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      Haciendo la Patria chica

      3 de junio de 2017 | 21:00
      Haciendo la Patria chica
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      A mediados del siglo XIX la migración italiana provenía del cono noroccidental: Liguria, Piemonte y Lombardía, flujo mayoritariamente urbano que se instaló hacia el litoral argentino y también en algunas colonias tempranas de la provincia de Buenos Aires como Chivilcoy. Mayoritariamente fueron hombres que luego volvían a su patria con ahorros, es decir fue una migración golondrina.

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      Con el correr de los años el proceso migratorio italiano tuvo altibajos debido a la situación política y económica, de Italia por un lado, luego de su unificación en 1870 y la posterior crisis nacional de los años 80, y por el otro la situación argentina con sus guerras políticas, la crisis interna y externa que produjo una devaluación de la moneda, retracción en el empleo y disminución de obras públicas.

      En cuanto al origen de los inmigrantes, del estudio realizado desde 1880 a 1930, surge que el porcentaje por regiones de procedencia sólo de los jefes de familia resultó ser 30% Abruzzo, 18,50% Lombardía, 9,24% Piemonte, 7% Basilicata, 4% Le Marche, 2,30% Véneto, 2,30% Calabria, 1,15% Liguria, 1,15% Emilia Romagna, 1,15% Trentino Alto Adige, 0,57% Sicilia, 0,57% Campagna, 0,57 Puglia, 0,57% Umbira, 0,57 Toscana, y 17% desconocido.

      No fue diferente en nuestro distrito, de hecho en 1889 ya habían creado la Sociedad Italiana y en 1901 inauguran su sede social convirtiéndose en el primer edificio de dos plantas en nuestra ciudad y, en las imágenes de la época se observa el edificio solitariamente erguido sobre un paisaje casi sin construcciones, amplio, chato y extenso, muy similar a lo que hoy consideramos quintas o chacras. Es declarado edificio histórico en 1967 y por Ordenanza Municipal N° 4742/00.

      Su estilo arquitectónico pertenece a la corriente italianizante que a partir de finales del siglo XIX pasó a América y en Argentina ejerció gran influencia anticipándose a la penetración de la francesa; fue adoptada en todos los programas edilicios de la época: desde la modesta casa chorizo hasta el edificio de renta en altura si se trata del ámbito particular, y en el ámbito público, como estilo institucionalizado, para resolver escuelas, edificios administrativos, hospitales, teatros, etc.

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      Carbonarios

      En particular el edificio de la Sociedad Italiana contiene toda la simbología propia de este estilo que durante su desarrollo estaba inmerso en el proceso político que permitió la constitución de Italia como Estado moderno, con gobierno central y constitución, que terminó con los Estados Pontificios dejando en poder de la Iglesia sólo el Vaticano y un par de establecimientos “extramuros”.

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      Fue llevado a cabo por los Carbonarios, entre los que se destacaban Massini y Garibaldi, ésta era una logia irregular, formada por muchos masones, aunque por fuera del Gran Oriente de Italia. La simbología adoptada por los Carbonarios, que después formó parte de los símbolos italianos, incluye la estrella de cinco puntas, como también las manos entrelazadas (fraternidad), las Sagradas Escrituras abiertas en el Génesis y enmarcada con una escuadra. Detalles que se pueden observar en frente de la institución tresarroyense.

      Otros detalles a destacar en este edificio son el frontispicio triangular y los tres estilos de columnas típicos de los templos masones, obviamente no son signos “puros” pero nos da la pauta que en Tres Arroyos y también en la Sociedad Italiana, existió una fuerte presencia de masones en el período de su fundación.

       

      Los pioneros

      Buscando en la historia local y en las historias personales de un centenar de inmigrantes italianos desde 1880 a 1930 podemos decir que ellos fueron parte importante de la creación de Tres Arroyos dejando un fundamental aporte identitario y un fuerte legado. Fueron los pioneros en la siembra de trigo allá por 1887 de la mano de los lombardos Galli y Rizzi, y los señores José Dubini, Pablo Giudice, José Tagliabúe y José Cavayanni. Este núcleo primigenio de la agricultura se conoció como “La Cocina Redonda” nombre derivado de una construcción original de barro y paja, obra del mismo Tagliabúe, con forma cilíndrica y visible desde grandes distancias por su tamaño, seis a siete metros de diámetro, y con un fogón en el centro.

      “Era una cocina amplia, amable y hospitalaria, era el lugar de reunión, el club donde transcurrían las largas noches de invierno, donde los halagos y las dulzuras de la vida moderna eran ventajosamente reemplazados por la visión, robusta y llena de fe, del porvenir grandísimo que desde allí y desde aquellos años vislumbraba” (Juan B.Istilart, 1934).

      Los agricultores italianos continuaron poblando nuestro distrito sea como empleados, temporarios o arrendatarios hasta que finalmente lograron adquirir sus propias tierras.

       

      Hielo y fideos

      En 1886 nace la primera fábrica de hielo y fideos con Fidel Fossati que continuara después la familia de Luis Vizzolini, quien llega a la ciudad en 1889 con apenas 10 años de edad. Distintas fábricas de carruajes desde Juan Pola y Alejandro Rossi a Francisco Ongarini; la primera fábrica de ladrillos del señor Mulassano; importantes constructores que aún hoy día se conservan edificios o restos levantadas con sus manos hábiles; hoteles y bares, comercios, sastrerías y peluquerías, también fueron abiertos por italianos. Los primeros grandes artistas del pueblo fueron italianos: Antonio Troccoli, Miguel Figaro, Andrés Castelli y Salvador Cofone, y la carpintería de Caroselli y Calabrese ya en 1927.

      Los primeros músicos, los pintores e iniciadores de la escuela pictórica José Lanfranchi y su colaborador Luis DAdamo; el escultor Giuseppe Vasco Vian quien dejó plasmado su arte en la Loggia de la Plaza San Martín y el escultor Antonio Orfanó con su prolífera obra conocida por todos nosotros. También llegaron los primeros profesionales, médicos, ópticos, farmacéuticos, contadores en los años de formación de Tres Arroyos, todos de una forma u otra dejaron su impronta, sus legados, en definitiva su cultura que fue marcando junto a los españoles y franceses la identidad de nuestra zona.

      —0—

      Antonio Strambini

      En memoria de todos los pioneros italianos un breve documento:

      Antonio Strambini fue uno de los primeros pobladores de la ciudad, según se indica en las crónicas del diario Justicia de Tres Arroyos (09/05/1910). En la nota mencionada se indica que fue uno de los fundadores de Tres Arroyos y un hombre de trabajo, “de mucho trabajo, haciendo pozos, después en los molinos, en los semisurgentes. La civilización lo reventó, podría haber sido contratista, pero los molinos…”. Ya anciano se encontró sin pan, sin techo ni abrigo pero con el honor intacto. Subsistió ni de limosnas, ni de “pechazos” sino con su ofrecimiento de: “le voy a carpir la vereda”.

      En las primeras horas de una mañana de mayo de 1910 fue recogido por unos vecinos que lo hallaron tirado al costado de las vías del ferrocarril, exánime y sin voz, falleció a las pocas horas en un domicilio de la vecindad. “Ni médicos, ni curas, ni visitantes, sólo con su agonía, como un perro”. “No supo -continúa la crónica- aferrarse a un trozo de tierra esperando la valorización entre una caña y otra, pero pese a quien le pese su fuerza espiritual bajó a la tumba sin modificación, dejándose desgarrar, dejándose estropear sin aprovechar la experiencia”.

      El simpático anciano fue criticado por la sociedad, por “manyin”, pero Stambrini nunca pidió una caña, ni un centavo y no se enriqueció porque “no  supo agarrarse no supo morder porque lo acompañó el honor, lo guió el honor y lo venció el honor”.

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