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DOMINGO 23.06.2024
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Somos todos diferentes

Tiene 33 años y una particularidad que le otorga un lugar especial: es profesional y a su vez paciente en discapacidad. Es que María Constanza Orbaiz nació con parálisis cerebral cuadriparésica, debido a una hipoxia en el momento del parto, y con su formación como psicopedagoga realiza una importante tarea en este tema. Con la organización de Neuro (Equipo Interdisciplinario de Rehabilitación Neurológica), el viernes y el sábado ofrecerá dos talleres en la sede del Museo Mulazzi. 

María Constanza dialogó con LA VOZ DEL PUEBLO. «A través de mi historia sigo estando en los dos lugares», dijo sobre su discapacidad y las actividades laborales. Admitió que la experiencia personal le permite tener «una mirada amplia. La verdad, es así. Y muchas de mis vivencias me sirven como profesional, me desempeño en el ámbito clínico con pacientes y también en el escolar». 

Es convocada para dar charlas y conferencias en diversos lugares del país. En junio va a estar en Rosario y posteriormente «en las instituciones que me llamen. Además doy clases en una diplomatura sobre inclusión escolar y asesoro a entidades para planificar sobre acceso e inclusión», así como atiende en su consultorio particular. 

Es la fundadora del proyecto Desde Adentro, que cuenta con una página en Internet y un espacio en Facebook. Allí escribe sobre discapacidad y difunde los talleres orientados a docentes, terapeutas o familiares de personas con discapacidad. En 2013, fue galardonada como Joven Sobresaliente por la Cámara Argentina de Comercio y Junior Chamber International. 

Reside en Martínez, partido de San Isidro. Consideró que sus padres Cecilia y Fernando fueron fundamentales para su crecimiento y evolución. También la familia está integrada por Matías, su hermano mayor. «La incidencia de mis padres ha sido total -destacó-. Siempre me acompañaron y me acompañan hasta el día de hoy». 

En tiempos en que la inclusión estaba poco incorporada en las escuelas, María Constanza pudo cursar en «una escuela común». Con gratitud, subrayó que «gracias a eso, después pude estudiar en la facultad. En esa época no estaban tan pensadas estas situaciones, en términos de contar con una maestra integradora y demás. Recién empezábamos este camino». 

Se graduó como psicopedagoga en el Instituto Pedro Poveda de Vicente López y se encuentra próxima a finalizar la licenciatura en Psicopedagogía en la Universidad Kennedy. Entiende que los cambios en el área escolar y un mayor reconocimiento de las necesidades en discapacidad son producto de «un proceso. Cada chico es diferente por más que tenga el mismo diagnóstico y nos plantea a la institución toda pensar una trayectoria escolar ajustada a ese alumno». 

La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es «el primer paso» para poder lograr avances. Hizo una evaluación positiva de las leyes que se fueron incorporando y argumentó, en este sentido, que «se mejoró mucho. Lo que falta es trabajar con los docentes y la comunidad educativa, que es lo que planteo en mi taller. Las leyes están y a veces no se cumplen».

El trabajo que propone implica tener en claro que «la verdadera inclusión no es normalizar, no es pensar que ese chico va a hacer todo igual que los compañeros. Hay que pensar estrategias específicas». 

El juego, el descanso, el tiempo libre, son centrales -desde su punto de vista- en la infancia. Argumentó que «muchas de las cosas que experimentamos en nuestros primeros años nos marcan para siempre. Creo que como adultos que trabajamos con niños debemos garantizar la infancia. Y el juego no distingue diagnósticos, que puedan vivir como niños más allá de su diagnóstico». 

Desaconsejó las agendas cargadas con actividades. «Se está viendo no sólo en niños con discapacidad, sino en niños sin discapacidad también. Están tan sobreestimulados que tienen poco tiempo libre para el juego y la creatividad. Es muy nocivo», advirtió. 

Por esta razón, tampoco considera buenas las jornadas terapéuticas muy extensas, que no le dejan margen a los pequeños para disfrutar de acuerdo a su edad. 

 

Con naturalidad 

La parálisis cerebral afecta sus cuatro miembros y le produce dificultades para caminar, hablar y en su motricidad fina. En un video institucional de ALPI, sostiene que «mi relación con los pacientes es muy natural. Al principio los chicos preguntan, yo les cuento por qué hablo así, por qué me muevo así, una vez que el momento inicial se transita, bueno… soy su psicopedagoga». 

¿Cuál es el desafío principal del terapeuta? Ella lo explica con claridad: «Conocer la realidad de ese chico e implementar métodos que lo ayuden, no el reproducir automáticamente cosas. A veces pienso que lo que me hace mejor psicopedagoga es mi discapacidad, porque abordo el tema diferente» 

El viernes y durante dos días estará entre nosotros. La superación que alcanzó lleva a pensar que muchas veces hay límites que parecen insuperables, pero se pueden correr. «En todo lo que pueda quiero ayudar a transitar este camino», afirmó acerca de los talleres en Tres Arroyos. Su vida es un verdadero testimonio.

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