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La dramática historia de la mujer que pasó la noche junto a una bomba

Lucrecia no tiene dudas de que su ex marido quiso volarla en pedazos con una bomba que ella encontró escondida junto al termotanque de su lavadero, un sector de extremo riesgo para la detonación del artefacto militar.

En la noche del lunes, después de haber terminado su jornada como empleada doméstica y pasar un rato junto a su hija de 4 años en la casa de sus padres, donde la menor permanece a resguardo de la violencia de género que sufrió cuando vivía con sus padres, la mujer de 29 años regresó a la vivienda de la calle Sargento Cabral 925 y poco tardó en notar que había sido visitada otra vez por su ex marido, quien a pesar de tener una restricción de acercamiento, aún conserva su llave del frente y entra cuando quiere.

Había un mate sobre la mesa y una caja de balas calibre .32 en el aparador, junto a la foto de ella y de la hija que tienen en común. Sin embargo, ese «mensaje mafioso» no sería la peor la amenaza, en el lavadero, junto al termotanque, había un artefacto explosivo de uso militar que, según se supo más tarde, si es expuesto al calor puede producirse una explosión de importante magnitud.

«Para mí fue algo horrible, de esto no me recupero más. Jamás pensé que se trataba de una bomba que se podía detonar. Es una pesadilla que no logro entender», dijo Lucrecia Virginia Conde a La Voz del Pueblo tras conocer la detonación del artefacto que se había producido en inmediaciones a la Planta de Reciclado, por parte de la Brigada de Explosivos de Bahía Blanca.

Nerviosa y preocupada, la mujer aceptó hablar con este diario en la casa que alquila hace un año y medio, cuando se casó con HGP (las iniciales de su marido, a quien no se puede mencionar en la nota por no estar imputado hasta el momento), un soldador de 36 años, oriundo de Cascallares, con quien ya tiene una hija de 4 años.

«Lo único que sé es que estoy como loca, muy mal, porque la Justicia me dice que necesita más pruebas para actuar pero, ¿qué pruebas? ¿Más que todo esto que hemos vivido?», se preguntó haciendo referencia a los antecedentes denunciados que posee en los últimos meses y, a raíz de los cuales, su marido llegó a estar detenido 48 horas en la Estación de Policía.

«Si yo te digo que (su marido) pasó un tiempo trabajando en una base militar y se trajo eso de ahí con otros compañeros. Es fácil sacar huellas digitales y constatar que él estuvo ahí», se quejó indignada.

 

Dormir junto a la bomba

Apenas encontrado el artefacto explosivo, comenzaría la otra odisea de Lucrecia, la que debió lidiar con las autoridades que le recibieron la denuncia.

«Fuimos (con su abogada, la doctora Daiana Larsen) a la Comisaría de la Mujer y no me quisieron tomar la denuncia porque decían que no teníamos testigos. Nos mandaron a la Comisaría Primera y ahí nos pidieron una foto que fue enviada a la gente de Explosivos de Bahía Blanca que, a la mañana, vino y lo sacó», recordó, antes de analizar que pasó toda la noche en la casa, con custodia, pero con la bomba en su lavadero.

«Yo pasé toda la noche con el explosivo acá y el termotanque encendido, pero la policía me dio custodia todo el tiempo», comenta, como si no llegara a tomar conciencia de lo cerca que estuvieron todos de la muerte, ya que la policía pareciera que tampoco cayó en la cuenta del peligro que corrieron todos hasta la llegada de la Brigada de Explosivos bahiense.

Ahora, después de pasado el susto, analiza la situación y no tiene dudas, no sólo de la procedencia, sino de la forma en que la bomba llegó a su casa, «ese artefacto es un misil militar que dejó mi ex marido. Lo trajo de Azul, donde estuvo trabajando en una base militar haciendo lo suyo (soldador)».

 

Historia de la violencia

Según recuerda Lucrecia, su historia violenta comenzó hace un año, cuando se casó, «él me pegaba a mí y a nuestra hija de 4 años», recuerda.

«Cuando decidí denunciarlo, me sacaron a la nena porque él me pegaba. Fue una medida de resguardo hacia la menor, que ahora vive con un familiar mío, ya que (la niña) no podía vivir en una casa donde se vivía violencia de género. Vio cosas que no debió ver nunca», agregó.

Luego de eso, el 13 de enero la Justicia le dictó al hombre una medida de no acercamiento. Sin embargo, el 16 volvió a ingresar en el inmueble, «la policía vino y lo sacó. El estaba con una cuchilla, estuvo detenido un día y, ni bien salió, pasó por mi casa, vio luz y me llamó. Me insultó, pero todo pasó como si no le dieran importancia».

El final de la relación llegó hace quince días, cuando se separó. Sin embargo, nada cambió en los hábitos de él, quien anoche, asegura, la seguía amenazando por teléfono, mientras ella enviaba un mensaje desesperado vía WhatsApp al redactor de esa nota: «Me está amenazando y el patrullero no pasa!».

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