La tornera del Roperito
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/fotos/2017/11/16/lvp.lvp.jpg)
Una noche de invierno de 2015, Karina, la tornera de la avenida 27 que también limpia casas, estaba cenando en familia y pudo ver un reflejo por la ventana. Se asomó y descubrió que cerca de su casa había “dos criaturas”. Salió para ver qué precisaban, y le preguntaron “Tía qué estás comiendo, no tenés pan duro”. No eran sus sobrinos porque en Claromecó no tiene parientes, pero eran chicos pertenecientes a algunas de las familias de la localidad que como ella dice “no tienen ni para lo básico”. Así empezó a generarse un espacio de ayuda en el que participan aquellos que tienen para dar, y quienes necesitan que les tiren una mano.
El Roperito o Pancitas Llenas, son las dos formas de identificar a la experiencia que en Claromecó se relacionan con la ayuda social y humanitaria.
Se trata de un circuito social, en el que no le gusta que se la ubique como la única responsable. Pero en verdad, es quien se preocupó por un problema que observó en la localidad, y por el que decidió hacer algo.
De aquella noche en que dos bocas se sumaron a su mesa a compartir los mismos alimentos que su familia, al día de hoy, se puso en marcha un mecanismo del que participan los claromequenses a medida que la necesidad golpea la puerta de sus vecinos.
Hacerse un lugar
Karina recordó que con su familia vivieron en carne propia las consecuencias de cuando las cosas van mal, estando lejos de casa. Llegaron hace cinco años desde Lanús, donde tenían una fábrica de reciclaje de vidrios, plásticos y cables. Los esperaba una propuesta de trabajo que no pudo concretarse, y en consecuencia llegaron los tiempos duros.
Con el tiempo ella y su marido lograron hacerse un lugar entre la población y hoy viven en una casa ubicada en avenida 27 entre 30 y 32 donde trabajan juntos en la tornería. Karina se encarga de trabajar las piezas más chicas, pero también se dedica a la limpieza de casas. A pesar del esfuerzo y de cómo se rebusca la vida, igualmente sostiene que en la localidad falta trabajo.
La confianza
Hoy su hogar recibe, sobre todo, la confianza del pueblo incluido el delegado Carlos Avila y su esposa Mary Souto quienes le colaboran con bolsas de ropa. Allí los vecinos le llevan toda la ayuda que pueden entre vestimenta y alimentos que ella garantizará que lleguen a las manos de los vecinos que peor la están pasando.
“La gente del pueblo es la única que me daba una mano con donaciones”, remarcó. Pero igualmente manifestó que también le llegó recientemente ayuda de un sector político. Se trata del Frente Renovador, que hace dos meses le llevó mercadería que contribuyó a aliviar la situación. Pero aclaró que “nada tiene que ver con Pancitas Llenas porque arrancó en febrero de 2015”.
De todas maneras este trabajo social le valió una propuesta para formar parte de una lista, que aceptó conformar por el massismo tresarroyense.
“No soy política. Sé que no voy a llegar a concejal y no me interesa tampoco llegar. Pero sí me importa que la gente sea escuchada”, confesó la mujer que supo observar la necesidad en el pueblo -por ejemplo- cuando asistió “con los chicos al grupo scout. A la hora de merendar se juntaba todo el mundo. Quince minutos después de la merienda no había la misma cantidad de chicos. Ahí empecé a ver que había una necesidad”.
Los vecinos
Por estos días, el Roperito, sigue funcionando igual que siempre, con el aporte de vecinos. Explica que cuando se acaban las reservas de las grandes donaciones, interactúa por las redes sociales, el mismo lugar por donde anuncia qué persona realizó una donación, también es utilizado para comunicar que hay en disponibilidad determinado producto para quienes lo necesiten. O también para pedir algo en especial que esté faltando.
De ese modo hasta viajes por salud hacia otras ciudades se han gestionado, y hasta las casas de comida les han comprado pizza si es que hay una campaña para ayudar a un claromequense que la esté pasando mal.
Como el trueque
El sistema del Roperito también permite que cualquier persona con una carencia determinada pueda llevar lo que necesite, y al mismo tiempo también poder dejar algo. “Pasa que viene alguien a buscar una prenda, se llevan dos bolsas de ropa y traen un paquete de yerba para alguien. Pasan otros que están ahorcados y no llegan para comprar comida, y puede llevar lo que hay disponible en Pancitas Llenas, que siempre serán alimentos no perecederos -o eventualmente cuando se puede alguna otra cosa- pero nunca alimentos cocinados porque el espacio carece de la infraestructura necesaria para prepararlos como corresponde”.
De esta manera Karina hace circular en su casa una rueda solidaria y virtuosa de la que participan todos aquellos que puedan y deseen hacerlo; y en la que de ese modo participan los que tienen y los que necesitan. Allí el que deja algo siempre se va con el agradecimiento que corresponde, y el que se lleva un paquete de fideos o una prenda sale aliviado por la asistencia recibida.
