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Tres Arroyos, SÁBADO 13.04.2024
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«Da mucha pena el pueblo»

María Barrera es una vecina de Copetonas, la pequeña localidad del distrito tresarroyense que se encuentra ubicada a metros del límite con Oriente, que pertenece a Coronel Dorrego. Aprovechó que unos vecinos venían a Tres Arroyos para hacer compras y la trajeron para que ella puede ir al dentista, visitar a su hija, hacer compras para conseguir alimentos más baratos que en su localidad, y visitar al diario.

Relata con mucho pesar el cambio experimentado en el transcurso de los dos últimos años, que coinciden con la gestión del nuevo delegado del gobierno municipal, Daniel Reinoso.

«Da mucha pena el pueblo, se ha venido muy abajo. Nadie le da bolilla, están las calles a la miseria, hay mucha pobreza. El delegado que tenemos es nada,

quisiera que vieran cómo están las calles», exclamó al principio de su entrevista con LA VOZ DEL PUEBLO.

 

Sin médico

Los copetonenses cumplen una semana hoy sin médico. La única profesional de la salud con la que cuentan, la doctora Luciana Fuentes que es valorada por pobladores, se ausentó por una semana, pero no se programó su reemplazo, según confió María.

«Hay gente que no tiene para trasladarse a Tres Arroyos, al no estar ella -en el caso de la ambulancia- cómo hacemos. Tiene que haber alguien que de la orden, si no la ambulancia no puede salir», explicó la mujer que reconoce haber pedido hace dos años al intendente Carlos Sánchez que mejore el servicio de salud. En tanto se lamentó que el delegado no se haya ocupado de buscar con tiempo un reemplazo para la doctora, y no haber tenido que permanecer sin un profesional de la salud durante una semana.

En esa oportunidad a María se le había inundado la casa, según cuenta, y le recordó al jefe comunal que «pasan a una cuadra del pueblo los médicos que van a Reta desde Tres Arroyos», pero que para Copetonas no entran.

 

Sin leña

Otro tema que disparó su necesidad de contar ciertas penurias que se viven en el pueblo fue la dificultad que el Estado tiene para cubrir en la localidad las necesidades de las personas que menos tienen. «Me crié en la miseria y me dan pena los chicos», exclamó María. Y contó la anécdota vivida días atrás con Angélico Oliva, un hombre de 40 años con discapacidad al que encontró llorando sobre la vereda de su casa porque no tenía leña para calentar su humilde vivienda. Entre lágrimas le contó a María que permanecía afuera de su casa en pleno paso de la ola polar porque «hace más calor afuera que adentro».

Sobre este tema, María remarcó que el delegado asistió a familias con leña, pero que no detecta qué otros vecinos necesitan ayuda en la localidad.

Dijo María que Angélico le relató que fue a buscar leña a la delegación, pero que en la sede municipal le contaron que «no había, pero que tampoco había nafta o una motosierra» con qué ir a buscarla.

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