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Bibliotecas al paso, de Estados Unidos a Claromecó

 Los amantes de la literatura, ya sea los residentes estables o turistas, tienen un motivo de sobra para celebrar. Es que la localidad ofrecerá una idea con orígenes norteamericanos cuyo objetivo central es el de promocionar la lectura. Se trata de la «Biblioteca al paso», un proyecto que en su momento presentó Paula Avila en el Ente Descentralizado y que hoy tendrá el puntapié inicial.

La «Biblioteca al paso» es de simple instrumentación: quien esté interesado, tiene la posibilidad de retirar un libro, pero a cambio debe dejar otro en la misma casita de madera instalada en el lugar. De esa forma, la rueda se retroalimenta y siempre tendrá material a disposición.

 

Distribución

La curiosa propuesta comenzará hoy a ponerse en práctica. En esta primera instancia está previsto que se coloquen cuatro casitas que fueron construidas por el carpintero Reinaldo Frischeisen, quien recicló madera de la Estación Forestal para darle forma a un proyecto que contó con el aval de Carlos Avila, director del Ente Descentralizado.

Una de las estructuras será emplazada en la costera, cerca de la bajada accesible de Claromin; otra la ubicarán en la Plaza Luis Piedra Buena; la tercera, en Las Pérgolas; y la cuarta, en un lugar a determinar del Barrio Parque Dunamar.

El proyecto tendrá hoy su puntapié inicial con más de 50 libros para todas las edades y de distintos géneros que fueron conseguidos a través de donaciones. «El objetivo es promover la lectura y el intercambio popular. Uno, al dejar un libro, está ofreciéndole un regalo al otro. Y así se va armando una cadena de interacción», mencionó Paula Avila.

Originalmente, este movimiento autogestionado (denominado Free Library) nació en 2009 cuando Todd Bol de Hudson, en Wisconsin, Estados Unidos, buscó homenajear a su madre que era maestra y creó un modelo de biblioteca con forma de casa. El formato es gratuito. La única condición a cumplir es que quien retire un libro del lugar debe, a cambio, dejar otro.

La idea primaria causó un efecto positivo y rápidamente se replicó en Europa para luego hacerse fuerte en América Latina. Llegó a Argentina hace poco tiempo y ahora en Claromecó también se tomó la posta. «Una amiga me leyó la noticia y a mi me encantó. Enseguida le presenté el proyecto a mi papá -Carlos Avila- y enseguida dijo que sí».

«Entonces habló con Reinaldo, quien es carpintero, trabaja en la Estación Forestal y es el que armó las casitas», contó Paula, impulsora de una idea con raíces norteamericana pero que tendrá su desarrollo en Claromecó.

«Los libros van a viajar y van a ser un recorrido increíble», expresó Avila con un evidente entusiasmo. Entre sus apreciaciones, dijo que «por ahí va a haber alguien que se lleve los libros, no los devuelva o los rompa. Pero yo siempre digo que como país y sociedad nos tenemos que dar una oportunidad. Es una forma de aprender y de ser mejores. De alguien que hace una mala acción, hay otras nueve personas que hacen lo contrario».

 

Ayuda

Posteriormente, recalcó que la estructura de las bibliotecas al paso fue hecha con madera recuperada de la Estación Forestal. «Apelamos también a la solidaridad de la gente. Eso se lleva a cabo gracias a las donaciones de las personas. Me parece una idea preciosa y es algo más que le ofrecemos a la población de Claromecó y al turista».

«Es algo para que disfrutemos todos. La idea es poner una también en la placita del barrio nuevo. Ahí se concentra la mayor cantidad de población de Claromecó y es un buen espacio para acercar la lectura», expresó Avila, quien es bibliotecaria en la Biblioteca Bernardo Houssay y formándose en la materia.

 

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