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Declaran Josefina y Francisco Giglio por la desaparición de su madre

Hoy por la mañana Josefina y Francisco Giglio van a prestar declaración en la causa del circuito clandestino de detención Atlético-Banco-Olimpo, por la desaparición de su madre Viginia Isabel Cazalás, apodada Vibel. Se presentarán en los Tribunales de Comodoro Py, en lo que será la primera vez que estarán ante la Justicia por el caso de su madre. En marzo de 2014, brindaron testimonio en el juicio oral sobre la detención y desaparición durante un mes de su abuelo -ya fallecido- Polo Cazalás, quien los crió en nuestra ciudad.

Virginia Isabel Cazalás fue secuestrada por el gobierno militar el 5 de diciembre de 1977. Por entonces, Josefina tenía siete años y Francisco un año y seis meses de vida. El padre de ambos, Carlos Giglio, había desaparecido el 19 de mayo de 1976, cuando los militares irrumpieron en una reunión del Partido Comunista Leninista, donde militaban y en el intento de huir, fue herido en una pierna y cayó al pozo de luz. En una entrevista con Infojus, que tuvo lugar en 2014, Josefina recordó que «entre que se llevan a mi padre, el 19 de mayo de 1976, y caemos con mi madre el 5 de diciembre de 1977, hubo un dispositivo de pinzas para buscarla. La noche del 8 de junio se llevaron en La Plata a mi abuela paterna, Tecla, a mi tío que estaba con ella, en Tres Arroyos a Polo, y en Mones Casón, cerca de Carlos Casares, a mi tío Oscar Bossier, el cuñado de mi padre».

 

Cuarenta años

La Voz del Pueblo dialogó con Francisco Giglio, quien explicó que «este juicio empezó en setiembre del año pasado. Es el tercero que se hace por el circuito de detención Atlético-Banco-Olimpo. La gente primero estuvo en el Atlético, después cuando hacen la autopista la tienen que trasladar al Banco, otros que quedaban los llevaban al Olimpo. Mi madre, hasta donde sabemos, estuvo en el Banco».

Dijo que «supuestamente después va a venir el juicio por el caso mi padre, pero falta para eso. Tanto él como mi abuelo Polo estuvieron en El Vesubio. A Polo lo fueron a buscar a Tres Arroyos y lo tuvieron un mes en condición de detenido-desaparecido. Después lo liberaron, lo mandaron en colectivo desde Constitución».

Francisco planteó que «encontrar los restos de mis padres sería una reparación, cerrar el círculo un poco. Pasó mucho tiempo, son 40 años, pero los juicios son más allá de esto también reparadores, tratar de que se juzgue a los responsables de la persecución de mis padres y de la familia. Es por lo menos tener la posibilidad de que la Justicia actúe».

Habló de períodos de impunidad y su incidencia para que se postergan los juicios. «Es interminable. Mis abuelos ya no están, mi tío Eduardo -hermano de mi madre- tampoco, por suerte lo podemos vivir nosotros, esto tendría que haber ocurrido poco tiempo después del 83. Ha llevado todo mucho tiempo y la impunidad estuvo presente durante más de veinte años en la democracia. Recién en el 2003 se dio de baja a la obediencia debida y al punto final, a partir de ahí se pudo empezar a accionar en la Justicia. Ya se había empezado años anteriores con los juicios de la verdad, que fueron un antecedente importante».

Tienen el asesoramiento legal de abogadas de la agrupación Hijos y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). «El accionar de la dictadura fue tan clandestino que siempre uno está reconstruyendo la historia, aparecen cosas nuevas. El caso de los juicios, con testigos que estuvieron en estos centros clandestinos, sobrevivientes, siempre se encuentra algún nuevo dato que puede ayudar a reconstruir donde estuvieron mis padres y ojalá que eso termine algún día en encontrar los restos de ellos», indicó.

 

Una testigo

Un aporte muy valioso será el de una mujer, a quien -junto a su marido- le dejaron a Josefina y Francisco la noche en que fue secuestrada Vibel. «Hace algunos años se hizo un homenaje, se colocó una baldosa donde secuestraron a mi madre y a dos compañeros que estaban con ella. A la vecina con quien nos dejaron la pudimos encontrar un par de meses antes de ese acto, una mujer muy buena y receptiva con el tema. Nos confesó que siempre se había quedado pensando qué había sido de nosotros», sostuvo.

Puso de manifiesto que «es una muy buena mujer, va a declarar como testigo. Esa noche de diciembre de 1977 le tocaron la puerta tres personas con armas largas, había como diez tipos más todos de civil, a nosotros nos dejaron con ellos. El marido va y hace la denuncia a la comisaría, tres días después ubicaron a nuestros abuelos en Tres Arroyos. Pasamos la noche con la vecina, su marido y el bebé que tenía en ese momento, al otro día vino un policía a buscarnos».

La comisaría de Belgrano envió un radiograma a la comisaría de Bahía Blanca, pidiendo que ubiquen a un sodero Cazalás de Tres Arroyos. «Ni bien le avisaron, vinieron enseguida. Pero por las comunicaciones de la época se demoró -manifestó Francisco-. Tenemos el papel del radiograma, mi abuelo guardaba absolutamente todo. Era por suerte un hombre muy ordenando y tenemos el expediente policial sobre la denuncia y averiguación del paradero de los menores, que éramos nosotros».

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