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Hacedor a campo traviesa

Iván Lachat estudió en la Escuela Agropecuaria donde comenzó a forjar lo que años después sería su profesión. Casi como algo destinado para él, cuenta a LA VOZ DEL PUEBLO que le gustaba irse de las clases de matemática para colaborar con sus profesores de la materia Producción Animal. Mientras llega a él este recuerdo lo descubre, lo visualiza como si fuera una revelación, «¡siempre quise trabajar con los animales!». Luego se fue a estudiar a Tandil la carrera de Veterinaria, «me fascina estudiar, pero no quería estar quemándome la pestañas todo el día porque me gusta hacer otras cosas, como deportes. Jugué en Cazadores y ahora lo sigo haciendo, eso es bueno para mi salud, somos un grupo de amigos muy grande», empieza Iván a recorrer momentos de su vida. No deja de agradecer lo que el rugby le enseñó, «muchos valores, a ser autocrítico para mejorar como persona, fue esencial y me permitió avanzar, creo que eso sirve muchísimo».

 

Emprendimiento

Iván cuenta que se ocupa de «la otra mitad» del emprendimiento familiar, «me dedico a la parte de animales, y mi papá a lo agropecuario». Quedó claro en todo el relato que su ansiedad y voluntad de hacer no le dejó lugar al estudio formal, aunque dijo que «sigo estudiando, pero lo hago a distancia o leyendo mucho de lo mío que son los animales».

Asegura estar orgulloso de lo que va logrando. Hasta le parece mentira algunas cuestiones que hasta no hace mucho eran impensadas. «Me apasiona lo que hago, jamás pensé que con 25 años iba a trabajar sábado y domingo, pero senté cabeza, mi viejo me enseñó mucho respecto a ganarse las cosas y no a que te las regalen. Es algo por lo que me esfuerzo, un aprendizaje que le aconsejo a los demás, por más que cueste mucho. Tuve la suerte de darme cuenta qué me apasiona que es la administración y producción».

 

La vuelta

Cuando Iván volvió de Tandil estaba decidido a producir, «empecé con mi viejo a trabajar con los fierros, mi papá es productor, agricultor, me siento enganchado con eso, pero no me gusta tanto como los animales o el sector empresarial, me gusta la otra mitad de lo que es el campo. No puedo dejar de hacer lo que me apasiona».

La idea de la producción animal fue del joven y de su padre, aunque éste siempre le inculcó que había que seguir estudiando, «probé y me di cuenta que tenía que hacer todo por mi cuenta».

 

La producción

Empezaron a criar pollos no orgánicos, pero no criados en encierro sino que andan sueltos, «me hace recordar el pasado y le da credibilidad». Con los cerdos es un sistema semiintensivo «hacemos un verdeo, una pastura -continúa explicando Iván- y las cerdas en la época de preñez verdean y comen a la vez grano, nos manejamos con cerdos de genética, más de góndola, de un centímetro de grasa dorsal, no hay desperdicio. Las encerramos a la hora de parir con sistema de cama profunda, fibra que es el rastrojo que trasladamos a los galpones, aprovechamos la estructura vieja para ser lo más eficiente posible».

 

Apostando al cerdo

Hace dos años que iniciaron el emprendimiento que suma -hasta ahora- unas veinte hembras, apostando al cerdo porque «a pesar de la alta en la materia prima respecto al maíz y soja ha tenido una subida interesante, nos está yendo bien». Don Humberto es una quinta de 34 hectáreas, cerca del pueblo, donde vive Iván. Se ha ido arreglando de a poco, pero tuvieron en cuenta muchas variables para que el negocio sea rentable y poder producir más rápido, entonces aprovecharon las estructuras que había en el lugar. Sin dudarlo Iván acota que «el cerdo tiene un futuro muy grande y Argentina una gran capacidad que se podría abastecer sin importar». En los planes también está el de hacer huevos orgánicos con gallinas en piso de tierra y el huevo en paja, «preocupándonos por la gente mayor para que sea bien saludable. Los clientes muchas veces preguntan, por eso hacemos estudio de mercado para saber qué abarcar», cuenta.

 

Empresario

Iván duda antes de intentar definirse. En voz muy baja dice que «no sé si es una palabra buena o mala. Soy un chico bastante ambicioso, ahora siembro el suelito y todo lo que mi papá me da pienso en devolvérselo». En cuento a lo que fue recibiendo de su familia reflexionó y dijo que «la palabra regalo es muy linda pero creo que hay que devolver lo que los padres hacen, el esfuerzo por nosotros. Me capacito, hago cursos, si tengo que ir con un veterinario lo hago y aprendo con la práctica a través de la que se llega a ser creativo, cuando algo te gusta. Siempre es bueno hilar fino, por eso soy muy redundante en que hay que ser muy eficiente, siempre leyendo cómo están los valores de los cereales para hacer dietas más económicas, «eficientizar es parte de lo que Iván tiene claro que hay que hacer. «Desde las 7 de la mañana que te levantás pensar si hay que apagar el gas para los pollos porque hay una temperatura más habitable, cosas así, hay que estar bien atento a todo. Cuando sos más ambicioso, más tenés que controlar, o ser un poco esclavo».

 

Objetivo claro

La venta la realiza personalmente a carnicerías, o casa por casa. En cuanto a los productos que venden en Don Humberto dice que «nuestro pollo cuesta unos pesos más, pero vale la pena porque tiene muy buen sabor y no tiene desperdicio, eso es lo que nos permite recordar a los antepasados. El cerdo de góndola no va para embutido, es el que tiene el tocino dorsal de un centímetro y medio. Todavía no vendemos el cerdo porque lo dejamos para capón, alrededor de marzo empezamos con la cadena para poder abastecer el mercado». Comprometido con la charla, el entusiasmo gana la sala de reuniones, «hay que tratar de capacitar al empleado, eso sirve de mucho para que también se desarrollen como personas. Yo mismo siembro el suelo, mi papá me enseñó que hay que remarla de abajo y ganarse las cosas de lo que estoy agradecido toda la vida. Quiero trabajar, desarrollarme, tomar decisiones y cuidar las oportunidades que me dan».

Le gusta definirse como «muy ansioso, pero creo que lo que hay que manejar es eso de querer siempre seguir, aunque ya estés capacitado. Hay que fijar las metas a corto plazo y eso permite cumplir el objetivo. Hay que tener actitud y descubrir lo que a uno le gusta que es la base principal de la vida». Con una sonrisa, casi tímida, admite que «esto es lo que hoy me permite ser feliz. Todos los días un trabajo intenso, pero en una edad temprana descubrir lo que nos gusta es buenísimo».

 

Los amigos

«El trabajo me lleva mucho tiempo y por ahí te distanciás de los amigos un poco, todos ellos están buscando lo mismo, cada uno sus objetivos. Ya se están recibiendo y lo fundamental es estar rodeado de un ámbito sano, eso es lo que te permite poder avanzar». Su filosofía es: «Quejarse es malo, los golpes de la vida nos van a seguir enseñando, el tiempo que tenemos que renunciar a otras cosas para ganarnos algo a futuro, es la visión, es lo que te incentiva». Y asegura que «es muy importante apostar por los jóvenes que somos el futuro de Tres Arroyos y somos parte de la Argentina».

 

Agradecido

Iván pide un tiempo, un momento especial que quiere dedicar para agradecer por los pasos que está dando en su vida, y que no fueron en soledad. «En mi vida espiritual mi tía abuela Sabia D’Annunzio me enseñó a trabajar en la humildad, siempre se ocupó de la familia, es la contadora de la empresa, la que se preocupa por todos, es una persona mayor y sin embargo sigue. Mi tía me contagia tranquilidad, me gusta ir a visitarla, tomar unos mates y que ella tome el té de las cinco, me transmite mucha paz. Le tengo que agradecer mucho, es la que me permitió tener un gran corazón que me dejó interactuar con las personas y enseñar a diferenciar lo que es bueno de lo que es malo. Les agradezco a mis padres, en especial a mi papá que creyó en mi», cierra Iván su relato, cargado de buenos ejemplos, repletos de enseñanzas para la vida, en el que los regalos se valoran, pero no se duda en hacer todo para merecerlos.

El esfuerzo y la dedicación harán crecer a Iván y su emprendimiento, «¡hasta trabajar los sábados y domingos no parece tan malo!». Un buen discurso que tiene su correlato en el trabajo diario y la preocupación por ser.

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