La historia se repite
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Para algunos es la primera vez que participan de Las 24. Otros, en cambio, ya han vivido lo que se siente ser protagonista de esta historia que va por su 56ª página. Están los que fueron en camionetas último modelo y los que llegaron a destino en los clásicos “pesqueros”, en ambos casos, siempre excedidos en su capacidad de carga con los “bártulos” necesarios para afrontar, por lo menos, dos días frente al mar.
Una vez más, la fiesta de las 24 Horas de la Corvina Negra, en su primera jornada, la hicieron los pescadores. Los 40 kilómetros de frente costero delimitado para este certamen, el cual para los apasionados de este deporte es como si fuese “un mundial”, fue copado por hombres y mujeres que con la ilusión a flor de piel no se cansaron de revolear el plomo hacia el mar en búsqueda de la gloria. Esta tarde se verá si eso realmente se concreta lo que implicaría redondear un fin de semana inolvidable.
En esta edición, más de 4800 inscripciones le dieron vida al certamen del Club Cazadores. Las zonas de pesca, sobre todo en los saltos de piedra y sus inmediaciones, se transformaron en una ciudad. Numerosas familias y grupos de amigos poblaron esos lugares, un escenario que únicamente se crea durante el exitoso desarrollo de las 24 Horas.
Como siempre, las postales de imponentes campamentos se replicaron a lo largo del frente costero. Literalmente, se vio de todo en cuanto a las formas de acampar. Se observaron casillas (con antena de TV incluida), gazebos, carpas de todo tipo y tamaño y tractores con trailers enganchados.
La “rusticidad” dijo presente y no fue extraño ver improvisados baños delimitados con el material conocido como silo bolsa. Todo era justificable a la hora de ser parte de una fiesta que cada año muestra una alta dosis de pasión y que no distingue clases sociales, sino que todo lo contrario.
El fútbol y el automovilismo también le dieron un marco colorido a las zonas de pesca. Los fanáticos de ambos deportes colgaron con orgullo las banderas del club (local o nacional) o bien de la insignia que los moviliza.
Los símbolos mencionados flamearon en dirección este-oeste hasta el anochecer. Ahí fue cuando otro ritual, como el de un lechón dorándose en un asador o unos bifes al disco, fue de lo más celebrado por los pescadores y por quienes hacen “el apoyo logístico”, una contención siempre necesaria y que por lo general es un trabajo que queda a cargo de los familiares y amigos de los concursantes.
En primera persona
Las 24 Horas reúne a pescadores que dejan en segundo plano las distancias y llegan a las costas del distrito con la única intención de vivir lo que -solamente- provoca este tradicional certamen.
También están los locales, esos que conocen cada lugar pesquero como la palma de su mano. “Vine junto a mi amigo Ricardo López con las mejores expectativas, como siempre”, sostuvo el tresarroyense Marcelo Almirón luego de haber efectuado su primer tiro dentro del horario de competencia.
Como decenas de pescadores, el aficionado apostó por dar pelea en la zona de las complicadas piedras del Segundo Salto. “Hace unos veinte años que vengo al concurso. Nunca ganamos nada pero insistimos. Venimos por la gloria. En la piedra es difícil por el enganche que hay pero es donde se pueden dar los mejores piques”, indicó.
Más allá de los resultados finales, Almirón destacó el folclore que rodea al concurso. “Eso es lo más lindo. Compartir estos momentos con amigos o familiares es lo que realmente vale”, manifestó.
Con una corvina “adentro” y en bici
En el primer tiro que realizó dentro del horario de concurso, Mariano Molfese demostró sus habilidades pesqueras y extrajo una corvina que rondó los 1,600 kilogramo. La capturó pasadas las 15 y, por unos momentos, su nombre estuvo dentro del top ten del certamen principal.
“Estamos con amigos y esto se trata de venir a disfrutar. Desde que soy mayor de edad que participo de Las 24. A veces hemos pescado y otras, la mayoría, no”, dijo el claromequense, quien se tomó con humor lo mencionado.
“Si no tenés un buen vehículo, no es fácil llegar a un lugar como este”. La reflexión nació de Marcelo Ponce, a quien poco le importó no tener un rodado adecuado para transitar las pantanosas arenas del Tercer Salto. El oriundo de Merlo, provincia de Buenos Aires, está de vacaciones en Claromecó junto a su familia y decidió participar del concurso.
Su intención de participar la concretó cuando agarró su bicicleta y, con viento de frente, llegó hasta el Tercer Salto. “El año pasado fui para el lado de Reta. Fui caminando con un amigo y nos morimos”, recordó el pescador, quien posteriormente dijo: “Este año agarré para el otro lado y en bicicleta. Por lo menos para volver me sirve, a pesar que la arena está muy movida”.
Padre e hijo
Sentado en la piedra junto a su hijo Thiago, Franco Sánchez, oriundo de Gonzales Chaves, dijo: “Todos los años venimos para el Quinto Salto esperando tener suerte. Por ahora no la hemos tenido pero es cuestión de esperar y tener paciencia”.
“Vine con toda mi familia. Siempre venimos todos. Son las vacaciones que tenemos. Es lo que nos gusta. Hace 22 años que vengo. Nunca gané nada pero no importa. Lo que vale es disfrutar y pasar un buen momento”, puntualizó.
Perla Negra
Estar dos -o más- días frente al mar en el marco de un certamen pesquero de la magnitud de Las 24, es un marco más que propicio para compartirlo con amigos. Al menos así lo entendieron los integrantes del grupo Perla Negra, procedente de Coronel Suárez.
“Vinimos 14 a disfrutar de esta fiesta. Casi todos los años tratamos de participar. En lo personal, no he ganado premios pero disfruto mucho del folclore y del entorno que se genera”, expresó Francisco Ormazábal.
El pescador agregó que “en los últimos tres años venimos a esta zona”, en referencia al Cuarto Salto, el lugar elegido para esta edición. “Las piedras son complicadas y te hacen laburar, pero te pueden dar una buena pieza”, puntualizó el suarense.
Desde afuera
La ciudad de 9 de Julio tuvo a sus representantes en el certamen. Un grupo de cinco pescadores de aquel medio fue parte de la fiesta. “Siempre sentimos buenos comentarios de las 24 Horas y vinimos. Realmente, se está dando todo lo que nos dijeron y lo que imaginábamos en cuanto a toda la movida”, sostuvo Augusto Freire, quien junto a sus amigos le escapó a la zona de las piedras para apostar por extraer el chucho que lo lleve a la consagración en el certamen paralelo.
Y agregó: “Lo lindo de todo esto es armar un buen campamento y comer un asado y tomar un fernet con los muchachos. En la noche creemos que se va a dar lo más duro pero vinimos preparados para afrontarla lo mejor posible”.
En inmediaciones del Caracolero, Julián Kreimer, de Viedma, provincia de Río Negro, fue contundente cuando manifestó que “es el concurso más importante de Argentina y es difícil no estar”.
“Es la segunda vez que participo. No tuve mucha suerte pero la esperanza es lo último que se pierde”, expresó el pescador, quien apostó fuerte por la noche para buscar consagrarse en las 24 Horas.
En tanto, agregó que, más allá de los resultados finales en la pesca, “lo mejor es disfrutar lo que produce todo el concurso. Hoy todo es muy competitivo. Lo que más se disfruta es salir de la ciudad e irse de campamento. Vale la pena hacer el sacrificio económico para vivir todo esto. Yo trabajo y una salida de este tipo es de los pocos gustos que me puedo dar”.
Caña por tijera
Mario Vaini, por su parte, dejó las tijeras y el peine por unas horas y puso todo su énfasis en la pesca. El reconocido peluquero tresarroyense expresó que el actual “es mi cuarenta y pico concurso”. Y agregó: “Vengo porque es una tradición y todo un ritual. Como aficionado a la pesca, es lindo ser parte de un certamen de este tipo”.
“La ilusión y la esperanza siempre está. Hace dos años obtuve un quinto premio”, manifestó el coiffeur, quien durante todas sus participaciones en las 24 Horas tuvo a su lado un silencioso compañero, tal como es su banquito de pesca, al cual lo llevó con él en cada excursión emprendida.
“Vengo hace más de 40 años. Nunca hice podio pero siempre tenemos la ilusión de poder llegar. Este es uno de los concursos más importantes a nivel nacional y es reconocido en todos lados. El Club Cazadores es una entidad muy seria y cada año lo demuestra”, puntualizó.
Presencia femenina
Por primera vez en su vida, Melina Almirón participa de Las 24. “Durante 15 años vine con mi papá. La idea de venir surgió en un cumpleaños. Todos decían de anotarse pero nadie de pescar, pero yo me animé y vine”, dijo la joven.
“Aprendí a pescar a los seis años. Nunca pesqué en mar. Esta es la primera vez y me encantó. Esto es lo mío. Viene en la sangre. Es de familia. Me voy a quedar firme toda la noche. Lo más lindo de todo esto es disfrutar en familia”, expresó.
Las voces de los protagonistas dejaron en claro que la pasión por las 24 Horas, y también por todo su folclore, sigue intacta. Los pescadores son el engranaje principal para que la “fiesta de la corvina” tenga otra exitosa edición y, de esa forma, lograr que, una vez más, la historia se repita.
