivir el aquí y ahora… los problemas que uno puede tener dejan de ser problemas porque cuando los comparas con una enfermedad, con una familia que está hace 5 o 6 meses radicada en otra ciudad porque está su hijo internado; ahí es cuando pensas ‘lo mío es insignificante’”.
Siguiendo con las cosas que se llevan, destacan en la charla el agradecimiento de los padres. “Si estás aunque sea dos segundos con el nene y lo haces sonreír, ellos vienen hasta llorando a agradecerte porque por 5 minutos se olvidaron de lo que tienen, si los tienen que inyectar, si los tienen que medicar… para nosotros es una manera de sanarnos a nosotros y de sanar con la sonrisa”.
– ¿Cómo organizan la visita a los hospitales?
– Nosotros todos los meses vamos a Bahía Blanca. Cuando estamos allá ponemos la fecha para el mes siguiente y así un mes tras otro. En julio no viajamos por el tema de vacaciones de invierno y volvemos en agosto. Ese mes, El Club de los Peladitos cumple años entonces sabemos que vamos ese fin de semana. Sabemos que tenemos que ir al Penna, al Municipal y al Italiano, nos dividimos en dos o tres partes, según la cantidad de payasos que vayan ese día, y uno se dedica a un hospital, otro a otro y después nos juntamos y vamos todos juntos al Penna, que es el más grande.
Durante la visita realizan distintas actividades. “A las 3 de la tarde, cuando viajamos a Bahía Blanca o Buenos Aires, se hace el festejo de los cumpleaños del mes para todos los nenes que están en la parte ambulatoria; van con familiares y es como una fiesta media cerrada” contaron. En cuánto a la rutina, la misma varía. “A veces hacemos show y a veces jugamos, vemos qué gente va a haber y para qué se presta”.

En Pandemia

La actividad del grupo nunca se detuvo. Durante el confinamiento por pandemia, los payasos se la rebuscaron para seguir llevando alegría. “El Club de los Peladitos nos aportó un patrón de datos entonces Gerardo, Cintia y yo hacíamos videollamadas con chicos de todos lados que nos esperaban muy expectantes” contó Micaela. “Hicimos un montón de amigos y eso nos terminó ayudando a nosotros durante la pandemia” destacó Christensen.


 Actualidad

Un total de 14 personas conforman el grupo, “sin contar los nenes que nos siguen y que forman parte de una escuelita” destacaron. Ayer sábado, el grupo abrió una nueva etapa de inscripción en la cual encontraron varias caras nuevas. “Esperamos que la gente se acerque y se anima a jugar” destacaron.
 Vale indicar que quienes deseen asistir al taller que el grupo brinda, podrán inscribirse a través del teléfono 2983604704 ya que los cupos siguen abiertos.
“Nosotros siempre tenemos un nuevo desafío, siempre hay un nuevo techo” destacaron. 
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