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LUNES 15.07.2024
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Aguafuertes tresarroyenses de hoy y de siempre

Un lugar tranquilo

La playa de Claromecó es un lugar tranquilo donde la gente se sienta, respira aire puro y piensa, piensa por horas o solo unos simples minutos. Tal vez no tenga algo concreto para pensar, sólo se imagina cosas.

Era invierno, me senté a observar en un tronco seco frente al mar. No había nadie, corría una brisa que traía tranquilidad y soledad al lugar. En ese momento, pasa caminando una mujer con auriculares puestos, por la orilla, con una campera muy abrigada para el frío. Saluda, saludo, aunque no nos conocemos, nos saludamos de lejos y sigue caminando. La veo y me pregunto en qué estará pensando, sobré qué estará reflexionando, ¿será mucho lo que estaría pensando para bancar el frío aire del mar? Tal vez, sólo cuestiona la vida y se pregunta cosas.

Dejé de pensar en eso y volví a observar el mar con tranquilidad. Más tarde vuelve a pasar la misma mujer, que regresaba de una larga y pacífica caminata por la playa. ¿Ya habría terminado de reflexionar? Tal vez la mujer tuvo un mal día en el trabajo o tal vez solo quería una simple caminata, nunca lo sabremos. Ahora, yo imagino que tendría que dejar de querer saber qué piensan los demás y pensar un poco en mí.

 

Fragmentos de publicaciones locales

El Faro, imponente mole que recientemente había sido inaugurado -el 12 de octubre de 1922-, teniendo a su alrededor una pequeña casita para los cuidadores del faro. Este aún no estaba pintado y era mi curiosidad ver a los obreros allí arriba pintándolo.

A la hora del baño o rato antes, por medio de caballos habían bajado las casillas individuales que alquilaban los bañistas para cambiarse que -claro está- los sábados y domingos eran pocas.

Donde está actualmente el Hotel Claromecó desde mucho tiempo antes y pasando por sucesivos dueños estaba también el Gran Hotel Claromecó, pero éste era muy modesto pues era un gran galpón de chapa bastante bien acomodado.

También había una casa de negocios, que en su letrero decía: «Almacén La Palma, Ramos Generales». Actualmente pertenece a los hermanos Arbasetti.

Ni señales de haber escuela, luz eléctrica, destacamento policial.

Una cosa importante tenían los pocos pobladores de aquel entonces que ahora no lo hay. En la Estancia San Francisco había una línea de telégrafo que muchos años después se sacó.

La bajada de la playa en vehículos era muy interesante y algo complicada. Entre donde se encuentra enclavada la torre del reloj y el comienzo de los 9 chalets había una soga que cerraba el tránsito a todo el mundo. Solamente bajaban los peatones y los que iban con vehículo debían pagar un derecho de peaje.

El encargado de la misma, estaba dotado de elementos para desencajar a la mayoría de los autos que bajaban a la playa pues estaba hecha de toscas y en forma rudimentaria no daba muchas garantías.

En esa época estaba de bañero un señor Pinzone que también era pescador y muy popular.

Lo que hoy es Dunamar era una extensión de médanos que seguían hasta el infinito y ni señas de puente existía. Para cruzar el arroyo era todo una odisea pues había que esperar a que el mar estuviera bajo y el paso se hacía casi en la misma desembocadura. Por eso la gente casi no bajaba a pescar con autos a la playa.

También se tiraba mucho la red. Además una Galera hacía durante varios días a la semana el recorrido de la ciudad a Claromecó. Ya entrada la tarde regresamos a la ciudad, encantado del viaje y de haber conocido nuestro balneario.

Una cosa que hay que hacer notar es que el balneario pertenecía al campo San Francisco de Bellocq, es decir una propiedad privada.

Unos cuantos años más tarde volví a Claromecó y ya el cambio había sido notable. Me encontré con un lindo pueblito ya dotado de luz eléctrica, escuela, destacamento policial, fábrica de hielo y un sin fin de casas, arriba y abajo, y gran cantidad de casillas.

Actualmente quien va a nuestro principal balneario se siente orgulloso de él y ahora con la carretera el gran salto que pegará, colocará a Claromecó entre las mejores playas del sur argentino.

 

Oscar Betbeder

 

A orillas del balneario Reta

El domingo fue pródigo para este balneario. Gran cantidad de ninfas disfrutaban de las caricias de las olas. En la costa se agolparon cantidad de tiburones… de los que caminan con dos piernas. Entre ellos se encontraba nuestro director Armando K. Morra. Muchas niñas no se bañaron por proteger su delicado cutis. En cambio se paseaban luciendo elegantes pijamas de lindos colores; algunos algo exagerados, otros… carnavalescos.

Un grupo de chicos y chicas capitaneados por Don Angelito y señora jugaban al foot-ball.

 

 

 

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