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Tres Arroyos, MIÉRCOLES 24.04.2024
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El perro te mejora la calidad de vida

«Los perros son generadores de mejor calidad de vida», ésa es la frase que acuña Olga Nielsen como filosofía de vida. Además de tener la certeza de que «un niño criado con perros tiene un crecimiento muy diferente a otro que no los ha tenido». Entiende, al mismo tiempo, que cualquiera que tenga en su casa un perro debe hacerse responsable, y si hay niños, también ellos deben cuidar, alimentar, pasear y juntar la caca de su mascota, sin depositar esos menesteres en sus padres.

Olga sabe muy bien de lo que habla, conoce desde pequeña el sabor de ser la «cuidadora» de alguna mascota. Nació entre ellas, su papá siempre tuvo perros y gatos, pero también tuvo a Mingo que era un búho, también palomas y hasta un zorrino. En su casa ella tiene cinco perros, uno de ellos rescatado. El viejo Tom tiene diez años, la señora del Tom, «la negra», es más joven, tiene siete, y sus hijos Coco y Escrapi, cinco años. Ellos son labradores. Mientras que El Negro, que es precioso y pesa unos 50 kilos, es de raza indefinida. Están en patios separados porque Tom y El Negro son dos machos alfa y no pueden estar juntos.

El Negro

Olga siempre participó de la manera que podía de algún grupo de los que rescatan perros. Un día publican en una de las páginas de las que participaba Olga que había uno en las afueras de Tres Arroyos muy lastimado y que por las heridas que tenía y el tamaño necesitaba que quien lo fuera a buscar tuviera fuerza y camioneta.

Era el mediodía, Olga estaba embarazada de cinco meses, cuando llegó su esposo lo fueron a buscar. Llegaron al lugar con el veterinario de guardia, El Negro estaba al cuidado de unos vecinos, como pudieron lo subieron a la camioneta y lo llevaron a su casa.

Ella tiene veterinarios de confianza que atienden a sus perros, pero a pesar de los esfuerzos en un momento parecía que había que sacrificarlo. Tenía doble fractura expuesta en las dos manos y había tenido mucho tiempo los huesos al aire y los terminales se habían sellado como para que volvieran a ensamblarse. «Era complicado y me tiraron la idea que lo sacrificara. Yo jamás haría eso con un perro, y mi marido -bien gallego- pensó en seguir preguntando y averiguando qué hacer. Así encontramos una clínica en Tandil».

Lo llevaron una vez por semana a la ciudad de las sierras y en la entidad que cuenta con tomógrafo y tecnología de última generación lo intervinieron quirúrgicamente. Mientras que no se pudo mover «estuvo en casa quieto, después Antonio, junto al veterinario le inventaron unas muletas para andar».

La operación

El Negro llegó a Tandil desahuciado, pero con algunas posibles prácticas para hacerle. De no resultar lo proyectado tendrían que haberle colocado placas de titanio. «Lo intervinieron quirúrgicamente, le cortaron partes del hueso y los sostuvieron con tutores, con clavos. Le sacaron huesos de la cadera y se los pusieron en cada manito y los sellaron». Con pastillas y cuidado anduvo muy bien.

Mientras tanto en la panza de Olga crecía Aurelia, que también acariciaba a El Negro en su convalescencia, a través de su madre.

El Negro quedó muy bien, pero siempre fue un perro que «no lo podíamos dejar solo porque era muy difícil curarlo, así que nos hemos ido a Mar del Plata con él y las muletas en la caja de la camioneta. Siempre con El Negro a cuestas, tardó seis meses en caminar bien, cuando le sacaron las muletas yo lo alzaba, lo agarraba de las paletas de abajo para que hiciera pis. Después le sacaron los tutores y de a poco empezó a andar solo».

Cuando nació Aurelia -que cumple 4 años en octubre- Olga y Antonio sabían que Tom y El Negro no se llevaban bien. Le traían el pañal de la bebé para que los perros lo olfatearan y se empezaran a adaptar a la pequeña, pero los labradores «ni bolilla le daban». Cuando regresaron al hogar con Aurelia en brazos los labradores se mostraron nerviosos, pero parecía que aceptaban la presencia del nuevo miembro de la familia. En cambio El Negro cuando la sintió se volvió loco. «Después esto era un loquero, lloraba Aurelia y toreaba el perro. Ahora ya no lo hace», dice.

El cuidado

Olga ha cambiado su manera de pensar respecto a la compra de perros y a prestarlos para servirlos. Mucho tuvo que ver la participación en diferentes grupos y todo lo que pudo investigar a partir de tener sus mascotas. «Me pedían a Tom para servir, pero un día entendí que no era bueno no saber a dónde iban a parar los cachorros y me pareció importante tomar conciencia de ello».

Otra cuestión que Olga señala como muy importante es la del cuidado y la responsabilidad que hay que asumir cuando se tiene una mascota. «Cuando me regalaron a Tom vivíamos en una casa que no tenía patio, pero siempre tuvimos el compromiso para tenerlo muy bien, lo paseábamos y los cuidábamos porque los perros necesitan el cariño y la atención como un chico».

Después de tanta experiencia con sus propias mascotas y con las que rescató, Olga reflexiona: «Me arrepiento de haber comprado un perro, eso lo aprendí después, hoy hay muchos perros para adoptar y que necesitan de un hogar. Para mí es fundamental tener perros, hay una diferencia enorme entre criar un hijo con o sin perros. Recomiendo ir a los refugios a buscar un perro para adoptar. Otra cosa que me preocupa mucho, los criaderos clandestinos».

Antes de despedirse, Olga asegura que «no puedo vivir sin animales, viajo con los perros, si alquilo algo aviso que los llevo. Para mí la persona que tiene perros tiene mejor calidad de vida, los perros son generadores de calidad de vida», completa la frase emocionada, tanto como cuando habla de su Negro querido y del inmenso amor que tiene por su familia canina.

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