“Son dos minutos que los vivo a pleno”
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Tato tiene una habilidad en sus manos propia de una persona con un don especial. Sin embargo, él considera que la notable destreza que demuestra en cada noche en la Plaza Luis Piedra Buena la consiguió gracias a la inversión de incontables horas de práctica y una alta dosis de pasión.
Se trata de Néstor Albouy, un ágil artesano que no se cansa de generar muestras de asombro en propios y extraños cuando, tras dos minutos de intensidad plena, entrega una verdadera obra que arte pintada con los dedos de su mano, bajo la técnica denominada dígitopuntura.
La actual es la novena temporada en Claromecó. En la plaza céntrica tiene un stand en el cual despliega todo su potencial artístico. Luego de la jornada de playa, Tato llega a su lugar de trabajo y, en vivo y en directo, hace lo suyo, siempre ante un nutrido grupo de personas que, atraídos por su espectáculo, observan atentamente cómo se desempeña frente a un cuadro. Con el objetivo listo después de dos intensos minutos, llega la ovación de sus seguidores.
“Gracias a Dios, como todos los años, la gente responde muy bien. Llego con muchas expectativas y por suerte lo que hago tiene muy buena repercusión”, dice el artista, oriundo de Río Negro pero con un fuerte arraigo por Tres Arroyos, donde vivió durante 13 años.
Su lugar estable de residencia está en Corrientes. No obstante, participa de distintos festivales del país para mostrar su habilidad. Hoy vivirá su último día en Claromecó. Al menos, por este verano. Su próximo destino será El Calafate, donde expondrá en la Fiesta del Lago.
“Hace 20 años que hago este tipo de artes. Viajo todo el tiempo. Gracias a Dios me convocan porque el tipo de arte que hago no es común de ver. Y me va bien en cada lugar que voy”, expresa Tato con satisfacción y humildad.
Un buscavidas
Tato no siente vergüenza en decir que trabaja desde niño. Al contrario. Con orgullo cuenta que cuando tenía nueve años vendía diarios; y a los 11, flores. Con 13, trabajó en un aserradero para luego juntar manzanas en Río Negro. “Mi papá me decía que yo era muy buscavidas”, recuerda.
Pero un durísimo golpe afectivo provocó un cambio rotundo en la vida de Tato. “Comencé a incursionar en la pintura como una necesidad de expresión. A los 17 años sufrí la pérdida de mi padre. Eso me hizo un click. Revolucionó toda mi mente y mi forma de ser. Lo que tenía adentro mío se transformó en arte. Desde ese momento empecé a viajar, a pintar y a tomarme la vida de otra forma”, destaca.
“Siempre pinté con los dedos. Nunca fui a una escuela de arte ni de pintura. Llevo 20 años haciendo esto. Mi idea es ser libre, feliz y vivir la vida a pleno. Yo expreso lo que siento en el momento y la gente lo puede ver. Pinto con una sonrisa en la cara porque hago lo que me gusta”, puntualiza.
Y agrega: “Lo tomo así. Los dos minutos de mi vida que me lleva pintar un cuadro los vivo a pleno, con mucha expresión y sentimiento. Es lo que me gusta hacer. Le pongo toda la onda y el sentimiento”.
Su sorprendente habilidad no nace de la casualidad. “A esto le dedico muchas horas de mi vida. Hace 20 años que estoy con esto y eso hace que ya sea profesional, por decirlo de alguna manera”, asegura.
Especial
Tato está a punto de finalizar su novena temporada por Claromecó. “Es uno de los lugares en los que más me miman. Es un pueblo que tiene algo que no se cómo definirlo. He hecho temporada en Bariloche, Puerto Madryn y San Martín de los Andes, pero Claromecó es especial”.
“Desde el primer día que llego hasta el último que estoy, el turista me aplaude y me mima. Eso es algo que me llena mucho. Uno le pone la mejor energía, pero si no hay respuesta del otro lado, se complica y tal vez no lo haría con tantas ganas. Gracias a Dios, el pueblo responde muy bien, tanto su gente como los turistas”, afirma el artista.
Al finalizar, expresa: “Espero que el de arriba me dé salud para seguir haciendo temporadas en Claromecó y disfrutar del décimo verano en este lugar”.
