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DOMINGO 23.06.2024
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Encuentros y despedidas

En relación con el artículo anterior, algo que surgió como pregunta en la charla con amigos y lectores fue… ¿Qué nos lleva a elegir y ser elegidos por ese otro del vínculo?

Desde la óptica del psicoanálisis vincular, ésta como el resto de las «elecciones» que hacemos y de las que somos objeto, son comandadas desde un lugar del aparato psíquico al que no tenemos acceso desde la conciencia… Es decir… somos felizmente ignorantes acerca de por qué amamos a quien amamos…, por qué se nos da tan bien la sociedad con alguien, o por qué somos tan amigos con tal o cual… e incluso, por qué adherimos tan fervientemente a tal o cual posición política, ideológica o escolástica, incluido por supuesto… ¡el psicoanálisis vincular!

Volviendo al caso de «la pareja» que es centralmente el que nos ocupa, parece ser que ese anudamiento en el cual la relación se sostiene, funciona como estructurante para cada aparato psíquico individual, posibilitándole a sus integrantes mantener a raya ciertos aspectos o cuestiones difíciles de «domeñar» en forma aislada, siendo la pareja entonces un sistema que ayuda a hacerlo posible. Vale aclarar que esos «aspectos o cuestiones difíciles de domeñar» son totalmente desconocidos por la conciencia de los sujetos en cuestión.

Es decir que esta «trabazón», este «yugo» que se construye, es desarrollado por fuera de la elección consciente de sus participantes que a los efectos de mantener su coherencia enarbolamos algunas razones lógicas que nos permiten creer que «sabemos por qué».

Mientras todo anda… no hay mucho problema… En general nadie pide explicaciones acerca de por qué a «esa persona tan genial» se le ocurre enamorarse de mí. Uno suele andar más preocupado por demostrarle su amor al otro que por explicarse las extrañas razones por las que es amado…

El asunto cambia cuando esa cosa desconocida que nos unía… naufraga.

Lo peor es que es poco usual que naufrague en el mismo momento para ambos… entonces aquel que no sé pregunto, ni pidió explicaciones acerca de «¿por qué me elige?»… se pregunta y exige mil explicaciones acerca de «por qué me deja?». Siendo lo triste y lo terrible… que así como no hubo respuesta para el encuentro (¡claro que nadie la pidió!) no la hay para la despedida.

Esta heterogeneidad entre el desconocimiento que nos comanda y el saber del que pretendemos hacer gala, suele ser fuente de mucho sufrimiento. A veces, para escapar de esta situación podemos caer en acciones que nos generen aún más dolor.
Trabajar estas cuestiones en el espacio clínico adecuado puede ser una manera de abordar ese sufrimiento y elaborarlo en la medida posible.

(*) Los lectores pueden enviar sus consultas por correo electrónico a [email protected]. El autor es licenciado en Psicología (UNMDP), con matricula provincial 40238. También es analista vincular (AAPPG)

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